miércoles, 8 de mayo de 2019

Edo Amazonas: Situación Sociosanitaria del Pueblo Yanomami del Alto Orinoco



Luis Betancourt

Basado en datos de investigaciones ejecutadas por un equipo multidisciplinario para el Observatorio de derechos Indígenas “KAPE-KAPE”, durante el último semestre del año 2018 se evidenció una muy grave situación sociosanitaria en las comunidades indígenas de los municipios Atures, Autana, Atabapo, Alto Orinoco y Manapiare del referido estado. Uno de los casos más graves es la experimentada por el pueblo Yanomami, quienes habitan en el Alto Orinoco, específicamente en el eje aéreo de Parima, Koyow­ë y Cerro Delgado Chalbaud; así como en el eje fluvial de Ocamo, Padamo, Mavaka, Mavakita y Platanal.

Esta población conformada por aproximadamente 17.000 personas en territorio venezolano, actual e históricamente ha sido víctima de graves padecimientos  sanitarios, en especial por altos índices de malaria y recientemente la reaparición del sarampión en la Sierra Parima, noreste estado Amazonas. En el caso del paludismo o malaria, la situación es generalizada, en cada comunidad visitada o reportada por los Agentes Comunitarios Yanomami de Atención Primaria en Salud (ACYAPS), se evidencian numerosos casos, que además tiene un significativo repunte en el periodo lluvioso. Igualmente se ha podido corroborar que en las zonas donde se practica la minería, los casos de malaria son más evidentes, debido a que dichas prácticas crean condiciones físicas para la generación y propagación de los vectores que transmiten esta enfermedad. Al respecto existen estudios de Investigación realizados por la científica y docente María Eugenia Grillet, del Laboratorio de Vectores y Parásitos de la Universidad Central de Venezuela, donde se reitera que en las zonas donde se ejecutan estas prácticas, la prevalencia de malaria aumenta exponencialmente, inclusive, propagando esta enfermedad a otras latitudes según la movilidad de las personas afectadas.


Las condiciones geográficas del Alto Orinoco, conformadas por grandes extensiones de selvas o bosques tropicales, hacen del territorio Yanomami un conjunto de zonas de mediano y difícil acceso, por lo cual la atención o cobertura médica es irregular y en determinados lugares inexistente. Las comunidades del noreste de la Sierra Parima: Irota, Tokori, Oroshi, Hokomawë, Himaraöshi y Shamakörona (20-40 Km de Roraima-Brasil), entre otras, son de las más críticas desde el punto de vista de la no cobertura del sistema de salud pública. De estas remotas comunidades pocos datos epidemiológicos se han obtenido públicamente, salvo los recabados a través de los enfermeros y microscopistas ACYAPS, que a falta de información oficial, frecuentemente reportan numerosos casos de malaria y otras afecciones no diagnosticadas por falta de personal médico calificado. Se entiende que la información epidemiológica de estos sectores, ha estado censurada para el público y la academia, quienes en el mejor de los casos deben informarse de manera informal o por investigaciones particulares. El Sistema de Regional de Salud y en especial el Centro Amazónico de Investigación y Control de Enfermedades Tropicales (CAICET), si tienen esta información, pues han estado yendo a esta zona esporádicamente, al menos una o dos veces al año desde los sucesos de Irotatheri en 2012, fecha antes de la cual, estos organismos no sabían de la existencia de estas comunidades. A partir de este suceso, las comunidades de la zona están incluidas en el programa de oncocercosis, debido a que se detectó que sus habitantes presentan esta enfermedad a niveles hiperendémicos.

Ante la necesidad de evaluar la situación epidemiológica en los shabonos o comunidades indígenas, los enfermeros y microscopistas ACYAPS hacen pertinente el reporte de casos según los síntomas presentados por los pacientes, relacionando las afecciones más frecuentes con malaria, enfermedades gastrointestinales (en especial en niños), enfermedades respiratorias y las más graves vinculadas a tuberculosis. A pesar que dicho personal de salud no está autorizado para suministrar de manera oficial esta información, sus aportes no dejan de ser de importante valor para este trabajo, debido a que dichos datos han sido obtenidos en sus actividades diarias en comunidades donde brindan asistencia de atención primaria.

Datos sobre la Morbilidad y Mortalidad del Pueblo Yanomami.

Es difícil cuantificar, registrar y sistematizar estos datos, pues como se dijo antes, se trata de zonas de muy difícil acceso y además su tránsito está restringido por una serie de medidas impuestas por el Comando de la Zona Operativa de Defensa Integral N° 63 (ZODI 63). Sin embargo, con los diferentes datos o reportes obtenidos de funcionarios del sistema de salud pública no autorizados para brindar información oficial, conjuntamente con entrevistas a actores claves de diferentes comunidades indígenas del Alto Orinoco, se estima en la cifra más conservadora, que entre 5 y 8 yanomami fallecen al mes por diferentes afecciones, lo que a su vez significa la ausencia de atención medica en la mayoría de los 250 shabonos o comunidades que conforman este pueblo indígena. Además, en las comunidades donde existen ambulatorios médicos, los medicamentos e insumos son muy escasos. El antimalarico y las pruebas rápidas de diagnóstico de malaria, son de los recursos más usados por los enfermeros para atender a los pacientes de esta enfermedad, pero dichos suministros son insuficientes para cubrir toda la demanda, motivo por el cual dicho tratamiento médico es muy irregular (no se entrega el tratamiento completo) y esto pudiera ser la causa de los recurrentes casos de malaria en una misma persona. Ante la irregularidad en el suministros de este tratamiento, los indígenas optan por emplear formulas curativas según los usos y costumbres de la medicina tradicional, lo cual mitiga en la mayoría de los casos sus padecimientos de salud.

Continuando con los datos sobre la morbilidad y mortalidad en las comunidades indígenas del Alto Orinoco, es preciso apuntar algunas cifras, que en este caso fueron publicadas por nuestro amigo Aimé Tillett, quien tiene estudios en antropología y se ha dedicado a lo largo de su carrera a la investigación de la situación de salud indígena en Venezuela. Al respecto Aimé Tillett, en marzo de 2018, en artículo para el Observatorio de Ecología Política de Venezuela, refiere que a pesar de una serie de derechos constitucionales y legales de protección en materia de salud en favor los pueblos indígenas, “estos siguen presentando algunos de los peores indicadores de salud, quienes tienen mayor probabilidad de morir por diarrea, enfermedades respiratorias, enfermedades prevenibles por vacuna, desnutrición, parasitosis intestinal, anemia, complicaciones en el parto, hepatitis viral, tuberculosis y malaria; la mayoría altamente evitables si son atendidas a tiempo”.

Igualmente, Tillett continúa apuntando los siguientes datos de especial interés para la salud indígena en Venezuela: Los pueblos indígenas tienen mayor riesgo de contraer difteria, sarampión y otras enfermedades prevenibles con vacuna, debido a la baja cobertura de vacunación en sus territorios.

La mortalidad infantil entre los indígenas yanomami, oscila entre el 15% y 50% de niños nacidos vivos, la mayoría antes de llegar a los 5 años. La esperanza de vida al nacer de la población yanomami puede ser hasta 40 años inferior al promedio nacional. Las mujeres indígenas encabezan la lista de mortalidad materna en Venezuela. En 2012 en Amazonas la tasa fue de 120,5 por 100.000 NVR.

La contaminación por mercurio en la amazonía venezolana, consecuencia de la minería ilegal, afecta especialmente las comunidades indígenas.

La epidemia de malaria que se desarrolla con mayor intensidad en los estados Bolívar y Amazonas. Está principalmente asociada a las zonas mineras, que se encuentran en su mayoría en los territorios de ocupación tradicional de los pueblos indígenas.

Actualmente la carencia de medicamentos antimalaricos es generalizada y hay una alta mortalidad que no se está registrando. Una vez revisados estos datos de años anteriores, observamos en cuanto al tipo de enfermedades, una similitud en relación con aquellas que hoy continúan afectando a los pueblos indígenas de del país, donde está inmersa de manera particular la población yanomami. Estos datos a pesar de ser muy alarmantes, en la actualidad pudieran ser aún peor debido al debilitamiento que ha sufrido el sistema de salud público nacional y de manera particular el Plan de Salud Yanomami, que será analizado en este mismo trabajo (infra). Además, en cuanto a la malaria es necesario presentar los interesantes datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que para el año 1999 registró 19.086 casos, para el año 2014 registró 46.655 y para el año 2016 registró 240.613. El más reciente reporte de este organismo regional indica que durante el año 2017 se presentaron 319.842 casos confirmados en el territorio nacional; por supuesto que la mayoría de estos casos, aunque no estén discriminados por territorios, fueron presentados en comunidades indígenas donde confluye la  minería ilegal en los estados Bolívar y Amazonas. Igualmente la OPS ha expresado su especial preocupación debido al drástico repunte de la malaria en Venezuela, así como por la reaparición de estos casos en zonas donde se había logrado erradicar.

La Red Venezolana de Salud Pública, publicó el 04 agosto de 2017 que el estado Bolívar es la entidad federal con mayor incidencia de malaria, con 116.612 casos para la fecha, equivalente al 63,29% de los casos nacionales. También indicó que el segundo estado con mayor número de casos de malaria es Amazonas con 32.797, lo que representa un 17,80% de los casos nacionales y un 18,80% de  la población de esta entidad federal. Igualmente esta cantidad  de casos representa un aumento de 3,55 veces más que en 2016.

La Dra. María Eugenia Grillet, recientemente advirtió “que el Programa de Vigilancia Diagnostico y Control  de la Malaria se ha ido desmantelando poco a poco desde 2012, lo que ha magnificado la epidemia de manera descontrolada” (EFE, 15 abril 2019).

Caso emblemático sobre mortalidad por causa de la malaria en los shabonos del Alto Orinoco

En entrevista de junio 2018 con enfermeros Yanomami ACYAPS, reportaron la muerte de cinco (05) indígenas en la comunidad Yanomami “Haximú” durante el mes de febrero de ese mismo año, que según los síntomas presentados por los hoy fallecidos, hizo presumirles a los dos enfermeros del sector, que se trató de malaria. Los fallecidos fueron dos (02) niños, dos (02) adultos y un (01) anciano (por razones socioculturales sus identidades no deben ser reveladas públicamente). Estos decesos no fueron reflejados en los registros oficiales, por lo cual a nivel gubernamental se estaría haciendo un inadecuado o poco control sobre estos datos. Esta situación refleja que el registro sanitario en el Alto Orinoco es precario, originando con ello los subregistros epidemiológicos que frecuentemente pulicán las organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales (ver trabajo de investigación “Situación Sociosanitaria en Comunidades Indígenas del estado Amazonas y los Subregistros Epidemiológicos”, de Luis Betancourt Montenegro para WWW.KAPÉ.KAPÉ.ORG).

El caso de los cinco fallecidos de Haximú durante el mes de febrero de 2018, quisimos traerlo al presente trabajo de investigación como una muestra de lo que frecuente o comúnmente ocurre en estas comunidades donde la atención médica es precaria o inexistente. Es posible que la falta de asistencia médica en estas comunidades remotas sea motivado a su difícil acceso, pero es allí donde el Estado debe emplear su recurso humano y logístico para garantizar el derecho a la salud y a la vida de una población que además se encuentra en estado de especial vulnerabilidad sanitaria, expresado así en el reciente informe de la Alta Comisionada de la ONU para los DDHH. Además se sostiene que al tratarse de un vasto territorio de aproximadamente 50.850 Km², conformado por una geografía tan agreste como la selvática tropical, donde se estima que la atención medica alcance en este momento entre el 30-35% del territorio; entendiéndose que a pesar de los datos aportados por esta investigación, más los reportados por los organismos oficiales, aún quedan otros datos epidemiológicos sin revelar en proporción al número de comunidades desatendidas ubicadas en zonas inhóspitas de poco o reciente contacto con la sociedad occidental (ver trabajo de investigación “Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial”, de Luis Jesús Bello, IWGIA-IPES, 2012). Dicho esto, se advierte que los datos presentados en este trabajo son solo referenciales, pues se estima que al menos entre el 50-60% de las comunidades yanomami se encuentran en situación de difícil acceso. Además, por lo precario del sistema de salud público del Alto Orinoco, hay comunidades que estando relativamente cerca de los ambulatorios tampoco reciben atención sanitaria, en la mayoría de los casos por falta de medicamentos, insumos y/o personal médico.

Igualmente se debe tomar en cuenta que un importante número de indígenas Yanomami cruzan la frontera hacía Roraima-Brasil, en búsqueda de atención sanitaria y medicamentos, en especial habitantes de las comunidades del Parima. En estos casos, los registros o controles epidemiológicos no son reflejados por autoridades venezolanas.

[Párrafos extraidos de un informe mas extenso disponible en versión integral en https://www.costadelsolfm.net/2019/05/07/amazonas-informe-sobre-conflicto-y-actualizacion-del-pueblo-yanomami-del-alto-orinoco.]


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