miércoles, 13 de septiembre de 2017

En defensa de la Autogestión. La Autogestión como praxis del Anarquismo



Esteban Coronel

[Nota previa de El Libertario: el siguiente texto es la primera parte de un artículo más extenso del mismo título que fuera publicado originalmente por la Revista La Brecha # 3, Santiago de Chile, 2° semestre 2016. El número completo de esa publicación está disponible en https://revistalabrecha.files.wordpress.com/2017/01/la-brecha-31.pdf.]

Introducción

Intentar sacar del patrimonio histórico-ideológico del Anarquismo la interpretación de la Autogestión, amenaza con convertir una práctica emancipadora, en un proceso común y adoctrinado.

La Anarquía, entendida como estado concreto de sociedad, es la Autogestión en marcha; el Anarquismo, entendido a su vez como proceso expansivo y globalizante de ideología y de práctica, enfoca a la Autogestión en sus términos más lógicos y consecuentes. Es decir, la Autogestión es la expresión más significativa del modo concreto en el que funciona la sociedad Anarquista. El Anarquismo y la Autogestión son la teoría y la práctica, el fin y el medio del infinito proceso de liberación del hombre de toda explotación, opresión, poder y autoridad; son el fin y el medio de la infinita sublevación del impulso más humano de lo humano: la libertad.[1]

Partamos de la idea de pensar la Autogestión como la posibilidad que tiene una comunidad de resolver sus necesidades básicas mediante sus propios medios, transformando radicalmente los niveles de dependencia de la sociedad con este sistema que se fundamenta hoy a través del Estado y del Mercado, es decir, con el sistema capitalista.La Autogestión se constituye como procesos históricos[2] contra-hegemónicos que surgen desde el Yo, como un Nosotros, y se proyectan como prácticas sociales de la autonomía a través de iniciativas basadas fundamentalmente en formas de Resistencia que filosóficamente encuentran su cuna conceptual en el Anarquismo.

No es el objetivo de este espacio hacer referencia a la historia del surgimiento de la Autogestión, lo que se trata de hacer, es generar una reflexión teórico-práctica sobre el concepto de Autogestión y su relación original con los principios y el pensamiento Anarquista, apegada a los principios fundacionales de los cuales realmente surgen los procesos Autogestionarios.

En este punto es importante hacer claridad que se hace énfasis en los principios de la Autogestión y no en sus prácticas, debido a que la Autogestión, se considera primero como un movimiento social antes que como una doctrina[3] y porque su concepto se reconstruye con el diario vivir. De esta forma, sus acciones no están supeditadas a modelos y estructuras de funcionamiento; la Autogestión propone el norte al cual se debe apuntar para la transformación estructural de la vida en sociedad que ha sido deformada por el capitalismo y sometida al reino de lo mercantil y a un Estado impotente, tentacular y poco eficaz. La Autogestión es entonces, una perspectiva de cambio social; es la sociedad en construcción.[4]

Claramente, al referirse a la oposición contra el reino del Mercado y del Estado, se siembran bases en conceptos filosóficos radicados en el Anarquismo. Pierre-Joseph Proudhon[5], uno de los considerados padres del pensamiento anarquista, hablaba sobre la sociedad como un tejido autosuficiente de mutualidades, que no busca su unidad en ningún orden superior a ella misma[6].

Otro autor histórico que construye un magnífico legado teórico para la práctica autogestionaria es Piotr Kropotkin con obras como La Conquista del Pan de 1892 (Obra clásica y fundamental del acervo anarquista). Si bien, Kropotkin hace una fuerte crítica al Anarquismo individualista de la época, los experimentos sociales más importantes de inspiración Anarquista, se encuentran empapados de su obra. El anarcosindicalismo mismo de la CNT – Confederación Nacional del Trabajo Española de 1910 se impregnó de la obra de Kropotkin e hizo uso de la perspectiva de Acción Directa de la que también Kropotkin hablaba en su obra El Apoyo Mutuo de 1902. La Primera Internacional (1864) y la revolución de La Comuna de Paris (1871), ejemplos mucho más atrás en el tiempo que la CNT Española, dan cuenta ya de la utilización de los principios de la Autogestión y de la construcción histórica de su concepto, sin explicitarlo.De ahí en adelante en diferentes periodos del siglo XX podríamos encontrar una buena cantidad de ejemplos que relacionan las prácticas de la Autogestión con los principios del Anarquismo.

Vistazo del desarrollo teórico de la Autogestión

Etimológicamente hablando, Autogestión es la traducción término por término de la palabra serbio-croata Samoupravlje, siendo Samo el prefijo eslavo equivalente a Auto y Upravlje que es un concepto relacionado con el término Gestión.[7] La palabra Autogestión es abordada originalmente por los revolucionarios del Mayo francés (1968) y por diversos teóricos de ese país para explicar la experiencia yugoslava de descentralización sobre la gestión de los sistemas de organización y la propiedad social llevada a cabo entre la década de los 50’s y 70’s.[8]

Ya en la acción, la Autogestión como tal ha ocupado una creciente importancia en la historia reciente, sobretodo de Latinoamérica, en donde se han volcado una serie recopilaciones de experiencias de diferente índole tanto en zonas rurales como en zonas urbanas.

Estos estudios se centran en su mayoría en estudios de caso de tipo descriptivo, que se basan en relatos de procesos de Autogestión como tal, o en procesos de lucha para establecer el proceso autogestionario en diferentes grupos sociales y  comunidades sobre un marco temporal específico como se ve en la década de los 90’s con algunos grupos étnicos, indígenas y campesinos de algunos países de Latinoamérica en sus luchas por el territorio, o en el ejemplo en cierta medida de Argentina luego de la crisis del 2001 con los casos de las empresas recuperadas y los Movimientos Piqueteros, sin embargo, los enfoques de estudio en general se han abordado en un plano un poco más de la economía solidaria y las cooperativas, y terminan acotando de manera importante el potencial redentor de las practicas autogestionarias.

La producción teórica global más prominente sobre Autogestión fue desarrollada desde la década de los 70’s hasta finales de los 80’s sobre todo a través de los análisis hechos a la experiencia Yugoslava. Sin embargo, también han habido otras importantes publicaciones que han desarrollado el concepto bajo distintos enfoques en el transcurso de las últimas décadas, cuyas propuestas trataban de articular un espacio de reflexión teórica históricamente situada, en torno a las experiencias y proyectos de Autogestión que se han creado a partir de –o vinculados a- los movimientos sociales, especialmente en Latinoamérica.

Se puede destacar que la Autogestión, en sus análisis más conocidos en Latinoamérica, se centran sobre la lógica económica, refiriéndose sobre todo, a los procesos de toma de las fábricas y organización de la producción por parte de los obreros, que abolen la separación de funciones entre dueños, administradores y trabajadores, en contraste con la otra visión, más anónima y escondida que se refiere a los ideales ácratas, que tienen que ver con acciones libertarias contra la explotación y la opresión. Sus investigaciones, trabajos y análisis más profundos hacen parte de los archivos clásicos de las organizaciones anarquistas y anarcosindicalistas sobre todo de Europa, pero también se encuentran interesantes avances de trabajos en Latinoamérica.

Pues bien, la Autogestión tiene al Anarquismo como un importante impulsor de la idea, y su mayor y más fundamental acervo se encuentra en los archivos documentales de estas corrientes, sin embargo, con el transcurso del tiempo otras fundamentaciones han querido apropiarse de los espacios que dejó la no consolidación material de un proyecto autogestionario de tipo anarquista, engendrando un nivel creciente de experiencias que se autodenominan de Autogestión, pero que realmente desconocen u obvian los principios fundamentales sobre los que se cimienta realmente la Autogestión. Pierre Rosanvallon[9]hablaba sobre la disolución de esta idea por falta de concreción de un proyecto original o un modelo; la palabra es a la vez siempre un recipiente que pide ser llenado con una idea a la que hay que darle forma, y solo adquiere sentido en la lectura y en la acción, sin embargo, por ello la Autogestión puede también ser una palabra que ha sido víctima de una super-abundancia de referencias, usos, apropiaciones, e incluso experiencias que quizá solo buscan darle un poco de prestigio a ciertas doctrinas y acciones desvalorizadas. Con esto no se quiere despreciar las muchas y diferentes iniciativas que se han hecho bajo el lema de la Autogestión, al contrario, es importante decir que son procesos claves que están llenos de esperanza y de (al menos) una idea de la libertad y la autonomía. De hecho se reconoce en ellas, a esas pequeñas revoluciones que buscan sembrar pequeñas libertades como las que hacía referencia Eduardo Galeano en alguna de sus célebres frases.

Es fundamental que estos procesos continúen y se apropien de más espacios, sin embargo es necesario abordar el concepto de Autogestión desde los principios con los que fue fundamentado para que no se degeneren en un proceso más de la ramificación no-reivindicativa que quiere instalar el sistema capitalista y el Estado, por esta razón es clave saber cómo diferenciar un proceso de Autogestión de los otros procesos que se relacionan.

Las formas de la Autogestión: entre la libertad y la sumisión

Es importante decir que la multiplicidad de autores que presenta el campo de la Autogestión no responde necesariamente a la ampliación del concepto de Autogestión, es más bien una apropiación del concepto que han llevado a cabo ciertas doctrinas muchas de ellas ya desvalorizadas, que buscan un poco de prestigio haciendo uso casi parasitario del significado valorativo auténtico de la Autogestión. Esto se viene advirtiendo por muchos autores desde finales de los 70’s y se evidencia hoy a través de diferentes situaciones.

Hoy en día todo el mundo es partidario de la Autogestión y las fuerzas de izquierda se disputan su proclamación, cuando la Autogestión fue fuertemente criticada por los partidos comunistas y socialistas que argumentaban que esas prácticas eran anarquizantes y divisionistas. [10] De esta forma, se vino perdiendo el sentido propio del concepto y de la práctica de la Autogestión por un uso abusivo del término, sin embargo, cabe agregar que en un sentido más amplio, las luchas de tipo político se manifiestan también a través del lenguaje y esto lleva a que se den disputas por apropiarse de algunas palabras, para así atribuirse sus prácticas y sus principios, sin ser del todo parte de su base fundacional. Es decir, la Autogestión puede constituirse como en un efectivo disfraz terminológico histórico que le sirve a algunas prácticas huecas para ganar espacios valorativos en las doctrinas emancipadoras.

Este tipo de términos generalmente terminan siendo utilizados por diversos pensamientos y corrientes, incluso a veces contradictorias generando ambigüedades evidentes.[11] Por ejemplo: uno de los principios fundamentales de la esencia y práctica autogestionaria es sin duda la autonomía y la no subordinación a las estructuras hegemónicas y/o de opresión, sin embargo en algunos trabajos sobre Autogestión, especialmente de América Latina, se habla sobre rendición de cuentas ante los organismos estatales de control y se toma al Estado no solo como un socio del proyecto autogestionario sino también como su auditor[12], esto no solo diluye la base existencial de la Autogestión, sino que transforma la idea en una heterogestión que menoscaba la fuerza ideológica del concepto y el impulso liberador de sus campos prácticos

El Anarquismo debe luchar para que las organizaciones populares conserven su independencia y la libre determinación de sus integrantes manteniendo la solidaridad como estrategia de enfrentamiento contra sus problemáticas. Se debe impedir que estas organizaciones se conviertan en instrumentos para la politiquería y los fines electorales de fracciones imperiales y partidos autoritarios, difundiendo y practicando siempre la autonomía, la democracia directa, la libre iniciativa y la acción directa. El objetivo entonces es generar motivación por participar en la organización de la sociedad, es aprender a participar directamente en la vida de esta y a desestimar la dependencia y necesidad de poderes dirigentes.

Los lenguajes de la Autogestión

La práctica tradicional en la historia humana ha sido la gestión externalizada de la vida, llevada a cabo por una escisión autócrata de una sociedad profundamente desigual. El Anarquismo aspira a una Autogestión del conjunto de la sociedad en la que se hagan innecesarios todos los centros de poder donde ahora se gestiona todo a través de una minoría (partidos políticos, burocracias sindicales, el conjunto del Estado, etc., etc.). Por lo tanto, la Autogestión supone una transformación radical de la sociedad.

Estos principios se deben tener en cuenta en las prácticas políticas que hoy apropian el uso del término, las cuales pueden reproducir (consciente o inconscientemente) los esquemas hegemónicos contra los cuales se constituye la lucha Autogestionaria. En este sentido el rol de la Autogestión no es emancipar al pueblo, si no permitir que el pueblo se emancipe a sí mismo, de esta forma, todos los elementos externos del proceso son solo mediadores que facilitan que un nuevo modo de organización colectiva de la vida emerja del corazón de las organizaciones del pueblo (Juntas de Acción Comunal, Asambleas populares y barriales, comités de lucha, sindicatos, juntas de vecinos, centros culturales, asociaciones juveniles, clubes deportivos, federaciones estudiantiles, entre otras), de sus necesidades y sus prioridades.

Teniendo en cuenta lo anterior, es importante dar cuenta de esos múltiples lenguajes que se han atribuido como de Autogestión, con el fin de identificar sus especificidades y bogar por una atribución apropiada de la autenticidad de la esencia autogestionaria. Entre esos lenguajes se distinguen principalmente seis.[13]

El Lenguaje Tecnocrático

La Autogestión es definida como un modelo de gestión descentralizada de las empresas que tiene en cuenta la quiebra de los esquemas de organización jerárquica. Es la versión socialista de la Dirección Participativa por Objetivos. Esta visión reduce la planificación democrática al empleo de técnicas de eficacia para estudios de mercado y racionalización de opciones presupuestarias.

El Lenguaje Libertario

Aquí se expresa un completo rechazo al Estado el cual reproduce la opresión y la supresión de la autonomía. Es la afirmación del derecho a la democracia directa contra todas las formas de representación y delegación, exaltando los poderes de la base. En este lenguaje se toma por objeto un grupo de individuos más que la sociedad en su conjunto, siendo el sueño de muchas comunidades autosuficientes.

El Lenguaje Comunista

La Autogestión es una finalidad. Es la forma acabada a la que tiende el socialismo. Es el punto omega de la historia. Es la esperanza de una fusión posible entre los intereses del individuo con los intereses generales de la sociedad. Es una relación social armónica e igualitaria de una sociedad sin conflictos y sin clases sociales, ni ninguna forma de explotación, alienación o dominación.

El Lenguaje Consejista

El poder es ejercido por los consejos obreros como una pirámide de consejos que expresan el poder de los productores en la sociedad por oposición a la burocracia estatal como forma de poder proletario degenerado. Es un medio de unificación de los trabajadores y de la expresión de su ser de clase en los lugares de producción. La Autogestión es el poder social de los productores asociados.

El Lenguaje Humanista

La Autogestión es por sobre todo, una forma de ser que se refiere a las mentalidades y los comportamientos, más que a una forma de poder. Es la vuelta a la persona a través de relaciones más abiertas y fraternales. Es la valoración del Espíritu Autogestor hecho de entrega al grupo social. Es la insistencia de la transformación de la vida cotidiana.

El Lenguaje Científíco

La Autogestión es la proyección de las leyes de funcionamiento del organismo vivo. Es la aspiración por una sociedad en la que la funcionalidad de las relaciones sociales está por encima de cualquier forma de dominación y de jerarquía. Es una condición de desarrollo de las fuerzas productivas que ayuda a entorpecer las estructuras de explotación capitalista. Ninguno de estos lenguajes se puede considerar íntegramente puro, sobre todo si se toman en cuenta los múltiples maridajes que se dan entre ellos en el desarrollo de sus discursos teóricos los cuales han sido resumidos en los puntos anteriores. Esto hace que sus lenguajes no sean indiscutibles y que ninguno se imponga sobre otro, sin embargo es importante identificar que una de sus características compartidas es la necesidad de una otra sociedad,y esa una otra sociedad no puede hacer concesiones con el sistema que históricamente ha oprimido al pueblo, la nueva sociedad tira abajo las estructuras tradicionales de la subordinación y toma bajo su soberanía el destino de la vida y el sentido existencial de la humanidad.

La Autogestión entonces, no implica sólo una cuestión táctica, o de medios, es ante todo, una cuestión de objetivos, es la consumación del ser revolucionario y es una tarea actual que el movimiento Anarquista debe fortalecer. Sin capacidad social es imposible que haya Autogestión, es por esto que el Anarquismo no puede ignorar el tema del poder, porque es la instrumentalización de la base del futuro libertario que todos buscamos. Como libertarios tenemos la misión de generar, fortalecer y potenciar el ejercicio del poder popular[14] en los distintos sectores en donde estemos insertos. De ahí la importancia de buscar y construir caminos y formas que permitan y desarrollen el protagonismo de las bases, sin que el Anarquismo y el poder parezcan antagónicos.

Notas

[1] Berti, Nico. “Lectura histórico-ideológica de la Autogestión anarquista”. Revista Bicicleta. 1978.

[2] El sentido de lo histórico para este caso no está relacionado con el tiempo del pasado, sino como proceso disruptivo de una línea tradicional que marca una diferencia importante en el tiempo en el que surge.

[3] Rosanvallon, Pierre. La Autogestión.Madrid: Fundamentos, 1979.

[4] Ibídem, p. 85

[5] Lucio Cornelio en su obra Introducción a la Autogestión (1978), se opone a la idea de Incluir el pensamiento de Proudhon dentro de los fundamentos de la Autogestión, justificando algunas particularidades de su oposición”, sin embargo, Proudhon es sin duda uno de los teóricos más importantes del pensamiento Anarquista; esto hace que en una práctica propia del Anarquismo (en este caso la Autogestión), su pensamiento este presente indistintamente en ella, más allá de su posible o no, afinidad explicita con los fundamentos Autogestionarios. Es decir, una práctica anarquista, cualquiera que sea, va a tener elementos de Proudhon, por el simple hecho de que él es una de los fundadores de este pensamiento.

[6] Rosanvallon, Óp. Cit., p. 40.

[7] Cornelio, Lucio. Introducción a la Autogestión. Buenos Aires: El Cid, 1978. p. 13.

[8] Kardelj, Edward. Propiedad Social y Autogestión. Buenos Aires: El Cid, 1976.

[9] Rosanvallon, Óp. Cit., p. 12.

[10] Ibídem, p. 13.

[11] Iturraspe, Francisco. Participación, Cogestión y Autogestión en América Latina Vol. I y II.Caracas: Nueva Sociedad, 1986. p. 9.

[12] Caso fabricas recuperadas en Argentina.

[13] Esta categorización de los lenguajes es desarrollada por el francés Pierre Rosanvallon. (1979: 14-16).

[14] Entiendo que el término “Poder” se interpreta en su relación general como “dominio sobre algo”, y el Anarquismo hace alusión al rechazo de toda imposición de una voluntad sobre la de otros, o sea al rechazo de toda forma de gobierno y autoridad, ideas que parecen irreconciliables y enterradoras la una de la otra, sin embargo, considero que la interpretación más apropiada y amplia de Poder, no hace énfasis en la base del “dominio sobre algo”, sino más bien, en la idea del “poder hacer desde la colectividad”, es decir, desde las fuerzas del pueblo y la organización popular, ideas que pueden ser referenciadas dentro del acervo de los autores clásicos del pensamiento anarquista como Bakunin o Malatesta. En este sentido, el Poder, como elemento innegable del sistema socio-político-económico-cultural de hoy, y como herramienta de instrumentalización del hacer colectivo a cualquier nivel se debe entender en múltiples vías, siendo una de ellas y para este escrito, el “poder hacer del colectivo” más ligado al objetivo de la liberación que de la dominación; y es popular, porque emana indisolublemente del hacer cooperativo del pueblo.


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