domingo, 27 de mayo de 2018

Delincuencia individual y delincuencia de Estado: Las dos violencias




Michael Onfray

La violencia es tan vieja como el mundo y nos equivocaríamos si la creyéramos más extendida hoy que ayer o anteayer. Desde el inventor del garrote paleolítico hasta el ingeniero que pone a punto una bomba de rarefacción  de oxígeno, la brutalidad no cesa, se metamorfosea. Se la llama legítima cuando pretende hacer respetar el orden  republicano -de hecho, cuando se contenta con permitir y garantizar el buen funcionamiento de la máquina liberal-. Por el contrario, se la considera ilegítima cada vez  que proviene de individuos que actúan por su cuenta -de  la ratería al asesinato político pasando por las agresiones, crímenes y delitos inscritos en el Código Civil...-.

Opino que la delincuencia de los individuos funciona como contrapunto de la delincuencia de los gobiernos. En todas partes del planeta los Estados contaminan, avasallan a las minorías, declaran guerras, aplacan las  sublevaciones, reprimen las manifestaciones, encarcelan  a los opositores, practican la tortura, las detenciones arbitrarias, ahorcan, arrestan, en todas partes compran silencios y complicidades, desvían fondos en cantidades faraónicas y otras preciosidades reportadas parcialmente por la prensa cotidiana. Esa violencia no encuentra  nada por encima de ella, y es eso lo que la hace llamarse legítima.

Paralelamente, los delincuentes privados hacen gritar como descosidos a los practicantes de las violencias públicas. Como si fuera un solo hombre, el personal político se excita ante estas cuestiones cruciales para
Los demagogos: la inseguridad, la delincuencia, la criminalidad, las incivilidades; a esto se limita el debate político contemporáneo. ¿Represión o prevención? Ahora hasta  se rechaza esta alternativa, antaño operativa, para responder de una solamanera: represión. En Nuestras sociedades despolitizadas, las diferencias residen en las formas y ya no en el fondo.

Los depredadores que activan el liberalismo actúan más allá del bien y del mal, acumulan considerables riquezas que se reparten entre ellos dejando a la mayor  parte de la humanidad pudrirse en la miseria. El dinero,  el poder, los honores, el goce, la fuerza, la dominación, la propiedad lo es todo para ellos, un puñado, una elite; para los otros, el pueblo, los humildes, los simples, bastan la pobreza, la obediencia, la renunciación, la impotencia, la sumisión, el malestar... Villas Señoriales en los barrios elegantes de los países ricos contra chozas derrumbadas en las zonas devastadas; fortunas concentradas en el hemisferio Norte, Pobreza en el hemisferio Sur; Ricos del centro y desheredados de los suburbios; perros  y gatos hartos de Europa, niños africanos que mueren de  hambre; prosperidad económica de los pudientes contra suspiro de las víctimas exangües. Violencia legítima de los poderosos contra violencia ilegítima de los mendigos, el viejo motor de la historia...

Nos equivocaríamos si apuntáramos los proyectores  sólo sobre las violencias individuales cuando todos los días la violencia de los actores del sistema liberal fabrica situaciones deletéreas en las que se hunden aquellos que, perdidos, sacrificados, sin fe ni ley, sin ética, sin valores, expuestos a las asperezas de una máquina social que los tritura, se contentan con reproducir a su nivel, en su mundo, las exacciones de aquellos que (los) gobiernan y permanecen en la impunidad. Si Las violencias llamadas legítimas cesaran, se podría finalmente considerar la reducción de las violencias llamadas ilegítimas...

[Tomado del libro La filosofía feroz, que en versión completa es accesible en https://anarkobiblioteka2.files.wordpress.com/2016/08/la_filosofc3ada_feroz_-_michel_onfray.pdf.]


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