miércoles, 15 de mayo de 2019

Fabrizio De André, cantautor anarquista italiano (para leer y oír)




I.- Fabrizio De André: la libertad y el compromiso



Alfredo



Fabrizio de André, también conocido como “Faber”(Génova, 1940 - Milán, 1999), fue uno de los mejores cantautores del mundo, un avanzado en su tiempo, el artífice de un nuevo concepto musical que unió el sonido racial de la música popular italiana con el profundo respeto a la libertad creativa; y todo entrelazado con una defensa a ultranza de la justicia social. Por eso y sólo con eso ya debería ser un referente a nivel mundial, después de años y años sigue siendo un perfecto desconocido fuera de su Italia natal.



Conocí su música hace muchos años, quizá en el 83/84, gracias a un amigo anarquista que me habló de un cantante italiano que tenía la capacidad de transmitir sensaciones nuevas con aires románticos, y todo ello aderezado con unos textos combativos, revolucionarios, libertarios. Entre lo que Ernesto me contó de su vida y las primeras canciones que escuché, su música me enganchó.



Fabrizio de André nació en Génova en el año 1940, el 18 de febrero, en una familia de la burguesía regional. Desde jovencito se sintió atraído por la música, por lo que empezó a estudiar violín con sólo seis años y, posteriormente, guitarra y piano. Sus primeros años de colegial se caracterizaron por un comportamiento díscolo y rebelde, con continuos enfrentamientos con los profesores del colegio religioso en el que pasó sus primeros cursos. Medio impuesto por su familia, muy conservadora y tradicional, estudió las carreras de Literatura y Medicina, además de Derecho, en la Universidad de Génova. Ninguna de estas materias le hizo olvidar su verdadera vocación: la música.



Empezó a componer y a interpretar sus propias canciones en el año 1961. En ese mismo año publicó sus dos primero vinilos: “Nuvole barocche” y “E fu la notte”. A raíz de esos primeros trabajos, Fabrizio de André se labró una imagen y un gran prestigio como músico de culto, con una enorme capacidad para mezclar los temas más racialmente italianos con las canciones protesta de los cantautores franceses, sobre todo después del “Mayo del 68”. Las letras de sus composiciones alternan la denuncia social, desde una perspectiva anarquista, con otras de índole más poética, incluso de marcado romanticismo.



La vertiente más combativa de este maravilloso ser humano quedó reflejada en sus continuas batallas a favor de los más desprotegidos. Fueron famosas sus luchas por los derechos de los inmigrantes, homosexuales y prostitutas. También fue un gran defensor de las diversidades culturales y las mezclas de las culturas mediterráneas, en los dos litorales, el europeo con el norteafricana. Buen reflejo de esto son sus canciones “Bocca di Rosa”, “Via del campo” o “Il pescatore”, un compendio de sonidos de inconfundible sello multicultural. Obviamente, como gran defensor de la cultura de base latina, también lo fue de las músicas interpretadas en las lenguas o dialectos de su Italia natal: el genovés, el sardo, etc.



Su trabajo más racial, el más cercano a la música mediterránea más popular, la más profunda y al mismo tiempo más sentimental, “Crêuza de mä” (1984), lo hizo en colaboración con el gran Mauro Pagani. En algunos de las canciones de este disco, si cierras los ojos y abres los sentidos a la sensibilidad que emana, podrías percibir el ruido de las olas, las voces de los pescadores y las pescantinas, los sonidos del viento entre las montañas corsas… es un maravilloso ejemplo de música para el corazón (y para el cuerpo).



Su álbum más combativo, “Storia di un impiegato” (1973), fue el trabajo de referencia para toda una generación de cantautores europeos. Se podría decir que hubo un antes y un después de este maravilloso disco. El tema principal de este álbum gira alrededor de la figura de un empleado frustrado que tras observar el poco éxito obtenido en las revueltas estudiantiles del “Mayo del 68”, decide pasar a la lucha usan el terrorismo social. Las canciones incluidas en este disco tratan sobre las luchas de los poderes fácticos, las injusticias de los tribunales de justicia, la violencia de estado… y poniendo como contrapunto, las luchas individuales con el único arma que tiene un individuo: la autodefensa. En uno de los temas de este dicos, "Canzone del maggio", se repite machaconamente una frase dirigida como arma contra el poder establecido: "per quanto voi vi credete assolti, siete per sempre coinvolti" (“aunque os creáis absueltos, estáis para siempre involucrados”, en español). Aún hoy, "Canzone del maggio" se usa en Italia como himno en todas las luchas obreras y sindicales.



En su dilatada carrera, Fabrizio de André colaboró con multitud de artistas italianos (inconmensurables sus actuaciones en compañía de la PFM - Premiata Forneria Marconi), franceses, árabes, algún español (María del Mar Bonet, Raimon, por ejemplo), etc., pero no exclusivamente en composiciones musicales: también intervino en colaboraciones literarias (el libro “Un destino ridicolo”, con Alessandro Gennari), guiones y bandas sonoras de películas (“Il cantico dei drogati”, de Franceso de Gregori), etc. Fabrizio tuvo dos hijos: Cristiano, con su primera mujer, y Luisa Vittoria, con Dori Ghezzi. Ambos son cantantes y ambos actuaron con su padre en sus últimos conciertos.



Durante el tour de su último disco, “Anime salve”, se le diagnosticó un cáncer de pulmón (era fumador empedernido, siempre con un pitillo entre los dedos), lo que lo obligó a interrumpir sus conciertos. El día de su entierro, delante de las más de 10.000 persona que le acompañaron en su último viaje, se envolvió su cuerpo en la bandera anarquista mientras se cantaba la “"Canzone del maggio" entre los llantos y el dolor por la irreparable pérdida de un luchador libertario. Hasta el mismo día de su muerte hizo lo que siempre quiso y vivió como siempre deseó vivir, sin dejar de componer y regalar al mundo lo que mejor sabía hacer: escribir maravillosas letras, componer increíbles sonidos.



De su inspiración y trabajo nos quedaron 14 (25, incluyendo grabaciones en directo) obras maestras de la historia de la música, catorce monumentos sonoros y poéticos que debería ser catalogados como  Patrimonio de la Humanidad, reflejos de una forma de ver la vida totalmente distinta a la que nos tiene acostumbrado el ‘stablishmen’ musical.








II.- Los caminos de bosque de Fabrizio De André


 


Álvaro Alonso



Tanto la vida como la obra de Fabrizio De André son de una riqueza intimidante. La voz grave y baritonal del cantautor es adictiva, mil veces más hermosa que la de Dylan y con una cantidad de matices que Cohen no podría ni haber soñado tener. Las composiciones de Fabrizio De André se prolongan varias décadas en un torbellino de creatividad que parece no tener fin. Uno descubre una canción, y queda prendado, luego otra, y otra más, y como le ocurriera a Unamuno con Kierkegaard, que le hizo sentarse a aprender el danés, aquel que se adentra en el universo de “Faber”, como era conocido por sus convecinos, no puede dejar de sentarse a estudiar esa lengua tan moderna y tan joven como es el italiano, raro idioma inventado tras la revolución garibaldiana y que unificó la, digamos, “bota de babel” plagada de dialectos de la península itálica. De todas formas Fabrizio siempre defendió los dialectos: «En una nación joven como Italia los dialectos son indispensables. Representan un deseo de identificación en las propias raíces que se hace más fuerte cuanto más se difunde la idea de una megaestatalización europea. Además, el italiano, si no se viese nutrido de las frases idiomáticas, devendría un lenguaje adecuado solamente para vender patatas o litigar en los tribunales».



Fabrizio De André se ha mantenido en los márgenes de la popularidad, incluso en la época de la canción de autor cuando del otro lado de los Pirineos llegaba el mensaje de Jacques Brel, Brassens, Aznavour, etc. y de Italia solo parecía encontrar eco Celentano, la gran voz de Mina o los ganadores en el Festival de San Remo.



Fabrizio de André fue un caso excepcional, un hombre capaz de incorporar elementos tan diversos como Baudelaire, el folk norteamericano, la herencia musical popular mediterránea, los evangelios apócrifos, el cine de Fellini, las canciones de Brassens -sobre todo-, en un cóctel creativo lleno de honestidad que elevaba la canción al nivel de la mejor poesía. En los tiempos en que la poesía era un arma. Fabrizio es considerado hoy más un poeta que canta que un cantante sin más.



Nacido en Génova un 18 de febrero de 1940, Fabrizio estudia en la Universidad con el objetivo de ser abogado al tiempo que se forma en su vocación musical tocando jazz y estudiando guitarra y violín. Como él ha reconocido, «hubiera terminado siendo un abogado si no fuera porque Mina se fijó en un tema mío, “La canzone di Marinella”, convirtiéndola en un éxito». A raíz del eco desorbitado de dicha canción, que narra la historia de la muerte de una prostituta, en la inigualable voz de Mina, nace un nuevo Fabrizio De André, que vuelca a partir de 1968 todos sus esfuerzos en la composición.



En Génova se va generando una escuela de canción de autor, con Gino Paoli, Bindi, Lauzi y, sobre todo, Luigi Tenco. La noche del suicidio de Tenco en el Festival de San Remo, Fabrizio de André escribirá en un folio la impresionante «Preghiera in Gennaio», una canción heroica que ha sido comparada con el «Who By Fire» de Leonard Cohen.



Las canciones de Fabrizio De André pivotan sobre dos ejes interconectados: el amor y sus variantes, así la «Ballata dell´amore cieco», irónica alegoría del eterno femenino; o «La canzone dell´amore perduto», preciosa adaptación de la pieza en Re mayor de Telemann. La belleza dramática deja paso a la canción protesta en «La guerra di Piero», de estilo claramente dylaniano; o «Bocca di rosa», letra que parece salida de una novela de Émile Zola. En la delicada «Amore che vieni, amore che vai» el tema fabriziano por excelencia alcanza su punto álgido. Otro italiano, con una mucho mayor fortuna en España, como es Franco Battiato, ha reconocido estar en deuda con las baladas de Fabrizio De André, hasta el punto no poder dejar de incluir dos de sus mejores canciones en su disco Fleurs de 1999 junto a otras de The Rolling Stones, Brel, Endrigo y Aznavour.



Los dos primeros discos de Fabrizio De André son sencillamente fabulosos. En particular el segundo, Tutti Morimmo A Stento, un LP conceptual que supone un viaje a través de la desolación humana donde la voz de Fabrizio viene arropada por la orquesta filarmónica de Roma dirigida por Reverberi. En la «Ballata degli impiccati», pieza central de la obra, el recitado de Fabrizio parece provenir de una habitación en penumbra, donde los versos, a veces sarcásticos, no evitan hablar del rencor que anima a unas criaturas míticas de su invención.



Fabrizio De André prosiguió una carrera prolífica, publicando un disco al año, que dará lugar a grandes obras como La Buona Novella, inspirada en los evangelios apócrifos o Non al denaro, non all´amore ne´al cielo, donde se encuentra una de sus canciones más bonitas, «Un malato del cuore».



Con “La storia di un impiegato”, su álbum más controvertido, Fabrizio recibe la crítica de la derecha y de la izquierda marxista italianas, que por diversos motivos reniegan de un punto de vista que lo sitúa en un lugar político donde lo que impera es la capacidad del individuo, sin necesidad de tener quienes dirijan el propio destino.



En 1974 publicará “Canzoni”, un álbum de versiones de temas de Cohen -«Suzanne», «Giovanna d´Arco»-, de Bob Dylan -«Desolation Row» convertida en la bellísima «Via della povertá»-, o  de nuevo Brassens -«Le passanti»-, rindiendo cuentas con algunos de sus admirados compañeros de viaje. De André volverá a versionear a Dylan en el disco Rimini de 1978, con la excepcional «Romance in Durango» y otras canciones que recuerdan lo mejor de su primer disco, como «Andrea» o «Sally». Ya unos años antes, en 1975, había comenzado su colaboración con otro gran compositor italiano, Francesco de Gregori, en Volume VIII, donde la retórica fantástica de Fabrizio se complementa con el cosmopolitismo de Francesco. Se publica, como colofón a este fantástico periodo en la vida de Fabrizio, el doble disco en directo acompañado de la banda de rock progresivo italiana PFM (Premiata Forneria Marconi), que supone una especie de resolución de toda su etapa artística precedente.



En 1979 Fabrizio De André y su compañera Dori Guezi viven una experiencia dramática al sufrir un secuestro en la isla de Cerdeña, donde habían fijado su residencia. El secuestro duró cuatro meses. De tal experiencia se nutriría su disco sin título conocido como L´Indiano, que se abre en su cara B con la fabulosa «Hotel Supramonte». A partir de entonces la carrera de Fabrizio De André se hace mucho más irregular, aunque le da tiempo a grabar dos espléndidos álbumes, Creuza de ma, en colaboración con Mauro Pagani y escrito íntegramente en genovés, que recibió encendidos elogios de David Byrne, y la que puede considerarse su brillante despedida y compendio último de su talento, Anime Salve, de 1996. Un disco de sabores diversos, encuentros y sugerencias.



Un 11 de enero de 1999 moría Fabrizio De André en un hospital de Milán. Fue trasladado a su Génova natal, donde una multitud desolada de todas las edades y condiciones abarrotaron las calles durante el funeral para aplaudirle literalmente y darle su último adiós. La canción italiana no ha vuelto a llegar ni de lejos a la altura del genovés universal y su manera siempre brillante de salir de las encrucijadas que nos plantea la vida. Como dejó escrito Cesare G. Romana, «para Fabrizio no hay esperanza en el hombre, sino en el amor que vence al odio, en la caridad que vence el rencor, y la injusticia. En él encontramos la piedad de quien conoce el dolor y quien conoce los errores, abriendo la puerta del rescate. La felicidad no nace de la riqueza ni del poder, sino del placer de donar. Y que la muerte es temible solo para quien no ha sabido abrirse, en vida, a la compasión». Siempre Faber.








III.- Para oír las canciones de Fabrizio De André, ir a https://www.letras.com/fabrizio-de-andre/. También allí están las letras en italiano y se puede solicitar el envío por e-mail de la traducción al castellano.




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