domingo, 29 de abril de 2018

Venezuela: 1° de Mayo deprimente en plena crisis


Humberto Decarli



Un nuevo primero de mayo anodino en nuestro país cuando debía ser una fecha de lucha por la grave situación económico-social. El día del trabajador ha devenido en la nada por diferentes motivos que inciden en pasarlo por debajo de la mesa. Un onomástico de los sucesos de Chicago en 1886, cuyo mayor logro fue la jornada diaria máxima de ocho horas de trabajo, cada vez reviste menos relevancia. En unas naciones constituyen paradas festivascircenses contrarias a cualquier acto serio; en otras conforman desfiles militares como en la fenecida Unión Soviética marcando al evento con el estigma castrense; hay donde sí se realiza en el entorno de la lucha y la movilización; y también existen las que no permiten ninguna clase de manifestación.



Los trabajadores en Venezuela



El modo de producir capitalista en el territorio venezolano adviene con la producción petrolera porque fueron empresas transnacionales quienes organizaron su exploración y explotación a través de concesiones otorgadas por la dictadura gomecista. Los campos petroleros requirieron un proletariado para poder dar curso al desarrollo de la extracción del oro negro. Las difíciles condiciones de trabajo causaron a la postre insatisfacción en los trabajadores quienes llegaron a la famosa huelga petrolera en 1936.



Durante los gobiernos militares que sucedieron al gomecismo nunca se permitió la protesta y menos la sindicalización porque era una manera de mantener las inicuas relaciones obrero-patronales y además, al ser gobiernos autoritarios impedían prácticas capaces de alterar la paz social impuesta fácticamente. La concepción de gobernanza pasaba por la intimidación a la gente con miras a paralizarla a partir de la sumisión y el miedo.



Enfoque obrerista del puntofijismo



El pacto de gobernabilidad efectuado en Nueva York entre los tres líderes de los partidos políticos más importantes, Rómulo Betancourt, JóvitoVillalba y Rafael Caldera, concebía a los sindicatos como entes conformantes de un factor de poder dentro de la pentarquía puntofijista. La gran central, la CTV y las demás, CUTV. de la izquierda marxista y Codesa socialcristiana, fueron valoradas como parte del esquema gubernamental. Debían cumplir el rol de contenedores y conductores de las protestas y las huelgas.



La confederación del PCV y el MIR mencionada se incorporó a la lucha armada y luego de la derrota se minimizó. La C.T.V. estaba dirigida por un factótum, el buró sindical de AD, y coexistió con los demás partidos y tendencias dentro del movimiento sindical incorporándolos a una estructura oficial. Hasta le entregaron una entidad bancaria, el Banco de los Trabajadores, el cual fue destruido en el entorno de una enorme corrupción habiendo sido su fin el financiamiento de huelgas que nunca se cumplió.



Hubo una excepción al reformismo típico del puntofijismo, el nuevo sindicalismo. Sutiss, el sindicato de Sidor, fue ganado por un movimiento emergente, la Causa R y su estilo fue contrario al tradicional. Las reuniones para discutir la convención colectiva no era en bares ni restaurant sino en la inspectoría del trabajo, la sede de la empresa o el sindicato. Las cláusulas socio-económica no eran trabas como si lo fueron los de seguridad industrial y no había costas extracontrato. En fin, se inauguró una manera distinta de ordenar el sindicato fuera de los moldes de la visión economicista. Sin embargo, esta corriente disminuyó y actualmente tiene escasa fuerza.



El declive del sindicalismo nacional fue concomitante al modelo adeco-copeyano porque ambos estaban estrechamente vinculados. La corrupción, la inconsecuencia, la ineficacia como reformistas, la absorción del sindicato por los partidos y el desprestigio como representantes de los obreros, fueron factores incidentes en la decadencia del movimiento laboral durante el lapso puntofijista.



Rol de los trabajadores en el populismo militar



Al triunfar Hugo Chávez en las elecciones de 1998 se perfila un proyecto de dirección del país fundado en un factor de poder esencial, las fuerzas armadas, prescindiendo de los demás enjugados con el culto de la personalidad del presidente y la manipulación popular entendida la población como una masa amorfa susceptible de ser moldeada. El chavismo pretendió intervenir en la C.T.V. promoviendo la candidatura de Aristóbulo Istúriz, quien fue derrotado por el burócrata adeco Carlos Ortega. Frente a ese obstáculo el Estado procedió a imponer sindicatos complacientes y para ello, desde el ministerio del trabajo, se inscribían solo los bolivarianos. Asimismo, se apeló a federaciones tradicionales que suscribieron convenciones colectivas redactadas por el aparato de dominación. Adicionalmente, con la llegada de la bonanza petrolera, hubo dinero en exceso apto para tranquilizar las turbulencias laborales transitoriamente.

Al descender el barril petrolero, aunado al despilfarro y al gasto público exacerbado, comenzó una crisis profundizada por la incapacidad de extraer el excremento del diablo al no hacerse las inversiones y el mantenimiento necesarios. Las convenciones colectivas fueron congeladas y las empresas del Estado, las grandes empleadoras, se vieron en la necesidad de avenirse con los sindicaleros de su misma tendencia para prolongar indefinidamente la vigencia de los vencidos, quid pro quo mediante a través de bonos.



Paralela a las centrales tradicionales (CTV, CGT, CODESA y la bolivariana), se han organizado otras como Unión Nacional de Trabajadores, encabezada por Marcela Máspero partiendo de sindicatos originalmente chavistas; la corriente C-Cura, de orientación trotskista, cuya cabeza es Orlando Chirinos; el Fadess aglutinador de algunos sectores y el grupo dirigido por Rubén González.



La actitud del gobierno contra los grupos no adictos al oficialismo ha sido de represión, juicios penales, cárcel y asesinatos. Tienen una visión punitiva frente a los reclamos salariales, huelgas y demás expresiones de la lucha típica de la dinámica del derecho social.


Caracterización de las relaciones de trabajo hoy


Venezuela es una economía atípica dentro de un capitalismo de Estado como el vigente por haber sido rentista de los hidrocarburos. El aparato de sumisión es el epicentro de la actividad económica por la dependencia de la monoproducción petrolera, esto es, es un patrono fundamental dada la relevancia de esa materia prima. Las empresas del Estado no pueden responder a las exigencias laborales por las restricciones presupuestarias y criterios obsoletos en materia de inversión.



El enfoque estatista indica que debe mantenerse a toda costa la estructura de la siderúrgica del Orinoco. Era solo posible cuando hubo bonanza pero no ahora. Una acería rentable pasa por su reconversión como ocurrió en el Reino Unido en los años ochenta del pasado siglo. Se redujo radicalmente el personal, se hizo una alta inversión en tecnología y lamentablemente la máquina reemplazó el trabajo humano. Es inimaginable manejar óptimamente aSidor con solo 700 trabajadores cuando tiene en nómina más de 14.000 y otros miles indirectos.



El criterio del Estado es que siendo socialista no pueden los laborantes perseguir conquistas sociales para colocarlo en aprietos. Los sindicatos están para paralizar las reclamaciones porque afectarían a quien supuestamente los representa. Adicionalmente están auxiliados por los organismos administrativos del ministerio del trabajo y los tribunales laborales, inclinados ostensiblemente a la defensa de las empresas públicas y de las privadas poderosas.



La tendencia mundial del postcapitalismo es prescindir del factor trabajo a través de su reemplazo por la tecnología y los procesos de reingeniería destinados a aprovechar la gestión con el mínimo gasto y máxima labor. La inclinación de las transnacionales del sector financiero, energético y de telecomunicaciones es hacia la reducción del staff progresivamente, amén del desempleo generado por la profunda recesión atravesada acá desde hace tres años. La conocida tesis de Marx de concebir al desempleo como un ejército de reserva para la rotación del personal hoy ha recibido un mentís en la realidad porque quien sale del proceso productivo y de comercio difícilmente pueda volver creándose la exclusión social. Solo queda como opción la economía informal y la criminal.



La probabilidad internacional es que haya cada vez menos trabajadores, cuantitativa y cualitativamente. Mientras más avanzada sea la economía de una nación será menor el empleo y al contrario al poseer menos tecnología. Las zonas económicas especiales en China y Cuba, por ejemplo, así como las maquilas en varias regiones de Asia y América Latina, son muestras de las peores condiciones de trabajo (largas jornadas, prohibición de protestas, discriminación con base en el género, trabajo de niños yelderecho a huelga inexistente), sueldos mínimos e inexistencia de sindicatos, consejos o cualquier forma de organización de los obreros.



La militarización de las empresas del Estado incide en una mayor disciplina fundada en la intimidación por la presión policial y militar. Se dan los casos de Hidrocapital y Corpoelec, donde el Sebin hostiga a los trabajadores para obligarlos a trabajar y prohibirles las renuncias por considerar ser miembros de entes estratégicos. La vinculación de los militares que la dirigen con sus laborantes es cuartelaría porque están acostumbrados a ordenar y no a dialogar. Se obedece so pena de sanción.



Por otro lado, las organizaciones sindicales están pasando un mal momento porque no se ven sus dirigentes como representantes sino burócratas persuadidos por un Estado omnisciente. Se deslegitima un sindicato por no haber hecho elecciones pero sin permitirle ser un sujeto activo procesalmente hablando porque no pueden efectuar sino simples actos de administración. Pero a la hora de requerirlos para suscribir convenciones colectivas limitadas apelan a la figura de la coalición sindical, vale decir, al estar fuera de ley una determinada federación se designan a sus directivos como representantes de sindicatos que sí están activos como ocurrió con los avenimientos de C.A.N.T.V. y Corpoelec.



Desde que las elecciones sindicales las monitorea y autoriza el Poder Electoral se ha convertido en una verdadera ordalía la celebración de comicios internos. Por supuesto, manipulan para favorecer a los oficialistas a la hora de materializar esos eventos como sucedió con el sindicato del metro de Caracas y el sindicato eléctrico del Táchira. El colmo de los personeros sindicales es que muchos de ellos son oficiales de la milicia con lo cual se descalifican como representantes de los trabajadores ya que al pertenecer a un cuerpo de los administradores de la violencia del Estado están ejerciendo intereses contrapuestos. El Estado es el patrón y el sindicalista, la contraparte en la ecuación obrero-patronal, es un funcionario disciplinado y obediente del mismo, fungiendo ser las dos partes. Esta situación se encuentra denunciada ante la Organización Internacional del Trabajo.

Otro aspecto a analizar es la consideración de la clase trabajadora como sujeto histórico de un cambio social. Prima facie, esa valoración se ha discutido enormemente y desde las conclusiones de la Escuela de Frankfurt, quienes consideraban a los obreros como integrados al sistema, hasta las investigaciones sobre el poder de los posestructuralistas concluyen en la inexistencia de un eje de transformación, más bien el existente es el del poder, el Estado. En el caso venezolano ese estamento social, en el sentido ortodoxo del marxismo, no tiene un lugar especial a la hora de metamorfosis porque ha tenido una praxis conservadora como lo demuestra su conducta en estos momentos de grave crisis al asumir una posición escapista y domesticada por el hambre. Difícilmente alcance un lugar estelar cuando se intente resolver la actual coyuntura de muerte y asfixia.



Día del trabajador en el año 2018



El presente año nos dibuja un triste día del trabajador a pesar de haber múltiples causas económicas y sociales para protestar. La convocatoria a participar es variopinta y fragmentada. El oficialismo tendrá su marcha típica del carnaval adeco enmarcada dentro de la apagada campaña electoral presidencial. Las grandes centrales (Fades, Uenete, CTV, CGT, Codesa)lo harán hacia el estadio universitario. La corriente C-Cura efectuó un acto en el auditorio de la Federación Petrolera. El sindicato de trabajadores eléctricos de Caracas hará una movilización el lunes 30 de abril llamando a elecciones y a discutir la convención colectiva demorada. Seguramente el Frente Amplio, nueva fachada de la MUD, irá con las confederaciones mayores siempre marcado con el tinte partidista.



Nuevas frustraciones traducen un día que podía ser de otra manera. Independientemente sobre cuál será el desenlace de esta terrible crisis que nos aprisiona en todos los órdenes, se puede apreciar el estado de debilidad del movimiento sindical el cual podría ocupar un espacio estelar pero ha perdido credibilidad ante una masa de laborantes solo pendientes en emigrar o arrodillarse más ante los planes disciplinarios del hambre ejecutados por la dictadura. El valor de la representación se encuentra absolutamente decaído y el segmento de los trabajadores no es una excepción.





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