sábado, 17 de febrero de 2018

Ciencia e investigación universitarias, también víctimas del desastre chavomadurista


María C. Parra-Sandoval

Calidad y productividad de los procesos universitarios son principios que han sido deslegitimados por la acción del gobierno nacional, el cual en la implementación de sus políticas, con relación a la ciencia y la tecnología, al igual que como se ha señalado con respecto a las políticas universitarias, ejerce un control previo que filtra todo proyecto a través del Plan Nacional Socialista.

Tal como fue mencionado antes, la propuesta de que el Estado venezolano sea un Estado Socialista no contó con el apoyo de la población cuando fue sometida a referéndum, a pesar de que se hizo en un momento de gran popularidad del Presidente Chávez. No obstante, poco después de haber sido rechazada esta propuesta, la Asamblea Nacional aprobó el Primer Plan Socialista 2007-2013, en el cual se destaca como una de las líneas estratégicas el llamado Modelo Productivo Socialista, al cual debería responder la producción de ciencia y tecnología. Este es el antecedente de lo que sería el Segundo Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación, 2013-2019, hoy vigente.
 
Así, aunque el llamado Plan de la Patria no define en qué consiste el mencionado modelo, si deja claro que se convierte en la guía de la transición al socialismo bolivariano del siglo XXI, lo cual supone que toda política del gobierno está orientada hacia ese objetivo. Esto tiene como corolario, en la educación universitaria, la formación sociopolítica de los cuadros que se requieren para ello y, en consecuencia, los conceptos de calidad y productividad estarán mediados por los elementos ideológicos que identifican al socialismo.

En tal sentido, la Universidad Bolivariana de Venezuela, como modelo emblemático de universidad al servicio de la formación de estos cuadros, declara que impulsará “[…] las transformaciones políticas, ideológicas, académicas, institucionales, administrativas y legales necesarias […]” para acompañar e impulsar la edificación de la sociedad socialista (REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA; MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN SUPERIOR, 2007). De allí que sea una institución que se presenta como comprometida con el adoctrinamiento de los estudiantes, en la concepción socialista del conocimiento y de la vida y niega la condición universalmente aceptada de la universidad como espacio plural.

En la práctica, los resultados de esta orientación ideológica de la universidad, que subordina la calidad y la productividad a lo ideológico, indican que se ha producido un deterioro notable en términos de resultados de investigación y del desarrollo de posgrados. En el caso de la investigación hay varios efectos de esa concepción ideológica que resaltan. En primer lugar, la eliminación del Programa de Promoción del Investigador (PPI), el cual, a pesar de las fallas que presentaba, había logrado generar una cultura de la investigación y de la publicación incipientes, pero que hizo que de 740 profesionales que fueron certificados como investigadores en la primera convocatoria en 1992, dos años después (1994), para la segunda convocatoria, se pasara a 1.526 investigadores, tendencia que fue creciendo hasta la última convocatoria en 2008, al alcanzar los 8.869 investigadores. (REQUENA; CAPUTO; SCHARIFKER, 2015)

El Programa fue suprimido y sustituido por el Programa de Estímulo a la Investigación (PEI), en el que se elimina la figura del investigador, bajo la premisa de que lo importante es el producto, que es la investigación. El PEI, mantuvo algunos elementos del PPI, sin embargo su implementación y efectos no han sido todo lo transparentes que se espera, en cuanto a la composición de las comisiones evaluadoras y la discrecionalidad en la evaluación y comunicación de los resultados. No obstante, para la primera convocatoria en 2011 fueron acreditados 11.338 investigadores (llamados cultores en el lenguaje de la revolución), cifra que creció hasta ser 24.465 los reportados en 2013. Durante la vigencia del PPI, la cifra de investigadores acreditados correspondía aproximadamente con el número de profesionales con dos o más publicaciones en revistas reconocidas y realizadas desde Venezuela. A partir del periodo 2004-2005 estas cifras comenzaron a disminuir, a pesar de que, según lo reportado por el gobierno, el número de investigadores ha aumentado (id.ib.). Esto pone en evidencia que la investigación producida, bajo las condiciones impuestas por una política que privilegia lo ideológico y clientelar-partidista, por lo menos carece de la visibilidad necesaria que garantice la difusión del conocimiento producido, al tiempo que abona a la banalización de la investigación.

Por otra parte, el deterioro que exhiben las condiciones para la producción de conocimiento repercute en la calidad de los posgrados, en tanto su desarrollo está estrechamente vinculado a la investigación. De allí que aunque el número de programas autorizados de posgrado se haya mantenido más o menos constante en los últimos años – 964 hasta 2017, segundo el Consejo Consultivo Nacional de Posgrado (2017) –, si no están soportados por el desarrollo de la investigación y de las publicaciones su existencia se limita, en el mejor de los casos, a la reproducción del conocimiento producido por otros, cuando no a la repetición mecánica de contenidos que se supone que han sido desarrollados en el pregrado.

A esta situación se añaden los efectos que debe estar produciendo la descapitalización de recursos humanos, que está afectando de manera notoria a las universidades. Cuestión que no ha sido estudiada a fondo, pero de la que lo poco que se ha hecho se da cuenta del incremento de la migración de científicos y académicos en los últimos años, en Venezuela. Jaime Requena, uno de los autores que más ha investigado sobre estos temas vinculados con el sistema de ciencia y tecnología en Venezuela, señala con alarma que este “[…] está inmerso en una profunda crisis debido al clientelismo político, la glorificación de la mediocridad, rechazo a la excelencia y erradas medidas de financiamiento […]” (REQUENA; CAPUTO, 2016, p. 452).

Consideraciones finales

El proceso iniciado en 1999 en Venezuela, presentado como una alternativa insoslayable para romper definitivamente con toda forma de colonización e imposición de fuerzas extrañas al país, ha devenido en un proceso que, como señalé al comienzo, ha profundizado las carencias y debilidades que exhibía la universidad y la producción de conocimiento en los periodos previos. La imposición de criterios clientelares-partidistas, el desconocimiento de la pluralidad del pensamiento y de la autonomía académica, el acoso a las universidades autónomas, a los profesores y estudiantes que expresan sus opiniones contrarias al gobierno y la imposición autoritaria de una orientación ideológica, con la cual obligatoriamente deben identificarse y comprometerse las instituciones y las personas, dibuja un escenario en el que se mantienen las desigualdades y la equidad es una palabra vacía.

Referencias

REQUENA, J.; CAPUTO, C. Y; SCHARIFKER, B. “Un gobierno ajeno a sus obligaciones en ciencia, tecnología e innovación”. In: ACADEMIAS NACIONALES DE VENEZUELA. Sobre corrupción, ética y desarrollo en Venezuela. Caracas: Academias Nacionales de Venezuela, 2015. Disponible en: Consultado en: 23 de Junio 2016.

REQUENA, J.; CAPUTO, C. “Pérdida de talento en Venezuela: Migración de sus investigadores”. Interciencia, Vol. 41 Nº 7, 2016. p. 444-453.

[Extraído de un artículo más extenso, titulado “La reinstitucionalización de la educación superior en Venezuela: ¿Descolonización del conocimiento?”, que en versión completa es accesible en https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6192027.pdf.]


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