jueves, 21 de diciembre de 2017

Fragmentos en la ciudad latinoamericana actual: entre lo residencial y el consumo



Andrés Jiménez

* Extraído de un artículo más extenso, titulado “La ciudad como límite: Crítica a un modelo de ciudad latinoamericana”, publicado originalmente en la revista La Brecha # 4, Santiago de Chile, 1er. semestre 2017. Número completo de la revista en https://revistalabrecha.files.wordpress.com/2017/10/la-brecha-4-finalweb.pdf.]

La tipología de urbanizaciones cerradas se ha convertido en predominante. Cada vez aparecen más opciones habitacionales bajo esta modalidad, ya sea de forma vertical y horizontal que están destinadas, mayoritariamente, a una clase social media y alta. Lo anterior provoca que se constituyan “comunidades” de iguales, generando una segregación socioespacial marcada por la diferencia de clase. Estas urbanizaciones generan una desconexión con el contexto territorial, generando hábitats cada vez más alejados de la idea de comuna, la cual era vista como el hogar, no simplemente su entorno [9]. La comuna era un nodo territorial que articulaba relaciones; era un espacio físico, emocional, económico, cultural y político.

El complemento de las urbanizaciones cerradas, en tiempos recientes, viene estando representado por los centros comerciales malls. Estos espacios representan ese lugar donde las personas acceden a bienes y servicios varios, desde alimentación (en algunos malls existen supermercados) hasta prendas de vestir, pero además, son espacios que ofrecen una oferta cultural y de entretenimiento [10], lo que hace que las personas “habiten” estos lugares por más tiempo.

En su origen, el mal [11] logró capturar a la población suburbana, quienes buscaban espacios para la sociabilidad, ya que en sus entornos estos eran escasos [12]. Con esto vemos como se empieza a gestar una desconexión entre los lugares de habitación y de encuentro, por lo que los malls capturan a una población que anda deseosa de tener espacios de ese tipo y que no encuentran en otros lugares, o bien, las condiciones presentes no son las adecuadas.

El mall fue constituido como una infraestructura cerrada y climatizada [13], que con el tiempo mutó de diversas formas, resignificando su arquitectura pero afirmando otro tipo de exclusión basada en reglas pre-establecidas que son impuestas por los administradores. Son espacios privados en su categoría de propiedad y son privativos en cuanto a lo que permiten que suceda dentro y quienes pueden ingresar.

El mercado, según Bookchin, tenía como característica no solo ser un espacio para el comercio sino también para las ceremonias públicas [14]. En este sentido, el mall pretende convertirse en ese espacio donde se geste el consumo, el disfrute, lo cultural... evocado desde el ritual, que lo posiciona en un espacio simbólico en la ciudad, ya que es un lugar de enunciación y visita.

Tanto las urbanizaciones cerradas como los malls, con el pasar de los años, y especialmente con mayor fuerza a partir de la década de 1990, proliferaron en las geografías urbanas de Costa Rica, convirtiéndose en un modelo de lo que es vivir la ciudad. Estas formas urbanas promueven la individualidad, lo que provoca una pérdida del carácter colectivo de lo que es vivir la ciudad, haciendo que las personas queden despojadas de toda responsabilidad ante la sociedad.

De esta manera se construye un imaginario hacia estos espacios como autosuficientes, lo que provoca que las personas vivan en islas e individualicen sus relaciones sociales. Con esto se limita la creación de comunidades territorializadas donde prime un sentido de cooperación y apoyo mutuo ampliado, donde las relaciones no estén mediadas por un consumo a través del dinero.

En ambas formas urbanas se crea la virtualidad de un espacio público caracterizado por ser cerrado, controlado y aséptico, en contraposición de un espacio público abierto y de construcción colectiva. El espacio común creado en las urbanizaciones cerradas y en los malls, se acerca a las dimensiones de escala humana, lo que había sido perdido cuando las ciudades adquirieron ciertas dimensiones que escapan a la comprensión de la comunidad [15]. Pero esto genera una ceguera, ya que si bien las dimensiones se acoplan a una escala humana, su administración, gestión y control queda enfrascado en manos de actores privados que determinan sus contenidos. Para el caso de las urbanizaciones cerradas, Alvarado y Jiménez señalan que lo que se puede encontrar allí son espacios comunes de tránsito, ya que no existe una mixtura de funciones y pluralidad de usos, lo que caracteriza a un espacio público [16].

El proceso descrito conduce a crear ciudades fragmentadas en “...enclaves excluyentes y ferozmente hostiles entre sí” [17], esto ha tenido como eje estructurante la masificación de una forma de transporte individualizado en la ciudad [18], lo que ha conducido a crear problemas de movilidad urbana que tienen su máxima expresión en los tiempos elevados de desplazamiento entre distancias cortas. Todo esto crea un tipo de crisis de la urbanidad, que hace referencia a esa condición de vivir juntos y generar una sociabilidad urbana [19], generando distanciamientos entre las personas y limitando crear verdaderas comunidades de autogestión del territorio.

Bookchin señala que en la metrópolis moderna el poder muta de las personas a las instituciones [20], y en tiempos del neoliberalismo, entra con mayor influencia explícita, la acción de actores privados en conjunción con el Estado. De acá es que sucede un traspaso del papel organizador del espacio público, que migra de la predominancia del Estado a la influencia de capitales globalizados [21], quienes construyen una geografía condicionada por el consumo.

La demanda de seguridad, debido a una inseguridad real o imaginaria, es uno de los motores que ha potenciado la proliferación de las urbanizaciones cerradas y los malls. Estas formas urbanas se constituyen como un “paraíso” que protege de la otredad: peligrosa y dañina. Para ello se instauran distintos sistemas de control y seguridad de la actividad social que puede ingresar al adentro de estos espacios. Esto simplemente hace que se nieguen las causas estructurales de las distintas formas de inseguridad, dejando esta protección a cargo de dispositivos mecanizados y actores privados, alejando a las personas de una gestión de estos elementos, limitando que las personas dialogen, negocien y desarrollen una forma de autogestionar sus territorios.

Tanto las urbanizaciones cerradas como los malls son desarrollados por empresas inmobiliarias, las cuales condicionan la producción del espacio, dirigiendo las actividades hacia el interés de lucro y limitando una construcción comunitaria [22] del territorio.

Teniendo lo anterior como referencia, afirmamos que en estos espacios el tipo de apropiación que sucede es artificializada, ya que si bien existen procesos de este tipo, son los propietarios los que en último término deciden que se queda y que se elimina. Es decir, si no existe un proceso de apropiación acompañado de un control comunitario de estos espacios, se seguirá estando bajo el dominio de los intereses de actores privados.

Notas

[9] Murray Bookchin, Los límites de la ciudad, 1978, España.  p.49.

[10] José Finol, “Globalización, espacio y ritualización: de la plaza pública al mall”, Rev. Espacio abierto. Vol. 14, n° 4. Universidad de Zulia, Venezuela, 2005, pp. 52-53.

[11] Los malls aparecieron en Estados Unidos en la década de 1950.

[12] Miguel Pérez, “Cuando los indeseados se congregan en el mall: prácticas socioespaciales de adolescentes en un espacio semi-público”. Tesis de la Maestría en Desarrollo Urbano, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2010.

[13] Rodrigo Salcedo y Liliana De Simone, “Una crítica estática para un espacio en constante renovación: el caso del mall en Chile”, Rev. Atenea 507, 2013, pp.117-132.

[14] Bookchin, 1978, op.cit. pp.46-47.

[15] Bookchin, 1978, op.cit. p.58.

[16] Alejandro Alvarado y Gustavo Jiménez, Urbanizaciones cerradas en Costa Rica: Transformaciones socio-espaciales en la urbanidad y segregación socio-residencial en el distrito San Rafael de Escazú (1990-2012).Tesis para optar al grado de Licenciatura en Sociología. Universidad de Costa Rica, 2014. p.11.

[17] Bookchin, 1978, op.cit. p.62.

[18] Programa Estado de la Nación, Vigesimoprimer Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible. Costa Rica, 2015.

[19] Alvarado y Jiménez, 2014, op.cit. p.37.

[20] Bookchin, 1978, op.cit. p.72.

[21] María del Carmen Araya, San José. De “París en miniatura” al malestar en la ciudad. Medios de comunicación e imaginarios urbanos. San José, EUNED, 2010, p.16.

[22] Alvarado y Jiménez. 2014, op.cit., p.107.


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