domingo, 16 de junio de 2019

Réquiem para una dogmática que cobró muy bien por asesorar al chavomadurismo





[Nota previa de El Libertario: Llega la noticia del fallecimiento de Marta Harnecker, autora dilecta del neodogmatismo marxista latinoamericano. Los medios informativos de la progresía continental rebozan de loas y panegíricos a la amanuense en cuyas páginas la izquierda autoritaria de estos pagos se indigestó intelectualmente con ese potaje ideológico estructuralista-althusseriano que ha sido el credo que orientase tantos fracasos en los pasados 50 años. Aquí vamos a fungir de impertinentes y, ante tales afectuosas evocaciones, hacemos memoria de un texto dedicado a la interfecta y a su lucrativa estancia en suelo venezolano. Dato adicional a añadir es que el premio recibido por la Harnecker fue de 100.000 antipáticos dólares del imperialismo… ¡eso explica la satisfecha sonrisa en la fotografía!]




      El cheque de Marta, los intelectuales y el poder



Miguel Santana



“El mundo se divide en dos grandes grupos: Los que cagan y los que hacen pupú”

Eduardo Sanoja



Un viernes 15 [agosto de 2014] de lluvia anquilosa la urbe caraqueña mientras “los que cagamos” nos replegamos al techo más próximo, deslizando nuestra mirada en un tiempo que insinúa una precipitada inmovilidad, semejante a las ideas de intelectuales moribundos de crítica y subversión que se acomodan a los beneficios del discurso oficial imperante (son 150.000 $ los que otorga el Premio Libertador al Pensamiento Crítico). Discurso que ha re-semantizado todas aquellas trincheras lingüísticas que agonizaban (revolución, comuna, anti-imperialismo, etc.) luego de la hecatombe del socialismo autoritario, a la vez que el capital globalizado y genocida declara su victoria sobre el tiempo, en una gramática soberbia que con sangre de oprimidxs escribe la historia del poder, puesta en venta en todos los centros educativos del mundo, reproducida en serie por la TV: rostro parlante del enemigo y colonizador hogareño.



Es en este marco es donde parte de los intelectuales de la izquierda latinoamericana, herederos de la tradición estalinista y su literatura del terror (sin contar a aquellos que se lanzaron a la nube posmoderna y su sintaxis del pesimismo que tan bien caló en las academias norteamericanas del “nuevo orden mundial” decretado por Bush padre), quedan suspendidos en una atmosfera en la que se respira un aire letalmente apocalíptico y conservador, al derrumbarse el piso metafísico en que se asentaban: “ya no es posible pensar y hacer la revolución con el Estado y menos creer que la historia nos absolverá por designio divino”, aquí Bakunin es casi profético y afirma su vigencia. Es así como estos, renuncian a la transformación radical de lo existente, para abrazarse a amplias formulaciones discursivas y prácticas que dibujan la opresión y explotación bajo recetas como: radicalizar la democracia, un mundo mejor, reconocimiento e inclusión institucional y jurídica, etc., sólo enmascarando al Estado, su ejército, cárceles y tribunales, al capital, un patriarcado aliado a la globalización y su fetichizaciòn del cuerpo femenino, así como la feminización de la pobreza, etc. De esta manera, dicha intelectualidad se alía a los proyectos nacionalista-burgueses de la periferia, surgidos como lamentable metabolización y canalización a las exigencias del capital extractivista contemporáneo (con señas de “relativa inclusión social” debido en gran parte a circunstancias coyunturales, que hoy se cae a pedazos), del despertar de “los que cagamos” al neo-liberalismo de los 80 y 90, que vuelven en la segunda década del siglo XXI, con estos mismos gobiernos “progresistas”, completando lo que no pudo hacer la escoria puntofijista en nuestro caso, es decir, la aplicación completa del ajuste aunado a una estabilidad de la democracia burguesa y sus dispositivos de poder, sin contar con la considerable ausencia de músculos combativos de los que aún “seguimos cagando”.



Esto último, es garantizado por intelectuales que enarbolan un discurso en donde: revolución ahora consiste en apoyar ciegamente las acciones del Estado, su dirigencia militarista y todo su aparataje represivo contra cualquier disidencia del pueblo pobre y trabajador  (véase los acontecimientos recientes en SIDOR); anti-imperialismo significa entregar las reservas minerales al capital extractivista con un tenue regateo más formal que concreto; comuna deriva casi en su totalidad en una aparato de control institucionalizado desde arriba, al servicio del Estado y sus técnicas de dominación como son las políticas públicas; critica refiere a meterse la lengua por “donde cagamos” frente al desenfreno expoliador de gobernantes, políticos, capitalistas, burócratas, jerarcas religiosos y demás fauna parasitaria; mientras se aplaude como focas la “epopeya del comandante” narrada desde respetables y reconocidas plumas de “intelectuales de la revolución”, en tal clave mítica que hasta el mismísimo Homero sentiría envidia de no poder igualar su épica a estos meta-relatos contemporáneos, a pesar de que el poeta griego conservaría la dignidad de la autenticidad de sus musas, mientras que a una parte estos intelectuales, las musas parecen llevar la cara de Benjamín Franklin y vestirse de verde.



A algunas plumas que apoyaron en un principio al gobierno, incluso trazando un intento de su arquitectura discursiva y que luego advirtieron los desmanes estatistas de éste, solo le es garantizado el silencio posterior al destierro. Todo esto sucede a la vez que los académicos castrados y ligados a la oposición burguesa siguen aullando beneficios ficticios que se adquieren al comprar la democracia representativa y el libre mercado ofertados desde el norte, producto que se ha vuelto una mercancía exportable a todo el mundo, es decir el progreso eurocéntrico con su semántica de la muerte que solo en cuestión de estilos se diferencia la administración actual del orden establecido. Bosquejada así la situación imperante entre la intelectualidad vinculada al poder, vemos como el viernes 15 de agosto fue entregado el Premio Libertador al Pensamiento Crítico a la socióloga chilena Marta Harnecker, laurel que previamente recibieron teóricos de igual identificación mansa con el Estado venezolano como Samir Amin, Enrique Dussel, Franz Hinkelamert, Jorge Veraza, István Mézaros, etc. En síntesis nuestro aserto apunta a “una crítica de la crítica” actual, para erigir una intelectualidad ligada a las bases sociales que impulse una radical emancipación social, siempre situada en la acera de enfrente, embarrándose del barro de la historia (hablando en lenguaje sartreano), unida con cada lucha social combatiendo a pulso contra el discurso dominante y la imposición de la servidumbre voluntaria.



[Texto publicado originalmente en el periódico El Libertario # 74, Caracas, octubre 2014. Número completo accesible en https://www.nodo50.org/ellibertario/archivoliber.html.]


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