sábado, 2 de septiembre de 2017

El Libertario 1995-2002: Los primeros años de una iniciativa de difusión anarquista en Venezuela



Nelson Méndez

* Texto extraído de la ponencia "El Libertario: Una experiencia contemporánea de comunicación y divulgación anarquista en Venezuela y Latinoamérica", presentada ante el I Congreso Internacional de Investigadorxs sobre Anarquismo, Buenos Aires, octubre 2016 http://congresoanarquismo.cedinci.org. La ponencia completa puede solicitarse a ellibertario@hotmail.com

Antecedentes y primeros pasos de El Libertario

Aparte de su tradición en otros lugares del planeta, el nombre de El Libertario ya tenía antecedentes en la muy escasa prensa ácrata que se había editado en Venezuela antes de 1995. Fue el epígrafe que identificó a una publicación caraqueña de exiliados de la CNT ibérica, de la cual aparecieron tres números entre 1958 y 1959[1]. Más adelante, en la década de 1980, se tituló así al vocero del Colectivo Autogestionario Libertario (CAL), esfuerzo organizativo que impulsaron anarquistas de Caracas y la zona central del país entre los años de 1985 y 1987, llegando a salir 9 ediciones[2]. Luego, en los primeros años de la década siguiente, hubo el intento de reactivar esa cabecera periodística en forma de modesta revista editada por algunos ex integrantes del CAL, pero apenas se publicó un número con muy limitada circulación.

En 1995 se constituyó el Comité de Relaciones Anarquistas (CRA), intentando ser una instancia federada en la que participasen grupos e individualidades de distintos puntos de Venezuela (principalmente del área metropolitana de Caracas, de Barquisimeto y de San Cristóbal) que se identificasen con las ideas y la práctica ácrata. Vale destacar el rol impulsor que en esta iniciativa tuvieron Rafael Uzcátegui -entonces joven activista recién mudado de Barquisimeto a Caracas- y dos veteranos cenetistas hispanos, Antonio Serrano (1919-2008) y Emilio Tesoro (1907-2003). Como elemento fundamental de articulación se acordó la existencia de un órgano impreso, con el nombre que ya alguna gente identificaba con una publicación periódica del anarquismo en Venezuela, de modo que el primer número sale a la calle en agosto-septiembre de 1995, impreso en la modesta dimensión de una hoja de medio pliego, con cuatro caras impresas y un total de 5 páginas, donde la primera cara se dedicaba a portada y contraportada, con las otras tres recogiendo un apretado contenido de artículos, noticias e ilustraciones[3]. El tiraje fue de 1.000 ejemplares, cuya distribución –inicialmente gratuita o con precio más bien simbólico- estaba a cargo de colectivos y personas vinculadas a la pequeña escena libertaria que comenzaba a aparecer en el país.

Conviene señalar que tanto el CRA en ese entonces como aún ahora el proyecto de El Libertario han estado  abiertos a la participación de diversas tendencias que coexisten en el anarquismo; de modo que pese al vínculo cuasi institucional que se tuvo durante algún tiempo con la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), máxima instancia del anarcosindicalismo mundial[4], ese nexo nunca derivo en que la CRA y El Libertario tuviesen un nítido perfil dentro de esa tendencia; tal relación se formalizó a instancias de los veteranos españoles del grupo pero no se impuso como “línea estratégica oficial”, así que fue un lazo más simbólico que real, hasta que se disolvió.

Los primeros tiempos fueron inciertos, en especial porque no se cumplió la expectativa de ir consolidando a la CRA en base a una estructura federada de grupos, que se alternaran tanto en la responsabilidad editorial del periódico como en la coordinación de la actividad anarquista en el ámbito nacional. Personas que de partida parecieron involucrarse, o al menos simpatizaron con el proyecto, pronto dieron marcha atrás, mientras que la consolidación de grupos activos capaces de actuar autónomamente y de federarse parecía ser más complicada a lo que se había supuesto. En ese enfriamiento del entusiasmo y las expectativas previas sin duda tuvo un peso decisivo la aparición en el horizonte político del fenómeno chavista, que rápidamente ilusionó y captó a casi todo lo que se consideraba el espectro alternativo y de izquierda, lo cual comenzó a pesar enormemente sobre el bisoño movimiento libertario local, en su mayoría proveniente de la movida juvenil punk y universitaria, con escasa formación o experiencia en lo esencial del ideal anarquista, por lo que la prédica demagógica y pretendidamente “progre” del antiguo militar golpista, ahora candidato presidencial en el torneo electoral de 1998, se hizo atractiva a muchos.

Haciendo el difícil sendero de la comunicación antagonista

La responsabilidad editorial sigue siendo de la CRA, que a partir del # 11, mayo-junio 1998, modifica su nombre a Comisión de Relaciones Anarquistas, adquiriendo la condición de grupo de afinidad, básicamente conformado por gente de Caracas cuya actividad principal gira en torno a editar y distribuir el periódico, el cual se quiere hacer vocero tanto de la opción anarquista como de expresiones político-sociales e ideológico-culturales cercanas y autónomas que busquen espacio en una escena copada por el electoralismo y sus espectáculos. A este colectivo se van integrando otras personas que tendrán presencia de merecida mención en la subsiguiente trayectoria de El Libertario: Nelson Méndez y Alfredo Vallota (antiguos miembros del CAL, luego a cargo del boletín Correo A, con 28 números editados entre 1987 y 1995[5]), Rodolfo Montes de Oca, Any Alarcón, Raúl Figueira, Lexys Rendón, Luis Silva, Humberto Decarli, Yolanda Osuna (1931-2008), Daniel Cabezas, la pareja de ilustradores “Los Tordos”, Nelson Garrido, Salvador Méndez; mientras que en el interior del país es de apuntar la colaboración recibida de Juan Pablo Núñez en Maracaibo, Luis Vásquez en el Edo. Anzoátegui y de Esteban Mejíaz en la región centro-occidental. Desde el comienzo, el periódico siempre rehusó ser coto cerrado donde únicamente pocos fieles ácratas pudieran expresarse, así que recibió una amplia gama de autorías, que podían tener afinidad, pero no necesariamente, plenas convicciones anarquistas, lo que llevó a establecer cercana relación con figuras de la izquierda venezolana tan reconocidas por su consecuencia e ingobernabilidad como Domingo Alberto Rangel (1923-2012) y Simón Sáez Mérida (1928-2005). Igualmente, se van creando lazos más allá de las fronteras, que en algunos casos se hicieron bastante estrechos; tal como con “Daniel Barret” (Rafael Sposito, 1952-2009) en Uruguay, con Frank Fernández y Gustavo Rodríguez del exilio anarquista cubano, con la Federación Anarquista Mexicana, con el Taller Libertario Alfredo López de La Habana, con la Federación Anarquista Ibérica y su vocero Tierra y Libertad en Madrid, con la Librería LaMalatesta de Madrid, con el histórico militante ibérico Octavio Alberola, agregándose un largo etcétera de vínculos fraternos  que se han establecido a lo largo de tantos años. Entre todos los nombres a reconocer, vale reiterar dos, sin cuya trabajo perseverante probablemente no se hubieran alcanzado la larga existencia y los resultados descritos en estas líneas: uno es Rafael Uzcátegui, quien además de su invaluable aporte escrito en ideas y reflexiones, desde el principio puso su oficio de diseñador al servicio del proyecto, primero en lo impreso, después en lo digital, creando la identidad gráfica que distingue a El Libertario; el otro es Antonio Serrano quien no solo fue transmisor (con Emilio Tesoro) de la apasionada flama de su experiencia en la Revolución Libertaria de 1936 y en décadas de indoblegable activismo libertario, sino además era un estupendo divulgador de cientos de copias del periódico, donde también cumplía funciones de redactor y cabal corrector de pruebas.

Lo que consideramos el periodo inicial de El Libertario va desde su # 1 hasta el # 12[6], fechado en octubre-noviembre de 1998. Con mucho empeño se logra evitar la desaparición antes del quinto número, que suele ser destino insalvable por diversas razones para tantas publicaciones de la izquierda radical alternativa en América Latina; mientras que paso a paso se amplía el público lector más allá de quienes participan o están muy cercanos a la pequeña escena anarquista venezolana, lo cual se logra en la medida que la publicación presenta informaciones, ideas y propuestas que rompen con lo establecido entonces como pautas y lugares comunes entre los que se consideraban a sí mismos medios de “comunicación alternativa” en Venezuela, en general asentados en posturas marxistas dogmáticas y poco informadas, que además para ese momento sucumbían gustosamente ante el mesianismo populista-militarista de Hugo Chávez, lo que les obligaba a dejar de lado toda pretensión de promover audacias radicales y luchas sociales autónomas, pues lo que se imponía era lograr el triunfo electoral y tomar las riendas del Estado, desde donde más adelante el caudillo iluminado vería de atender, según su infuso tino y saber, lo que en verdad necesitaba el pueblo. Quienes no comulgaban con semejante simplificación (¡a decir verdad, eran pocos entonces!) encontraban en El Libertario un portavoz donde se exponían opiniones y propuestas críticas ante el freno electoralista impuesto al activismo social, que además debía posponer sus demandas a lo que determinase la voluntad del líder incuestionable.

En lo formal, el periódico mantuvo la modesta extensión con que había salido por primera vez hasta el # 10, pero en el  # 11 se agrega otro cuarto de pliego, añadiéndose 2 páginas adicionales de texto, indicando que hay más capacidad de exponer proposiciones e ideas de interés para un público lector más heterogéneo. Aunque el # 12 vuelve a ser sólo de un medio pliego y 5 páginas, en los números posteriores la expansión del área impresa se consolida, con 2 medios pliegos y 9 páginas a partir del # 13 hasta el # 18[7], alcanzando 3 medios pliegos y 13 páginas, extensión que crece aún mas desde el # 26 (febrero 2002) con 4 medios pliegos y 17 páginas de texto. En cuanto al tiraje, pronto la CRA había caído en cuenta que llevar el número de ejemplares editados a 2.000 no significaba un incremento en costos fuera del alcance de los limitados fondos disponibles, así que se elevó la cuantía de copias impresas haciendo imperativo tanto desarrollar mucho mas la distribución dentro de Venezuela como llevar una cantidad apreciable más allá de las fronteras. Progresivamente se fueron extendiendo los contactos solidarios dentro y fuera del país, con gente a cargo de distribuir pequeños lotes de la publicación que así hallaba el rumbo hacia sus lectores, lo que además sucedía con relativa regularidad (al menos comparando con lo intermitentes que suelen ser voceros análogos en Latinoamérica) de 3 a 5 números al año. Vale enfatizar que esta distribución de El Libertario fue consolidando un peculiar panorama en cuanto al tipo de lectores: mientras que fuera del país iban de 400 a 500 copias fundamentalmente a militantes y grupos anarquistas convencidos, puertas adentro este periódico hecho por anarquistas y claramente asociado con el ideal ácrata tenía gran mayoría de lectores sin esa adscripción político-ideológica.

Notas

[1] Hay copia del # 3 de la publicación en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Caracas. Referencia a este periódico y sus responsables en Rodolfo Montes de Oca, Contracorriente. Historia del Movimiento Anarquista en Venezuela (inédito), Caracas, 2016, p. 178. Agradecemos al autor por permitir consultar el manuscrito original.

[2] Idem., p. 225.

[3] El Libertario # 1 es accesible en https://issuu.com/ellibertario/docs/libertario01. Ver el Editorial de esa edición en el Anexo al final de  este post.

[4] El periódico describía a la CRA desde el # 10 en enero/febrero 1998 hasta el # 32 de abril/mayo 2003 como “Grupo de Amigos de la AIT”. Para aclarar que significa esta figura, ver A.I.T., La Internacional del Sindicalismo Revolucionario, ¿Madrid?, edición de la CNT, s.f., p 29.

[5] Ver El Blog de Correo A en http://correoa.blogspot.com.

[6] Los Nros. 1 al 5 están en https://issuu.com/ellibertario. Para ubicar ediciones impresas, ver Anexo 2 en el original de esta ponencia.

[7] A partir del # 24, las ediciones posteriores de El Libertario (excepto los Nros. 26, 27, 31, 33, 39 y 46) se pueden ubicar en  www.nodo50.org/ellibertario, en la sección “Viejos Liber”.

Anexo: Editorial de El Libertario # 1, 1995

[Nota: Se toma la versión que fue reproducida en El Libertario # 45, en la cual se hicieron al original algunas correcciones ortográficas y de estilo, sin variar para nada el mensaje.]

De nuevo, el movimiento anarquista local siente la necesidad de salir a la calle y fijar posición con respecto a la problemática de nuestra gente, frente a l@s opresor@s  de  siempre. Y esta motivación más que fortuita, responde al vacío de propuestas nuevas y coherentes existentes en el ambiente social venezolano.

Este periódico existió hace unos cuantos años atrás, como el intento de un grupo libertario de sembrar la inquietud antiautoritaria y la crítica permanente frente a la desesperanza de una democracia que afilaba sus dientes sobre nuestras espaldas. Hoy, como la leyenda del Ave Fénix, renace de la mano de los primeros frutos de aquella cosecha, deseando aportar lo suyo en la construcción de una sociedad más humana y justa.

Tras este esfuerzo, se vienen reuniendo un grupo de compañer@s de varias ciudades, que unidos por el ideal anarquista y desde alguno de los matices que este abierto pensamiento posee, dan forma a la Comisión de Relaciones Anarquistas: un grupo federado de manera asamblearia, que intenta demostrar las virtudes de la responsabilidad colectiva militante en un movimiento caracterizado por la inconstancia y lo efímero de sus expresiones orgánicas. Más que una imposición mesiánica, esta propuesta organizativa se perfila en dos direcciones: La primera como inquietud de relacionar y enlazar permanentemente los diferentes grupos e individualidades libertarias entre sí, y darles proyección y participación junto a otros movimientos antiautoritarios con los que haya un mínimo de puntos comunes y respeto. Así, haciendo palpable el apoyo mutuo y la solidaridad recíproca, tratar de dar piso colectivo de una vez por todas a una práctica libertaria constante en nuestra comunidad. Lo segundo y más específico, es potenciar grupos de afinidad responsables que, simpatizantes con una interrelación orgánica (con  nuestros valores de siempre: la asamblea como órgano de toma de decisiones, organización horizontal, rotación y revocabilidad de las responsabilidades, respeto de la identidad y autonomía individual) deseen avocarse a la tarea  de  producir propaganda, contrainformación y materiales para la discusión y organizar actividades dentro y con relación a esta Comisión.

Este periódico fijará posición con respecto a las problemáticas más punzantes padecidas por nuestra gente, tratando de ser un espejo donde se refleje el quehacer interesante de la mayor cantidad de grupos con actitudes libertarias y la organización de las comunidades ajena a los órganos del Estado, tratando de darle realce al aspecto noticioso y confrontador sobre el debate teórico-ideológico, al cual, aunque necesario, daremos salida por otras vías.

La invitación queda abierta para que te acerques y participes junto a nosotr@s en la lucha por controlar nuestras vidas. La CRA no es un círculo cerrado de amig@s, tú también puedes involucrarte y ser parte de la toma de decisiones. Tenemos una reunión semanal en donde acordamos el trabajo a realizar y leemos los trabajos a publicarse en el periódico. Poseemos varias pequeñas bibliotecas en donde puedes documentarte más en cuanto a las posturas que defendemos y los temas que tratamos. Distribuimos en pequeña escala publicaciones locales y extranjeras, y mantenemos una constante correspondencia con colectivos y personas del extranjero, que nos mantienen al día con respecto a lo que pasa en sus países. Si aún no deseas participar activamente, igual puedes intervenir en nuestros proyectos, siempre estaremos felices de tener personas ayudándonos, y si escribes algo para El Libertario, estamos muy dispuestos a publicarlo. Preferimos por motivos de espacio artículos cortos y notas que nos informen sobre la actividad que se realiza en tu barrio, lugar de estudio o sitio de trabajo, al margen de las instituciones oficiales. Y en general, muy dispuestos a conversar y aclarar más lo que somos y en lo que creemos.

Somos, en definitiva, un adelanto de las relaciones a establecerse en una sociedad de rostro humano. Somos los eternos soñadores que suspiramos y transpiramos por el cese a la división entre dominantes y dominados, por la igualdad del ingreso y de las oportunidades de participación. Por la abolición del Estado y de sus ejércitos, leyes y cárceles que coaccionan el libre espíritu humano. Militantes de la sexualidad integral. Defensores de la autogestión, la solidaridad, el apoyo mutuo y la democracia directa. Incansables promotores de la diversidad y la autonomía individual en pos del beneficio comunal. En fin, l@s de la indumentaria negra y corazón rojo que late esquizofrénicamente bombeando ráfagas de libre pensamiento. Eso es lo que somos, l@s siempre idealistas, l@s incansables jinetes de la utopía. L@s anarquistas.


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