domingo, 10 de junio de 2018
Columnista se retira de Contrapunto.com luego de sufrir censura
Ricardo Azuaje
[Nota de El Libertario: Nos han remitido este texto de Ricardo Azuaje en donde anuncia su salida del portal Contrapunto.com luego de haber sido víctima de censura. Como manera de sortear este intento de imponer el silencio, publicamos el texto tal cual como lo recibimos.]
Ayer, jueves 7 de junio, publiqué mi artículo semanal en mi columna “Cable al sur”, con la que vengo cumpliendo de manera ininterrumpida desde octubre de 2015, titulado “Libertad condicional”. El mismo duró algunas horas y poco después fue retirado y eliminado de la página, sin que me dijeran nada, al menos oficialmente.
No es un artículo particularmente distinto de otros que he publicado desde hace más de dos años, ni se aparta de lo que he dicho sobre la política y los políticos de mi país desde que comencé a explorar los límites de la libertad de expresión en las redes a través de este espacio, propiciado por Nelson González Leal y su equipo (Franklin Hurtado), y en el que más de una vez fui sorprendido al dejar pasar textos bastante fuertes y deliberadamente provocadores. Hasta éste, donde hablé sobre una liberación fraudulenta y volví a enumerar una buena parte de los responsables de la catástrofe que estamos viviendo. No puedo dejar de mencionar lo gracioso que eran los artículos contra Rangel Gómez encabezados con publicidad de la gobernación del estado Bolívar, que me hacían pensar que no los leían, o que realmente había gente tolerante en ese medio. Pero algo cambió. No sé qué habrá pasado en Contrapunto para que finalmente se hayan decidido a buscar un ambiente neutral, que en el caso venezolano significa volverse chavista light, parte de la vocería fraudulenta de la dictadura (como Telesur o Últimas Noticias), pero lo cierto es que ya no se trata de un espacio independiente, y no queda más que retirarse.
De nuevo, agradeciendo a Nelson por su apoyo en el desarrollo de este proyecto donde, como siempre, no aprendí nada (se suponía que iba a aprender a escribir crónicas, y sigo crudito), y a Maite Ayala –con la que hoy estoy cumpliendo 22 años de casado–, por su ayuda permanente en la corrección y discusión de los textos (por lo que cualquier error estilístico o gramatical pueden considerarlo como de su absoluta responsabilidad). Y a los lectores que me siguieron, que a ratos aburrí o confronté, gracias por la compañía. Tal vez siga con esta columna en Steemit, pero todavía no sé.
Creo que todavía se puede acceder al artículo desde mi muro, pero si no es así aquí se los dejo:
LIBERTAD CONDICIONAL
Los niveles de polución del gobierno de Maduro son tan altos que ya no tienen capacidad ni posibilidad de realizar el menor gesto o acción elemental sin que de alguna manera esté manchado por la deshonestidad y el cinismo (y hasta por cierto grado de sadismo). Naturalmente, estoy refiriéndome a la reciente puesta en escena de una supuesta “liberación” de presos políticos el primero de junio.
De los 39 liberados sólo 19 serían verdaderos presos políticos, y sólo 16 estaban presos; en el grupo adicional hay una estafadora, 16 integrantes de un colectivo chavista que agredió a Henry Falcón y el resto estaría conformado por presos comunes.
Es verdad que desde hace años todos los presos en Venezuela, dadas las pésimas condiciones y el deterioro terrible de las prisiones, son presos políticos, pero lo que este gobierno había ofrecido era liberar “sus” presos políticos, los que lo adversan y están detenidos sin haber pasado por ningún verdadero proceso legal, fueron torturados física y mentalmente y han sido mantenidos en condiciones infrahumanas. Sí, sigue pareciendo que estamos hablando de los otros presos, perdón, privados de libertad.
Es tan cubana la cosa, tan “remember Mariel” (la de mezclar enemigos políticos con delincuentes comunes), que es imposible no considerar que esta maniobra tiene que haber sido resultado de un consejo directo de un alto pana del G-2. Aunque también podría ser parte de esa locura que puede entreverse en –no quiero nombrar a nadie sin tener pruebas– Jorge Rodríguez, Delcy o Diosdado Cabello. Hasta puede haber sido una idea de Maduro, cubanizado hasta en esta pequeña maldad que deben ver como una broma (cómo se habrán reído en el gabinete mientras seguían sin saber cómo salir del embrollo que tienen con el cambio monetario –el cono de la madre en el que se ha convertido la divisa venezolana– y el billete de cien inmortal).
Los liberados no pueden dar declaraciones, hacer actividad política en las calles o en las redes y sólo salir cuando el Gran Platanote así lo considere. Es decir, son libres de continuar presos y simplemente entran en la misma categoría de Leopoldo López: tienen casa por cárcel, así como el resto de la mayoría ciudadana que se opone al régimen dictatorial de Maduro tiene el país por cárcel.
No es así, seguro no es así, pero me gustaría pensar que entretanto hay una cárcel construyéndose en un futuro cercano para albergar a todos los responsables de esta catástrofe política, económica y social, de esta degradación que ha incluido asesinatos, violación de derechos humanos, violaciones a la Constitución, fraudes electorales en diversos planos y la destrucción casi total, o total, del sistema judicial y electoral.
No lo saben, aunque quizás más de uno ya lo intuye, pero son ellos los que están en libertad condicional, una libertad violada a diario y que irremisiblemente los llevará a esa prisión tras un juicio justo y una segura condena.
He aquí mi lista –ustedes tendrán la suya y hasta yo debo estar en más de una– de sujetos de la dictadura que actualmente se encuentran en libertad condicional: Nicolás Maduro, Cilia Flores (se les permitirá visita conyugal, como parte del castigo), Jorge Rodríguez, Delcy Rodriguez, Diosdado Cabello (y familia, inicialmente todos los parientes en primer y segundo grado, y lo mismo para los parientes de Cilia, incluyendo los adoptados); Pedro Carreño, el general Padrino López, el resto de los generales y todos los rangos inferiores, hasta el de cabo primero; Tareck el Aissami, Tarek William Saab y todos los fiscales que han sido cómplices de las detenciones ilegales, Rodríguez Zapatero (Interpol y Unión Europea mediante), Raúl Castro (Dios mediante, aunque no exista), Atilio Borón (Macri mediante, aunque tampoco exista), Freddy Bernal, Robert Serra (Changó mediante), Hugo Chávez (cuya memoria será condenada al olvido y que seguramente será el peor castigo para él y los que quieren montar un culto en su nombre), Aristóbulo Istúriz, Jorge Arreaza, Francisco Rangel Gómez (autor intelectual de más de una masacre y destructor de Guayana antes de la implementación del Arco Minero), Elías Jaua, José Gregorio Hernández (porque estoy seguro de que algo tuvo que ver, beato resentido), Mario Silva, José Vicente Rangel (que era el beato resentido en el que estaba pensando), Luisa Ortega Díaz (sí, aunque haya salido y se haya pasado a la oposición tiene una alta cuota de responsabilidad en todo lo que sucedió, especialmente en la tramoya para condenar a Leopoldo López), Miguel Rodríguez Torres (por los muertos de 2014), Tibisay Lucena y su equipo, Maikel Moreno y sus secuaces (que es como se les dice ahora a los jueces del TSJ, y a los del CNE).
No es una lista basada en el odio (de verdad, no odio a nadie), sino en la certeza de que se han cometido delitos de corrupción en todas sus variantes, que se ha violado la constitución en todas sus formas y se han lesionado los derechos humanos de millones de ciudadanos. Y los responsables están a la vista de todo el mundo.
Es verdad también que en esta lista hay más de un estafador y mucho delincuente común, y hasta un par de psicópatas, pero es inevitable, porque ellos sí son criminales políticos.
No tienen derecho a régimen de presentación, porque son impresentables. No tienen derecho a casa por cárcel porque hicieron de cada casa una cárcel, de cada día una persecución. Tienen derecho a permanecer callados, y ojalá, finalmente, puedan permanecer callados.
Son tan miserables, han degradado tanto lo que los rodea y rechaza, que han logrado ponernos a todos en libertad bajo palabra, en libertad condicional.

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