jueves, 26 de julio de 2018

Anarquismos no occidentales y sus perspectivas en el siglo XXI



Jason Adams

* Este texto recoge la conclusión de la obra Anarquismos no occidentales: Reflexiones sobre el contexto global, que en versión completa es accesible en la sección de Descargas de la web www.laneurosis.net

En este trabajo hemos demostrado que uno de los factores fundamentales en el desarrollo de las ideas y movimientos anarquistas ha sido la migración global de los pueblos, que, por supuesto, es el resultado del desarrollo de un sistema mundial capitalista e imperialista.
 
En toda Asia Oriental, se ha puesto de manifiesto que las redes anarquistas globales entre San Francisco, Tokio y París tuvieron una importancia primordial en el desarrollo del sindicalismo anarquista y de las formas anarquistas puras del comunismo libertario. En el contexto del Sur de Asia, sabemos que durante su estancia en Sudáfrica Gandhi se involucró por primera vez en la lucha que mantuvo toda su vida contra el dominio británico: en esta época la organización anarcosindicalista Industrial Workers of Africa había alcanzado su apogeo. El desarrollo del propio anarquismo africano surgió originalmente de los movimientos importados de los trabajadores inmigrantes en el país, tanto en Sudáfrica como en las ciudades portuarias mediterráneas del norte de África. Los pocos movimientos anarquistas que existieron en Oriente Medio tuvieron su origen sobre todo en los trabajadores inmigrantes italianos que se habían sentido atraídos por el pensamiento anarquista, principalmente dentro de su propia comunidad. Por toda América Latina, fueron especialmente importantes las migraciones de los pueblos, entre las que puede considerarse paradigmática la estancia y agitación de Malatesta en Brasil, Uruguay, Argentina, México y Cuba.

Se ha demostrado, además, que en el contexto no occidental, la primera ola del anarquismo surgió tanto formando parte del paquete del proyecto de la Modernidad como a partir de la reacción contra él, proporcionando paradójicamente a los países oprimidos un arma moderna con la que luchar contra la Modernidad y la occidentalización mismas. Una dialéctica similar está presente en la segunda y tercera ola del anarquismo, que surgieron fundamentalmente alrededor de las contraculturas globales de finales de la década de 1960 y de nuevo a finales de la década de 1990. En la década de 1960, Estados Unidos estaba ocupado afianzando su posición como la única superpotencia del planeta: las brutales intervenciones en el Sudeste Asiático y otras regiones demuestran la importancia que este objetivo tuvo para Estados Unidos durante dicha época. Además, no satisfechos con meras operaciones militares para asegurar su poder, la promoción de la cultura americana como universal —también entendida como la activación del espectáculo— se convirtió en un elemento central de su estrategia. Como en la primera ola, escondido bajo la sociedad del espectáculo se encontraba su antídoto: la contracultura del espectáculo. Esta contracultura había surgido como parte integrante del ascenso de la cultura del espectáculo en un sentido más amplio, pero, como en el caso del surgimiento de la Modernidad, se entendía también como reacción frente a ella. Por ejemplo, en los países de Oriente Medio, como Israel, las organizaciones anarquistas como Black Front surgieron de la contracultura juvenil, publicando revistas como Freaky. Estas revistas, aun formando ostensiblemente parte de la cultura del espectáculo general de la Pax Americana, eran también de las pocas publicaciones del país que se oponían activamente y criticaban guerras como la de Yom Kipur (Do or Die: 1999).

En general, se considera que la tercera ola del anarquismo también surge como un fenómeno cultural, que comenzó a gestarse en la decadencia de la década de 1980 con la contracultura independiente del punk y sus redes globales. Al contrario que la segunda ola del anarquismo, esta contracultura valoraba la independencia de las corporaciones al menos en la misma medida que el internacionalismo, y trabajó para construir redes independientes entre punks, grupos musicales, fanzines y escenas locales de todo el mundo. Los pequeños fanzines de producción propia se convirtieron en un medio para intercambiar ideas en tiendas de discos, espacios de distribución y sellos discográficos no empresariales. En países como Brasil, Israel y Sudáfrica, la contracultura punk fue fundamental para la reconstrucción del movimiento anarquista. Mientras que la invasiva Pax Americana llevaba un McDonalds a casi cada ciudad del planeta, también traía a las tiendas de discos locales —mediante sus ramas de distribución, revistas culturales e incesante promoción del inglés como lengua franca— grupos anarcopunk como Crass, Conflict y otros. Para muchos, la guerra del Golfo de 1991 significó la primera oportunidad real de poner estos ideales en práctica, organizando manifestaciones masivas y acciones directas por todo el mundo. Precisamente al año siguiente le siguieron las acciones motivadas por el 500 aniversario de la colonización de las Américas por Europa. Y solo unos pocos meses después se produjeron los disturbios de Los Ángeles. En las repercusiones continentales y globales que les sucedieron, los punks anarquistas comenzaron a involucrarse más en la organización y el activismo social directos. Esto supuso no solo una politización del punk, sino también una punkificación concomitante del activismo radical, así como un enfrentamiento entre ambos.

El levantamiento zapatista de enero de 1994 consolidó esta tendencia, al formarse redes de apoyo descentralizadas radicadas en Internet que tenían alcance mundial y ayudaban a asegurar el éxito, de otro modo improbable, de un movimiento autonomista mayoritariamente no violento en el sur de México. Para finales de la década de 1990, muchos punks anarquistas habían diversificado sus afiliaciones culturales, y comenzaban a identificarse más con el activismo y el anarquismo en sí que con la contracultura punk independiente, que en gran medida estaba muriendo. Muchos se involucraron en la lucha zapatista, viajando a Chiapas y trabajando como observadores internacionales o asistiendo a los encuentros internacionales celebrados en México y España. La nueva tradición antipolítica del zapatismo, con su rechazo a la universalidad tanto del socialismo como del anarquismo, tuvo una gran influencia en los anarquistas de todo el mundo. En el momento en que se produjo la revuelta contra la cumbre de la OMC de 1999 en Seattle, muchos anarquistas ya estaban entrando en el paradigma anarquista postoccidental, rechazando etiquetarse como anarquistas per se, pero identificándose aun así fuertemente con sus ideas básicas. Muchos comenzaron a referirse a sí mismos como «autónomos», más que como específicamente «anarquistas» en sí. El cambio real provocado por este proceso consistió en que la resistencia contracultural trascendió como proceso de transformación en la consecución de un nuevo anarquismo, que puede caracterizarse como posthegemónico o, como algunos lo han denominado, postoccidental.

Para concluir, pues, me gustaría evaluar brevemente los resultados de la síntesis de los nidos sociales que ha formado la primera ola del anarquismo y el surgimiento de la segunda y tercera ola del anarquismo como un contraespectáculo entre los anarquismos no occidentales. A pesar del habitual rechazo de casi todo el anarquismo de principios del siglo XX como un anarquismo clásico monolítico y, por tanto, sin valor y anticuado en el contexto de la tercera ola del anarquismo actual, este estudio del anarquismo no occidental temprano demuestra que, de hecho, el anarquismo de esa época no era menos ideológicamente diverso de lo que lo es ahora, a principios del siglo XXI.

El anarquismo puro de Japón, por ejemplo, prefiguraba en muchos sentidos el desarrollo actual de un anarquismo más verde, cuyos elementos están presentes en las corrientes anarquistas de la ecología profunda y de la ecología social. De hecho, John Crump recalcó las extraordinarias similitudes del equilibrio de la autosuficiencia económica y el comercio intercomunitario de Bookchin con el anarquismo puro (Crump, 1976: 203). El primer anarquismo japonés también ayudó a preparar el camino para el desarrollo, a finales de la década de 1960, de Zengakuren, una organización estudiantil militante ensalzada por los situacionistas por su unión de las luchas estudiantiles y de la clase obrera. Al centrarse en la cultura, el movimiento anarquista de China prefiguró la Revolución Cultural de Mao, pero aún más lo hizo el Movimiento Democrático de la década de 1980, que podría haber ayudado a inspirar el incidente de la Plaza de Tiananmén. Sin duda, una renovación del interés por el anarquismo ha dado forma a la reevaluación de la historia socialista de China incluso actualmente en el país. El movimiento anarquista temprano de Corea puede entenderse como precursor del Levantamiento de Gwangju de 1980. Tal y como ha recalcado George Katsiaficas, «igual que la Comuna de París, el pueblo de Gwangju se rebeló espontáneamente y se gobernó a sí mismo hasta su brutal represión a cargo de fuerzas militares nativas inducidas por una potencia extranjera» (2001). Esta potencia militar era, como cabe suponer, Estados Unidos. La influencia anarquista en el movimiento Satyagraha de Gandhi en la India se transfirió al movimiento Sarvodaya de Vinoba Bhave y Narayan en la década de 1960 y puede apreciarse también en movimientos más recientes.

A finales de la década de 1960, Argentina experimentó un resurgimiento de su continuada tradición anarquista a través del movimiento estudiantil. La división entre la FORU y la USU en Uruguay después de la Revolución bolchevique significó que el anarquismo no recuperaría lo que podríamos denominar un electorado hasta la década de 1960. Sin embargo, esta vez no se basaba principalmente en los movimientos de la clase obrera, sino que se cimentó más bien en los movimientos estudiantiles que resultaron de la formación de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) en 1956. Algunos de los que originalmente se involucraron en la FAU, que finalmente tendería a marxismos más deterministas, continuarían para formar organizaciones estudiantiles de orientación anarquista. Estos activistas ayudaron más tarde a construir el Centro de Acción Popular (CAP) como un medio para involucrar a sectores más amplios de la población en las luchas antiautoritarias sin las presiones ideológicas de ser explícitamente anarquistas. Esta tendencia se mantuvo alejada del universalismo ideológico a favor de un pluralismo más subjetivo o panarquía, que, curiosamente, anticiparía la dirección de los movimientos antiautoritarios en los albores del siglo XXI en todo el mundo. Uno de los panfletos del CAP afirmaba: «En lugar de una unidad hipócrita ofrecemos un campo abierto para que todos hagan lo que crean que es necesario [...] dejemos que se definan las posiciones y que cada uno trabaje a su manera». Otro de los cambios en la década de 1960 fue la expansión de los anarquistas hacia sectores de la clase no obrera, como el movimiento campesino. Todos los grupos anarquistas, y de hecho toda la izquierda, se involucraron en la construcción del Movimiento por la Tierra (MT), uniendo así por vez primera a la clase obrera y a los movimiento campesinos en una alianza. Por desgracia, la visión que estas nuevas tendencias mostraron finalmente tendría una vida muy corta, al imponerse una larga serie de dictaduras militares, destinadas a servir a los intereses empresariales de EE. UU.

Solo recientemente, desde diciembre de 2001, estas ideas se han puesto de verdad a prueba tras el derrocamiento del régimen neoliberal de De la Rúa. Primero, el gobierno destruyó las vidas de millones de personas en todo el país al aceptar varias medidas de austeridad sucesivas impuestas por el FMI y el Banco Mundial. Además de no pagar a los empleados estatales durante varios meses seguidos, a muchos trabajadores solo se les permitió retirar una cantidad limitada de dinero de sus cuentas bancarias. Y entonces llegó la gota que colmó el vaso: el gobierno le arrebató a la gente la plena libertad para protestar, declarando el estado de sitio. En este punto, el movimiento asumió el cambio radical de exigir que se destituyese a todos los políticos y que no se les sustituyese simplemente por un conjunto más aceptable de trajes. Este también es el momento en el que la gente comenzó a tomar el poder en sus propias manos, creando asambleas vecinales autónomas estructuradas horizontalmente, así como redes a nivel nacional, regional y urbano de estas asambleas de barrios. Cada vez que diferentes facciones ideológicas intentaron apoderarse del control de estas asambleas, se les dijo que nadie quería seguir su ideología, que ellos solo querían el control directo de su país (Federación Libertaria Argentina).

Hoy, en Oriente Medio, el anarquismo ha crecido especialmente en aquellos países en los que surgieron movimientos relativamente pequeños a principios del siglo XX, en su mayoría entre inmigrantes. Las comunidades anarquistas italianas en las ciudades portuarias de Turquía y Líbano se han extendido desde la década de 1980 hasta las poblaciones locales, a menudo a través de la cultura punk. Por ejemplo, desde mediados de la década de 1990, un grupo libanés llamado Libertad Alternativa (Al Badil al Thariri) ha enviado delegados a encuentros anarquistas internacionales, así como redactando informes sobre el movimiento anarquista local y traduciendo obras anarquistas al árabe.

Desde aproximadamente la misma época, el anarquismo se ha convertido también en una fuerza reconocida en la política turca, con la aparición de representación anarquista en las celebraciones del 1o de mayo y con su participación en encuentros anarquistas internacionales. Los inmigrantes anarquistas italianos y griegos ayudaron a difundir sus ideas en torno a la región mediterránea, hasta los países del norte de África Túnez y Egipto, mayoritariamente en las ciudades portuarias. Aunque su actividad hasta ese momento no parece haber tenido un efecto importante sobre las poblaciones locales, para mediados de la década de 1960 da la impresión de que al menos algunos ciudadanos tunecinos estaban abiertos a las ideas anarquistas. En 1966, un situacionista tunecino llamado Mustapha Khayati ayudó a escribir el texto seminal Sobre la miseria de la vida estudiantil mientras estudiaba en París. La sección argelina de la Internacional Situacionista estuvo representada por Abdelhafid Khatib en su conferencia de 1958 (Stiobhard).

El anarquismo africano se ha desarrollado tanto a partir de la primera ola del anarquismo como de la sociedad tradicional. En Nigeria, la naturaleza comunalista de ciertas sociedades tribales tradicionales formó un entorno social que proporcionaría un marco para la transformación en 1990 de la hasta entonces marxista Awareness League en una rama anarcosindicalista de 1000 miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores, radicada principalmente en la parte meridional del país. Además del comunalismo nativo, la caída del marxismo también formó una base importante para el surgimiento de la Awareness League. Curiosamente, los miembros de la Awareness League han manifestado su interés no solo por el anarcosindicalismo de la AIT, sino también por el más reciente anarquismo ecológico en la línea de Murray Bookchin y Graham Purchase. A la Awareness League le precedió en la década de 1980 una coalición anarquista que se hacía llamar El Hacha (Mbah, 1997: 52). En 1997, en medio de una gran agitación social, al parecer, según el delegado local Bright Chikezie, que había entrado en contacto con el miembro británico de la IWW Kevin Brandstatter, más de 3200 trabajadores de Sierra Leona se unieron a la IWW. Más adelante el mismo año, un golpe militar provocó un exilio en masa de estos miembros de la IWW a Guinea, país vecino en el que Bright inmediatamente comenzó a tratar de organizar a los trabajadores del metal para que se uniesen al sindicato. Tras su llegada a Guinea, el secretario de tesorería general de la IWW viajó a Guinea para reunirse con él y discutir la situación (Brandstatter, 1997).

El fuerte movimiento anarquista sudafricano de principios del siglo XX también llevó a la actual proliferación del anarquismo por los medios de comunicación, librerías y otras organizaciones anarquistas. Sirva de ejemplo el Bikisha Media Collective o la Workers Solidarity Federation sudafricana. Gran parte surgió de los miembros blancos e indios de la escena punk urbana que querían poner sus ideas en práctica. El punto álgido de esta renovación fue el año 1986, cuando se produjo la mayor huelga general en la historia del país, con el paro de más de millón y medio de trabajadores y estudiantes para exigir el reconocimiento del 1o de mayo como fiesta nacional (Mbah, 1997: 64). Por toda África en general, el capitalismo se está volviendo más y más inviable, un proceso descendente del que el socialismo africano ya ha caído en gran medida como resultado. Más allá de las crisis del capitalismo y del socialismo, el sistema de Estado-nación postcolonial también amenaza con ceder inminentemente bajo el peso de la presión desde abajo: las sociedades sin Estado sobre las que se apuntaló con el fin de facilitar el imperialismo y el capitalismo no pueden funcionar en el contexto de semejante cuerpo extraño. De hecho, Mbah ha afirmado bien claramente que la violencia y los disturbios étnicos que se ven por todo el continente representan «el principio del colapso del sistema de Estado-nación moderno». Continúa diciendo que «el surgimiento de una nueva generación furiosa durante este caos es un factor importante para determinar cómo y en qué dirección se resuelve la crisis actual» (Mbah, 1997: 104). Una situación así está lista para la (re) introducción de la naturaleza descentralizada, democrática y autodeterminada de un sistema anarquista sintetizado con el sistema africano nativo de sociedades sin Estado autónomas pero interconectadas.

Cuando llegue el momento de la verdad, la relevancia de este trabajo para el futuro de los movimientos sociales puede no ser tan compleja, sino, alternativamente, podría simplemente consistir en «conservar los mapas que indican los caminos no seguidos», en palabras de Edward Krebs (1998: xiii). Los académicos a menudo tienden a ver todo lo que desarrollan como algo nuevo y sin precedentes. Creo que este trabajo ha demostrado que, aunque hay varias corrientes nuevas dentro del anarquismo actual, muchas de ellas estuvieron precedidas por otros caminos que no se siguieron o que se olvidaron convenientemente en la construcción de lo que se ha convertido en el fenómeno del anarquismo occidental. Confabulándome con los otros intentos más específicos de un proyecto semejante en el pasado reciente, afirmo: «dejad que comience la deconstrucción ». Aunque no sabemos exactamente a dónde nos llevará este proyecto finalmente, sabemos que será un lugar radicalmente más holístico, global y en consonancia con los orígenes del anarquismo como fuerza contrahegemónica que lo que se desarrolló en la tradición del anarquismo occidental en las últimas décadas.

Bibliografía citada

Brandstatter, K. (1997): «Anarchism in Turkey» [en línea]. Disponible en http://www.spunk.org/texts/places/turkey/sp001840.html

Do or Die (1999): «Direct Action in Israel»,

Federación Libertaria Argentina (2002): Argentina: Between Poverty and Protest [Panfleto].

Katsiaficas, G. (2001): «Myth and Implications of the Gwangju People’s Uprising»

Krebs, Edward (1998): Shifu, Soul of Chinese Anarchism, Rowman & Littlefield Publishers, Nueva York.

Mbah, Sam & I. E. Igariwey (1997): African Anarchism: The History of a Movement, See Sharp Press, Tucson.

Stiobhard (2001): «Libertarians, the Left and the Middle East»


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