sábado, 9 de septiembre de 2017

Debate (A): El anarquismo primitivista ante la ciencia y la tecnología


Le Partage

* Fragmentos de un texto más extenso donde se presenta una introducción al pensamiento y práctica del anarquismo anti-civilización o primitivista, que en versión completa es accesible en http://partage-le.com/2016/12/que-es-la-anarquia-verde-por-green-anarchy-collective.

El rechazo a la cien­cia
 
La mayoría de los anarquis­tas anti-civi­li­za­ción recha­zan a la cien­cia en tanto que método para enten­der el mundo. La cien­cia no es neutra. Está cargada con moti­vos y asun­ciones (NdT; hipó­te­sis, postu­la­dos, premi­sas, supo­si­ciones etc.) sali­dos de y refor­zando, la catás­trofe de diso­cia­ción, desem­po­de­ra­miento y muerte devo­ra­dora que llama­mos “civi­li­za­ción”. La cien­cia asume desa­pego (NdT; sepa­ra­ción, distan­cia­miento, despren­di­miento). Esto se esta­blece en el propio término de “obser­va­ción”. “Obser­var” algo, es perci­birlo distan­cián­dose uno mismo, emocio­nal y físi­ca­mente, para tener una forma unidi­rec­cio­nal de “infor­ma­ción”, pasando de la cosa obser­vada hacia “uno mismo” que es defi­nido como no haciendo parte de tal cosa. Esta visión meca­ni­cista o visión basada en la muerte, es una reli­gión, la reli­gión domi­nante de nues­tra época. El método de la la cien­cia se ocupa unica­mente de lo cuan­ti­ta­tivo. No admite valores o emociones, o el olor del viento cuando comienza a llover — o si admite estas cosas, lo hace convir­tién­do­los en núme­ros, al conver­tir la unici­dad con el olor de la lluvia en preo­cu­pa­ción abstracta con la formula química en rela­ción con el ozono, cambiando la manera en que nos hace sentir, a la idea inte­lec­tual de que las emociones son sólo una ilusión de impul­sos/funciones neuro­nales. Los mismos núme­ros no son verda­de­ros, sino un elegido estilo de pensar. Hemos elegido un habito mental que foca­liza nues­tra aten­ción en un mundo alejado de la reali­dad, donde nada tiene cali­dad o concien­cia o una vida propia. Hemos elegido trans­for­mar el mundo vivo en un mundo muerto. Los cientí­fi­cos que reflexio­nan cuida­do­sa­mente admi­tirán que lo que estu­dian no es más que una limi­tada simu­la­ción del complejo mundo real, pero pocos de ellos se dan cuenta que dicho enfoque limi­tado es una “retroa­li­men­ta­ción” que ha construido siste­mas tecnoló­gi­cos, econó­mi­cos y polí­ti­cos que están trabajando juntos, absor­biendo nues­tra reali­dad en sí misma. Tan limi­tado como lo es el mundo del numero, el método cientí­fico ni siquiera permite a todos estos — sino sólo aquel­los núme­ros que son repro­du­cibles, prede­cibles y los mismos para todos los obser­va­dores. Pero ninguno es un mundo de ficción deri­vado de la reali­dad. La cien­cia no se para sacán­do­nos de la reali­dad y arras­trán­do­nos hacia un mundo de sueños — va un paso más allá y hace de este mundo de sueño una pesa­dilla cuyos conte­ni­dos son esco­gi­dos por su previ­si­bi­li­dad, contro­la­bi­li­dad y unifor­mi­dad. Toda sorpresa y sensua­li­dad es supri­mida/repri­mida. A causa de la cien­cia, los esta­dos de concien­cia que no pueden ser dispues­tos de forma fiable son clasi­fi­ca­dos como insa­nos, o en el mejor de los casos “no-ordi­na­rios”, y son exclui­dos. Expe­rien­cia anómala, ideas anóma­las y perso­nas anóma­las, son dese­cha­das o destrui­das como compo­nentes de maqui­nas fabri­ca­das de forma defec­tuosa. La cien­cia sólo es una mani­fes­ta­ción y un encla­va­miento de un impulso/nece­si­dad de control que hemos tenido por lo menos desde que hemos empe­zado a culti­var los campos y a encer­rar dentro de vallas a animales, en lugar de nave­gar el menos prede­cible (pero más abun­dante) mundo real, nues­tra “natu­ra­leza”. Y desde esa época hasta este momento, este impulso ha condu­cido cada deci­sión respecto a lo que cuenta como “progreso”, hasta e incluyendo la reestruc­tu­ra­ción gené­tica de la vida.

El problema de la Tecno­logía


Todo anarquista verde cues­tiona a la tecno­logía en algún nivel. Mien­tras que todavía hay quienes sugie­ren la noción de una tecno­logía “verde” o “apro­piada” y buscan funda­men­tos con los cuales afer­rarse a las formas de domes­ti­ca­ción, la gran mayoría rechaza la tecno­logía comple­ta­mente. La tecno­logía es mucho más que sólo cables, sili­cona, plás­tico y acero. Es un sistema complejo que implica divi­sión del trabajo, extrac­ción de recur­sos y explo­ta­ción a bene­fi­cio de aquel­los quienes imple­men­tan su proceso. La inter­faz con la tecno­logía y su resul­tado, es siempre una reali­dad alie­nada, mediada y distor­sio­nada. A pesar de las decla­ra­ciones de los post­mo­der­nos defen­sores y otros tecnófi­los, la tecno­logía no es neutral. Los valores y propó­si­tos/obje­ti­vos de los que produ­cen y contro­lan la tecno­logía están siempre impre­gna­dos e inte­gra­dos en ella. La tecno­logía es distinta de las herra­mien­tas simples en muchos senti­dos. Una herra­mienta simple es un uso de tempo­ral de un elemento dentro de nues­tro entorno inme­diato, usado para una tarea en espe­ci­fico. Las herra­mien­tas no impli­can siste­mas complejos los cuales alie­nan al usua­rio respecto al acto. Lo que está implí­cito en la tecno­logía es esta sepa­ra­ción, que crea una expe­rien­cia insana y mediada que conduce a diver­sas formas de auto­ri­dad. La domi­na­ción se incre­menta cada vez que es creada una nueva tecno­logía “ahor­ra­dora de tiempo”, ya que esto hace nece­sa­ria la construc­ción de aún más tecno­logía para el soporte, la alimen­ta­ción en energía (combus­tibles), el mante­ni­miento y repa­ra­ción de esta nueva tecno­logía. Esto ha ha condu­cido muy rápi­da­mente al esta­ble­ci­miento de un sistema tecnoló­gico complejo que parece tener una exis­ten­cia inde­pen­diente de los huma­nos que lo han creado. Los subpro­duc­tos dese­cha­dos por la socie­dad tecnoló­gica conta­mi­nan tanto nues­tros entor­nos físi­cos como psicoló­gi­cos. Las vidas son roba­das y son pues­tas al servi­cio de la Maquina y del efluente tóxico de los combus­tibles del sistema tecnoló­gico — ambos nos asfixian. Hoy la tecno­logía se repro­duce a sí misma, con algo que se asemeja a un senti­miento sinies­tro. La socie­dad tecnoló­gica es una infec­ción plane­ta­ria, impul­sada hacia adelante por sus propias diná­mi­cas e impul­sos, orde­nando de forma rápida un nuevo tipo de entorno: uno desi­gnado exclu­si­va­mente para la eficien­cia mecá­nica y el expan­sio­nismo tecnoló­gico. El sistema tecnoló­gico metó­di­ca­mente destruye, elimina o subor­dina al mundo natu­ral, construyendo un mundo sirviendo a las maqui­nas y apto unica­mente para estas. El ideal por el que se esfuerza el sistema tecnoló­gico es la meca­ni­za­ción de todo lo que encuen­tra.

Produc­ción e Indus­tria­lismo


Un compo­nente clave de la estruc­tura tecno-capi­ta­lista es el indus­tria­lismo, el sistema meca­ni­zado de produc­ción construido sobre el poder centra­li­zado y la explo­ta­ción humana y de la natu­ra­leza. El indus­tria­lismo no puede exis­tir sin geno­ci­dio, ecoci­dio y colo­nia­lismo. Para mante­nerlo, la coer­ción, el desa­lojo de tier­ras, el trabajo forzado, la destruc­ción cultu­ral, la asimi­la­ción (NdT: acul­tu­ra­ción o inte­gra­ción), la devas­ta­ción ecoló­gica y el comer­cio global son acep­ta­dos como nece­sa­rios e incluso beni­gnos. La estan­dar­di­za­ción del indus­tria­lismo cosi­fica y mercan­ti­liza la vida, viendo en toda ella no más que un poten­cial recurso. La crítica del indus­tria­lismo es una exten­sión natu­ral de la crítica anarquista del estado ya que el indus­tria­lismo es inhe­ren­te­mente auto­ri­ta­rio. Para mante­ner a una socie­dad indus­trial, uno debe dispo­nerse a conquis­tar y colo­ni­zar tier­ras para adqui­rir recur­sos (gene­ral­mente) no reno­vables para propul­sar y engra­sar a las maqui­nas. Este colo­nia­lismo es racio­na­li­zado por el racismo, el sexismo y el chau­vi­nismo cultu­ral. En el proceso de adqui­si­ción de estos recur­sos, la gente debe ser expul­sada por la fuerza de sus tier­ras. Y para hacer trabajar a la gente en las fabri­cas que produ­cen maqui­nas, esta debe ser escla­vi­zada, depen­diente, o de lo contra­rio está sujeta al destruc­tivo, toxico y degra­dante sistema indus­trial. El indus­tria­lismo no puede exis­tir sin una centra­li­za­ción y espe­cia­li­za­ción masi­vas : la domi­na­ción de clase es una herra­mienta del sistema indus­trial la cual niega a la gente el acceso a los recur­sos y al cono­ci­miento, volvién­dola impo­tente y fácil de explo­tar. Asimismo, el indus­tria­lismo demanda que los recur­sos sean trans­por­ta­dos por todo el planeta con el propó­sito de perpe­tuar su exis­ten­cia, y tal globa­lismo socava la auto­nomía local y la auto­su­fi­cien­cia. Es una mecá­nica concep­ción del mundo lo que está detrás del indus­tria­lismo. Esta corres­ponde a la misma visión del mundo que justi­ficó la escla­vi­tud, las exter­mi­na­ciones y la subyu­ga­ción de las mujeres. Debería ser obvio para todos, que el indus­tria­lismo no sólo es opre­sivo para la espe­cie humana, sino que también es funda­men­tal­mente destruc­tivo ecoló­gi­ca­mente.

Resal­vaji­zación y Reco­nexión.


Para los anarquis­tas verdes/anti-civi­li­za­ción/primi­ti­vis­tas, la resal­vaji­zación y la reco­nexión con la tierra es un proyecto de vida. No se limita a la compren­sión inte­lec­tual o la prác­tica de habi­li­dades primi­ti­vas, sino que es un enten­di­miento profundo de las omni­pre­sentes formas en las que esta­mos domes­ti­ca­dos, frac­tu­ra­dos y dislo­ca­dos de notros mismo, de unos con otros y del mundo, así como de la enorme y coti­diana empresa para volver a estar comple­tos nueva­mente. La resal­vaji­zación tiene un compo­nente físico que entraña la recu­pe­ra­ción de habi­li­dades , cono­ci­miento y la elabo­ra­ción de méto­dos para una coexis­ten­cia susten­table, incluyendo la alimen­ta­ción, el cobijo y auto-curarse mediante plan­tas, animales y mate­riales que se encuen­tran de forma natu­ral en nues­tra bioregión. Esto también contem­pla el desman­te­la­miento de las mani­fes­ta­ciones físi­cas, meca­nis­mos e infrae­struc­tura de la civi­li­za­ción. La resal­vaji­zación comprende un compo­nente emocio­nal, que incluye la sana­ción de noso­tros mismos y unos a otros de las heri­das profun­da­mente arrai­ga­das de los últi­mos 10.000 años, apren­der cómo vivir juntos en comu­ni­dades no jerárqui­cas y no opre­si­vas, al mismo tiempo que decons­truyendo la menta­li­dad de la domes­ti­ca­ción y de nues­tros patrones sociales. La resal­vaji­zación requiere dar la prio­ri­dad a las expe­rien­cia direc­tas y a la pasión por sobre la media­ción y la alie­na­ción, repen­sar cada diná­mica y aspecto de nues­tra reali­dad, conectán­do­nos con nues­tra furia feral para defen­der nues­tras vidas y comba­tir por una exis­ten­cia libe­rada, desar­rol­lando cada vez más confianza en nues­tra propia intui­ción y estar más conec­ta­dos con nues­tros instin­tos, volver a ganar el equi­li­brio que fue virtual­mente destruido después de miles de años de control patriar­cal y de domes­ti­ca­ción. Resal­vaji­zarse, es el proceso de deve­nir inci­vi­li­za­dos.



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