jueves, 22 de febrero de 2018

Autogestión en reflexión: Consideraciones distintivas en Latinoamérica


Esteban Coronel S.



Si bien el examen de las diferentes posiciones sobre el tema exige una postura flexible que agrupe generosamente sus prácticas, la autogestión se postula a términos generales como una rehabilitación de la dimensión política de la sociedad la cual ha quedado marcada por el economicismo y el positivismo; la autogestión se asume a si misma como un realismo democrático que se funda sobre las dificultades en el ejercicio democrático del poder y sus condiciones. Adicionalmente, la autogestión también se define como método de apropiación social de los medios de poder en la sociedad, trascendiendo la idea de solo apropiarse de los medios de producción en la que está atascado el socialismo (Rosanvallon, 1979: 20-21).



De esta forma, la autogestión es tanto una estrategia como un objetivo y le agregaría también una forma de práctica; es decir, la autogestión es objetivo, estrategia y práctica social vinculada al desarrollo de un modo de producción autónomo y de un sistema político soberano.



Algunas consideraciones importantes estarán relacionadas con la idea de tomar a la autogestión como respuesta concreta al fracaso de las formas de organización y producción capitalistas, sin embargo es importante tener en cuenta que, al menos en nuestros países de Latinoamérica, los procesos autogestionarios presentan asimetrías que responden tanto a las circunstancias históricas de su desarrollo como a la flexibilización misma sufrida por el concepto de un país a otro.



Por ejemplo, en países como Brasil o Argentina e incluso Uruguay, las principales experiencias tienen que ver con los procesos de las fábricas recuperadas u ocupadas por sus trabajadores en respuesta a tratos injustos por parte de los propietarios de la fábrica o abandono de la actividad en detrimento de los trabajadores. También se aborda el concepto desde pequeños grupos mutuales y cooperativas, hasta iniciativas individuales de manufactura y comercialización. Todos evidentemente muy centrados en el campo de lo económico.



Lo particular de estas iniciativas es que no hace parte de sus componentes fundacionales los principios de ruptura con el sistema opresor o dominante, es decir, estos espacios aceptan concesiones y condiciones que impone el sistema hegemónico, conservando principalmente un sentido de horizontalidad en la administración interna de la empresa o fábrica y sus formas de distribución de la riqueza. Estas fábricas o empresas generalmente también hacen parte de programas de subsidios estatales o públicos, que se terminan convirtiendo posteriormente en las principales fuentes de supervivencia de estas empresas y si un proyecto económico tiene como principal socio al Estado, está negando algunos principios fundamentales de la esencia autogestionaria convirtiendo el proceso en una iniciativa de cogestión o heterogestión radicalmente diferente a un proceso auténticamente autogestionario.



Perú fue el primer país no socialista en impulsar proyectos de tipo autogestionario especialmente en la década de los 70’s,pero estas iniciativas eran impulsadas y dirigidas desde el Estado lo que produjo multiples problemas y obstáculos relacionados sobre todo con la toma de decisiones y la relación horizontal y no jerarquizada de la organización (Adizes, 1971). Uruguay ciertamente puede encontrarse en esta posición hoy. El gobierno uruguayo de este último periodo y el gobierno ecuatoriano en menor medida, le ha dado una especial importancia a la autogestión destinando políticas y fondos monetarios para el impulso de este tipo de proyectos, sin embargo, estas iniciativas tienden a volverse totalmente dependientes del Estado y pulverizan la esencia contra-hegemónica de la autogestión cediendo por completo su existencia a la voluntad política del gobernante de turno.



Colombia presenta una experiencia interesante en este sentido ya que las principales experiencias de autogestión se encuentras en procesos de resistencia civil en una clara oposición a los esquemas de explotación y de opresión de las estructuras de dominación capitalista: El Estado y el Mercado. Esto puede ser un poco lógico debido sobre todo al perfil político del país, por ejemplo, en la Argentina y Uruguay hay más proyectos que se autodenominan de autogestión que presentan ciertos niveles de articulación con el Estado, esto puede responder a que el Estado efectivamente apoya estos procesos,más allá de la inconveniencia de su involucramiento, en Colombia por el contrario, los componentes estatales que apoyan la autogestión son casi inexistentes.



Colombia es un país con una férrea tendencia capitalista y neoliberal y la autogestión es un proceso que se relaciona a las corrientes de la izquierda, las cuales han sido históricamente víctimas de una violenta represión, persecución y desaparición por parte del Estado colombiano. Es por esta razón que quizá en Colombia los procesos de autogestión se desarrollan desde la resistencia y no desde la cogestión. Estos procesos de autogestión en Colombia se pueden rastrear especialmente en comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes que presentan profundas necesidades sociales, con una evidente alienación y desatención por parte del Estado y víctimas de una histórica y sangrienta violencia resultante de las alianzas corruptas entre el Estado y los terratenientes e industriales capitalistas nacionales e internacionales.



Bolivia ha desarrollado procesos de autogestión a través de los consejos obreros de las minas que luego terminarían convirtiéndose en procesos de cogestión o en algunos casos, de participación. Esto mismo es lo que ha pasado en Chile, Venezuela y Centroamérica (Iturraspe, 1986), con empresas de propiedad social, consejos de trabajadores, cooperativas y algunas asociaciones agropecuarias e indígenas que también terminan siendo subsumidas por el Estado.



A través de los anteriores vistazos se buscaba ofrecer un panorama descriptivo que reflejara de manera simplificada los procesos generales autogestionarios en Latinoamérica [4] de lo cual se concluye que la Autogestión, es parcialmente tolerada por ciertos gobiernos de la región y

algunos otros sectores de poder interesados en aprovecharse de esta visión como catalizador de presiones sociales que terminan apoderándose de la iniciativa y volviendo a los trabajadores en dependientes absolutos de alguna fuerza externa que mediatiza intereses ajenos a los propios negándoles su inserción en los procesos de luchas populares, supeditando su existencia a la inestabilidad de los regímenes políticos separando la viabilidad global de la experiencia del marco del movimiento social y popular.



En resumen, Latinoamérica presenta una interesante trayectoria en procesos autogestionarios, pero muy poco de ellos llegan a ser emancipadores [5]. La mayoría de estos procesos terminan confundiéndose en iniciativas cogestoras que consienten la relación y articulación de la experiencia autogestora con la estructura general de explotación capitalista, sea con el Mercado o sea con el Estado, que habitualmente subordinan o eliminan la experiencia haciendo que el capital y la burguesía reproduzcan su hegemonía.



Los resultados de un proceso de autogestión solo podrán verse en momentos de ruptura, en donde estas organizaciones logran ser la base de la nueva sociedad pasando por encima de la acción del Mercado y el Estado, siendo innecesaria la permanencia de estos como rectores sublimes de la vida y dejando sin legitimidad al poder autoritario. Solo en este momento podremos

Afirmar que el proceso autogestionario de construcción de poder popular fue exitoso.



Notas:



[4] Francisco Iturraspe compila una interesante obra (Participación, Cogestión y Autogestión en América Latina  -2 Tomos-, Caracas: Nueva Sociedad, 1986) que recoge descripciones de procesos autogestionarios de Sur y Centroamérica que constituyen una importante fuente doctrinal de las prácticas de la autogestión, la cogestión y la participación latinoamericana y de la cual hago uso para consolidar ese apartado.



[5] Los procesos latinoamericanos de autogestión que poseen un sentido autentico de emancipación se encuentran sobre todo en las experiencias campesinas,indígenas y/o afrodescendientes.







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