miércoles, 5 de junio de 2019

Individualidad humana y anarquismo: Algunas conjeturas filosóficas



Sebastián Endara

El “Hombre Vivo”, concepto de aparente obviedad y redundancia es realmente un concepto difícil de adquirir, sobre todo en una época que se complace en llamar con falsos eufemismos lo que no comprende. La época del Estado y el Capital no puede entender a un hombre que no es un “funcionario” del sistema.

La esquematización por roles producto de la sofisticación en la división del trabajo, permite agrupar a grandes grupos de sujetos donde surge la insoportable megalópolis aquella gobernable uniformidad [58] llamada “ciudadano”. El exceso de población y de organización de la sociedad global impide que las instituciones democráticas funcionen con eficacia, mientras, al mismo tiempo, le niegan a los seres humanos la oportunidad de gobernarse a sí mismos. Tal situación deviene en una suerte de Nueva Edad Media en donde a pesar de que la actual edición es más aceptable a través de las amenidades propias del mundo moderno (estimulantes, desde la industria cultural televisada hasta las drogas que en conjunto causan el “acondicionamiento” a las circunstancias y/o, el habitar-en-otro-sitio, en el mundo de la fantasía y no en el aquí, en el ahora y sus futuros previsibles), habrá una enorme cantidad de frustración crónica, una infelicidad aguda y un apasionado resentimiento contra el rígido sistema jerárquico (...), será una era en donde la mayoría de los hombres y mujeres seguirá siendo una especie de servidumbre. [59]
 
Los dictadores de hoy, para mantener el statu quo, utilizan “la repetición de las consignas que desean que sean aceptadas como verdades, la supresión de hechos que desean que sean ignorados y el fomento de la racionalización de las pasiones que puedan ser utilizadas en interés del partido del Estado [60] y del sistema. De ahí que se haga tan necesario el tener un pensamiento independiente, cosa que no se puede llegar a concretar si no se es un individuo. Pero el sistema se empeña en fusionar al individuo a la masa, a la multitud. Si bien los grupos sociales pueden ser tan inteligentes como los individuos que los forman, la realidad es que la masa es caótica, “no tiene propósitos y es capaz de cualquier cosa, salvo de acción inteligente y de sentido realista” [61].

Solamente una asociación de hombres independientes, pueden generar la “inteligencia colectiva”, que piense los fundamentos de su asociación y las estrategias para lograr cambios. Por ello “el valor de la libertad individual basado en los hechos de la diversidad humana y de la singularidad genética; el valor de la caridad y la compasión, basado en un hecho conocido de antiguo y descubierto de nuevo por la moderna psiquiatría, es decir, el hecho de que el amor es tan necesario para los seres humanos como la comida y el techo; y finalmente, el valor de la inteligencia, sin la que el amor es impotente y la libertad inasequible” [62]; son los nuevos baluartes del “hombre vivo”.

Es un hecho que no podemos referirnos a las estrategias concretas que deberían tomar los seres independientes para gestar un nuevo presente, no obstante, coincidimos con Aldous Huxley en que es una prioridad trocar la estructura pulsional del individuo [63]. Las estrategias son variadas y además deben responder a las circunstancias particulares de cada individuo, no obstante parece que muchos estaríamos de acuerdo en que una nueva educación política podría ser en parte el comienza de la solución, teniendio como antecedente que la libertad se torne capacidad, que la libertad deje de ser restringida a unos cuantos y se vuelva asequible a todos mediante el “ejercicio privado” de la política, ejercicio real y definitivamente opuesto a aquella desafortunada ficción de la democracia representativa y delegativa.

 Como bien lo anotó Rudolf Rocker: Sólo la libertad puede inspirar grandes cosas a los hombres y provocar las transformaciones sociales e intelectuales. El arte de gobernar a los hombres nunca ha sido el arte de educarlos e inspirarlos a dar una nueva forma a su vida. La compulsión monótona solamente sirve para el adiestramiento falto de vida que asfixia todo intento de iniciativa vital y crea súbditos en lugar de hombres libres. La libertad es la esencia de la vida, la fuerza impelente de todo desarrollo intelectual y social, la que crea cualquier proyecto para el futuro de la humanidad. La liberación del hombre de la explotación económica y de la opresión intelectual, social y política que encuentra su expresión más cabal en pensamiento anarquista, es el primer requisito para el perfeccionamiento de una cultura social superior y de una nueva humanidad.

El desconocimiento de los resortes del poder que operan dentro y fuera de las subjetividades pasa necesariamente por el filtro de una nueva cosmovisión producida por una educación libre y creativa, y en el mejor de los casos autodidacta. Cuando a Antístenes le preguntaron, ¿cuál era el mejor aprendizaje? él respondió: ¡Desaprender el mal! [64] Esta particular sentencia encierra otras no menos profundas, ya que, para desaprender el mal, hay que aprender al olvidar y sobre todo aprender a crear. Se podría llamar a esto “aprender a escucharse a sí mismo”, dando cuenta de un renacer de la confianza en el individuo y en el poder que éste tiene para construir su vida.

Está claro que en una organización de obedientes “el pueblo lo mismo que los tiranos cortan las espigas que sobresalen” [65]. Los librepensadores han sido falsamente acusados e incomprendidos a lo largo de la historia de servidumbre de la humanidad. El libre pensar tiene como condición necesaria el desprecio de toda autoridad. Esto quiere decir además que existe una confianza en la presencia y el despliegue de la vida como posibilidad permanentemente opuesta a la vacía uniformidad del poder. Por eso el anarquista afirma que “la autoridad expira donde el arte comienza, expira en el umbral de la estética que es el triunfo del pensamiento y la acción libres” [66].

El llamado al desarrollo de las potencialidades del individuo no implica de ninguna manera el llamado al solipsismo. Saber que uno es si y solamente si existe en una comunidad, que uno tiene necesariamente que comunicarse con el otro para existir, es estar a favor del mundo de las relaciones equilibradas entre los seres humanos complejos (y completos en la medida de su relacionamiento con los otros), no entre seres separados, autómatas que reproducen un rol pre asignado. En tal medida, la revolución anarquista es un progreso, pero en cuanto es una insubordinación, una subversión, una indisciplina, una desobediencia, una independencia y al mismo tiempo es una resolución, un medio, una intención, una combinación, una propuesta inacabada y en permanente construcción. La cultura que de ella se desprende, es cultura intersubjetiva en la que el hombre llega a ser lo que él hace de sí mismo según sus anhelos particulares en el evidente espacio de interacción con los otros, que en definitiva constituyen la riqueza de una comunidad que se conduce sin intermediarios.

Notas

[58] HUXLEY, Aldous. Nueva visita a Un Mundo Feliz. Traducción de Miguel Henani. Barcelona,Editorial Seix Barral, 1984.

[59] Ídem.

[60] Ídem.

[61] Ídem.

[62] Ídem.

[63] Quien, -como dato adicional-, llega a decir que ante el exceso de población y organización que ha producido la megalópolis donde paulatinamente se confirma el empobrecimiento espiritual de individuos y sociedades enteras, otra alternativa es abandonarla y volver a la pequeña comunidad rural o humanizar la megalópolis creando dentro de su red de organizaciones mecánicas, los equivalentes urbanos de esa pequeña comunidad rural, en la que los individuos pueden conocerse y cooperar como personas completas, no como meras encarnaciones de funciones especializadas.

[Fragmento del ensayo “Sobre el significado de la Justicia. Algunas conjeturas anarquistas”, que en versión integral es accesible en http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/endara60.pdf.]


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