lunes, 16 de octubre de 2017

Apostatar o reventar: Guía porfiada para borrarse de la secta vaticana


Chemi

Con este texto pretendemos ayudar de una forma amena, con consejos y anécdotas, a atravesar el laberinto que la Católica Iglesia, una organización con técnicas avaladas por miles de años de experiencia en manipular a las gentes, os puede plantear si queréis abandonarla.

¿Por qué apostatar? A mí me movió a la apostasía la pregunta
de un compa inglés un poco ignorante del “spanish way of life” que permite que bajo el calificativo de católico estemos “marcadas” una gran cantidad de gentes que ya hace mucho tiempo que le tenemos bastante manía al Vaticano y sus mariachis. Un día, mi amigo me preguntó: ¿tú eres católico?, naturalmente le respondí que no, para nada. Entonces ¿por qué sigues figurando en sus archivos como que sí lo eres? Pues tiene razón, me dije, y comencé a informarme.

A ti puede que te muevan otras razones, yo qué sé: no ser creyente o creer en otras cosas, odiar las ideas ultraconservadoras que difunde la jerarquía católica en materia de mujer, sexualidad, educación; puede que estés harta o harto de apoyar a esa panda de ocultadores de pederastas, o el tema de los privilegios tal vez (los impuestos que los paguen las y los pringaos, opinan ellos), las inmatriculaciones de propiedades de todxs... tú mismx.

Mirando en internet encontré una web (apostatar.org) de la que me descargué un formulario tipo y algunos consejos sobre cómo proceder. En primer lugar hay que conseguir la partida de bautismo, esto para alguna gente podría ser fácil, para otras puede que no tanto.

Los curas son muy desconfiados y si se enteran para qué la quieres puede que te dificulten el conseguirla, incluso puede que se nieguen... y entonces ¿qué haces?, ¿denunciarles? En mi caso la cosa era más difícil pues mi pueblo era una pedanía de otro cuando nací y no se sabía si mis papeles de bautismo estaban en alguna parroquia del pueblo “principal” o donde me bautizaron. Le pedí a mi padre que fuera él a conseguirla (yo estaba viviendo en Canarias y soy de un pueblo de la península), al principio se negó, pero luego se lo pensó y fue a ver si lo encontraba. No estaba ni en una parroquia ni en la otra.

Continué informándome y me dijeron que la dichosa partida de bautismo podría estar en el archivo del obispado. Le pedí a una colega que fuera allí y lo pidiera. Esta amiga, que demostró ser bastante clarividente en sus tratos con los curas, se vistió en plan Opus Dei y se plantó en el archivo de la diócesis, allí le contó al cura que la atendió que yo, su amigo, necesitaba el certificado para casarme con una buena chica católica de las islas, que la boda ya estaba en marcha y que corría prisa. Pues incluso con esta coartada tan estupenda tampoco le dieron facilidades, ni el certificado, ni el camino a seguir... desconfiaban. Quizás fue un error pedirle a una mujer que fuera a tratar con una organización tan misógina.

Al final, aprovechando una visita al pueblo, fui a hablar con el párroco (que no me había visto nunca) y le conté mi problema: que no encontraba el certificado de bautismo en la parroquia, que había estado en el archivo de la diócesis, sin resultados, y que lo necesitaba urgentemente, había venido desde Canarias solo por esto y lo necesitaba para casarme... por lo católico, claro.

El párroco se quedó con mi teléfono y en pocos días me llamó para decirme que ya tenía el certificado. ¡Bingo! Los ateos aprendemos rápido y también podemos ser maquiavélicos.

A partir de ahí: fotocopia del DNI compulsada, el impreso que me bajé dirigido a la diócesis donde me bautizaron y el puñetero certificado de bautismo. Todo por correo debidamente certificado, o entregado en mano y a esperar.

Pasado un tiempo, recibí una carta en la que me anunciaban que habían “tomado en cuenta” mi interés en que se me borrara de todos los documentos donde figurara como adepto a la Iglesia de Roma, pero que el bautismo era un acto social del que quedaban muchos rastros: fotografías, recordatorios, vídeos, etc. y que estos, claro está, no se podían eliminar.

¿Esto que era? ¿Sí o no? Hala, a asegurarse tocaba: vete a la parroquia donde te bautizaron y comprueba que junto a tu nombre, en el libro de bautismo, hay una anotación con tu apostasía y la fecha de la misma. ¿Qué no? Te toca exigir al arzobispado que lo hagan: carta y otra vez a comprobarlo. La paciencia no es solo una virtud de lxs creyentes.

[Tomado del suplemento cultural Addenda # 51, Madrid, octubre 2017. Numero completo accesible en http://rojoynegro.info/sites/default/files/addenda%2051%20octubre.pdf.]


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