miércoles, 27 de diciembre de 2017

El indulto a Fujimori: Una muestra más del cinismo político latinoamericano



Humberto Decarli

Finalizando el año 2017 el mundo se ha visto sorprendido con la noticia de la libertad de Alberto Fujimori. Fue gracias a un acuerdo de impunidad hecho entre un sector del fujimorismo con el presidente Pedro Pablo Kuczynski. Fue un avenimiento entre partes de la fuerza seguidora del político de origen japonés con el Jefe del Estado peruano basada en una votación en el parlamento que impidió su destitución a cambio del indulto.

Kuczynski fue involucrado en el escándalo de Odebrecht por haber recibido comisiones por la asignación de contratos. La firma brasileña, aupada y promovida por el expresidente Lula Da Silva, de izquierda, sobornó a la clase política de América Latina cualquiera que fuera su origen y postura ideológica. Por esa razón un presidente de centro-derecha fue favorecido por el poder de la transnacional del país de la samba.

El peruano japonés y su emergencia como líder

Alberto Fujimori fue un candidato presidencial intranscendente que irrumpió en la escena política y en la elección del año 1990. Surgió por el desprestigio de los partidos políticos tradicionales, el APRA y Acción Popular, fundado el primero por Víctor Raúl Haya de la Torre a quien los militares impidieron desde siempre su acceso a la presidencia; y el otro por Belaúnde Terry, un dirigente conservador. En la elección mencionada tuvo como gran rival al escritor y posterior Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. El narrador tuvo un pasado izquierdista y en un giro copernicano devino en liberal. Se dio el lujo de encabezar una marcha para defender a los banqueros de su país, algo inédito en Lima, cuando un intelectual se puso al servicio de los sectores poderosos.
Vargas Llosa se sobrestimó en la segunda vuelta y ofreció una política de shock para desenmarañar el estancamiento económico peruano. Lo dijo en forma directa y expresa porque se sentía seguro de triunfar basado en su prestigio como escritor que trascendía su nación e incluso a América Latina.El resultado electoral fue desastroso y el oscuro ingeniero agrónomo de ascendencia nipona ganó en buena lid no habiendo ofrecido un sacudón como el escritor. Sin embargo, una vez presidente aplicó sin medias tintas el terrible programa asignando a las grandes mayorías el peso del sacrificio, como recomiendan los organismos multilaterales. Se produjo un crecimiento económico sin disminuir la pobreza.

El paquete económico dio estabilidad a la maltrecha economía peruana y además, durante la gestión fujimorista fue derrotada la insurgencia terrorista del grupo maoísta Sendero Luminoso y la del castrismo representado por el movimiento TupacAmarú. Estas dos circunstancias se juntaron para impactar a la gente de este país de América del Sur siempre impregnado de autoritarismo. El apoyo popular no se hizo esperar y fue un político apoyado por los sectores menos favorecidos encantados por su accionar militarista.

La conducta fujimorista se basó en el abuso de poder, la violación ingente de los derechos humanos y ante la ausencia de control, incursionó en la corrupción y el narcotráfico. El general Bari Hermosa y Vladimir Montesinos constituyeron la médula espinal de su gestión, con un aparato represivo vehemente y eficaz.

Fue reelecto por segunda vez y en el año 2000 se produjo un autogolpe militar muy similar al de José María Bordaberry en Uruguay en los años setenta del pasado siglo. Empero, se desgastó y los factores de poder lo sacrificaron y hubo de huir a Japón. Regresó al continente y estando en Chile fue extraditado a su país y condenado a muchos años de presidio por todas las aberraciones cometidas incluyendo crímenes de lesa humanidad.

El Perú postfujimori

Alejandro Toledo ganó en la elección inmediata a la defenestración del japonés y todavía está recogiendo los actos de corrupción ocurridos durante su mandato pues tiene una orden de detención internacional. Le sucedió Alan García con su populismo aprista y el militar Ollanta Humala con un gobierno distanciado de su fuente de inspiración, el chavismo, y pasó con más pena que gloria.

Así las cosas, en los comicios del año 2016, se lleva la victoria Pedro Pablo Kuczynski cuya postura es de centro derecha. Ha sido un presidente muy activo internacionalmente en especial por su accionar contrario al chavismo venezolano y su cercanía al líder del espectáculo, el presidente Donald Trump.

Ahora se ve inmerso en un escándalo financiero con la transnacional de origen brasileño Odebrecht y gracias a su convenimiento con Alberto Fujimori se salva de ser destituido por el órgano legislativo nacional. Es una alianza entre la derecha conservadora moderada con el recalcitrante Fujimori y la resultante es el indulto donde se apaña el abuso de poder y la transgresión de los derechos humanos. Es la impunidad legalizada para sostenerse en la presidencia pero es una vergüenza connotada.

Es el espectáculo bufo propio de las democracias representativas de Latinoamérica donde se hacen las maniobras más abyectas con un maquiavelismo ultrapedestre sin importar el sentido de la historia. Quienes critican a Lula y Cristina Fernández de Kirchner deben verse en el espejo de la otra banda. Así como el totalitarismo puede ser de derecha o de izquierda la corrupción colorea al ejercicio del poder haciendo abstracción de quién lo ejerza.

La medida de libertad puede ser entendida de manera amplia porque no habría razones para no dársela al Camarada Gonzalo, a Víctor Polay o a Vladimir Montesinos, significantes del terrorismo y la corrupción en el país incaico. Mas la razón es un intercambio de favores entre un presidente y otro expresidente quien lo salvó de la caída. Es un acto pragmático sin sustento ético de ninguna especie.

Conclusiones

El impacto de esta medida para favorecer a un conspicuo delincuente como lo es Alberto Fujimori por la persistencia en el poder del presidente Kuczynski es muestra de una gran inmoralidad. Genera una idea de bellaquería sin otro fin que la retención del gobierno a toda costa. Es una secuencia propia de la saga política latinoamericana actual la cual navega en las aguas procelosas de la ruindad y la descomposición.


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