domingo, 6 de mayo de 2018

Mayo ’68 y la reveladora lección del destino posterior de sus “líderes”


Periódico Solidaridad Obrera

Han pasado 50 años del Mayo francés del ’68 y es previsible que se publiquen muchos artículos para repasar que fue de aquella “segunda revolución francesa”, que se repasen sus reivindicaciones y que se hable de algunos de los protagonistas que se erigieron como líderes. Nosotros no seremos menos.

Durante esos días París era el punto donde otros movimientos sociales de distintas partes del mundo dirigían su mirada. La educación universitaria había dejado de ser el privilegio de adinerados y en la capital francesa, a finales del mes de marzo, el movimiento estudiantil, en un firme posicionamiento de rechazo a cualquier tipo de autoridad y de tabús morales, empezó unas protestas que poco después se extendieron a clase obrera. Las reivindicaciones estudiantiles salieron de las aulas, llegaron a los centros de trabajo y se organizó una huelga general donde 10 millones de trabajadores ocuparon los centros de producción. Era una lucha contra el poder establecido donde el discurso antimilitarista, en plena Guerra de Vietnam, también estaba presente y convivía con el feminista, el ecologista, el del derecho a la libertad sexual o el del respeto a las minorías, entre otros, sentando las bases de unas exigencias que hoy se asumen políticamente, pero donde cinco décadas después aún hay mucho camino por recorrer.
 
Ciertamente, terminó siendo sofocada, pero afortunadamente sus humos aún impregnan cierto espíritu combativo francés, pues ocasionalmente se deja ver convirtiéndose en un lastre ante las pretensiones de sus sucesivos gobiernos por implantar las recetas neoliberales.

¿Qué fue de sus protagonistas más emblemáticos y de las reivindicaciones?

El personaje más mediático fue Daniel Cohn-Bendit, bautizado como «Dany el Rojo» por su ideología –entonces supuestamente anarquista– y por su color de pelo. Descendiente de alemanes, tuvo que irse de Francia y no se le permitió volver hasta pasados 10 años. En 1994 se presentó por el partido ecologista alemán a las elecciones europeas y obtuvo un escaño. De hecho, presidió ese grupo parlamentario hasta 2014. Para argumentar su apuesta por las urnas confesó que haber «dejado de creer en la revolución» y que en 1999 ya se había autodefinido como «libertario liberal». Recientemente llegó incluso a hacer campaña por el hoy presidente francés, Emmanuel Macron.

Otro de aquellos personajes fue Alain Geismar, por aquel entonces un profesor maoísta que era secretario del Sindicato Nacional de la Enseñanza Superior. Después de Mayo del 68 fundó Izquierda Proletaria, organización que defendía la revolución espontánea. En 1990 ascendió a Inspector General de Educción y dos años después se le nombró consejero del alcalde de París. Geismar llegó a apoyar a Strauss-Kahn, candidato socialista a las presidenciales, si bien quien terminó como presidenciable fue Ségolène Royal.

Para completar la troika hay que hablar también de Jacques Sauvageot, que tardó mucho menos en querer saborear las mieles políticas. Estudiante de La Sorbona, fundó la Juventud Comunista Revolucionaria y por aquel entonces era vicepresidente de la Union Nationale des Étudiants, un sindicato estudiantil. Hasta en dos ocasiones, en1969 y 1974, llegó a presentarse a unas presidenciales, pero ante su fracaso tuvo que presentarse a las elecciones europeas, ocupando un escaño desde 1999 a 2004 por la Liga Comunista Revolucionaria.

El caso de estos tres personajes corrobora el sabido riesgo de dejar que salgan líderes durante las movilizaciones populares. Afortunadamente queda el legado positivo de aquellos días y el de miles de franceses que los vivieron. Lejos de desistir, su recuerdo debe incitarnos a seguir luchando por sus aspiraciones, pues no han sido alcanzadas plenamente y desde entonces han surgido otras muchas, todas ellas indispensables para seguir reivindicando una revolución social.

[Publicado originalmente en el periódico Solidaridad Obrera # 370, Barcelona, abril 2018.]


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