jueves, 31 de agosto de 2017

Paul Gillman y la justicia poética: Una parodia musical tragicómica en ritmo de rock


Rafael Uzcátegui

En el año 1988 la industria musical venezolana deseaba facturar lo suyo con el boom de rock cantado en español que recorría el continente, volteando su mirada a las bandas locales. Una de las primeras fue Sentimiento Muerto, cuyo disco debut “El amor ya no existe” (1987) ratificaría las expectativas, al convertirse en la producción más vendida del rock venezolano. Siguieron Desorden Público, Témpano, Aditus, Zapato 3 y otras que protagonizarían la “época dorada” del pop rock venezolano. Es en este contexto que Paul Gillman firma un contrato con el sello Rodven, ligado al canal de TV Venevisión, para reciclar su imagen de metalero y ex vocalista de Arkangel y empaquetarla para un público masivo.

Gillman venía precedido de esta fama que intentaba llegar al mito, con una historia personal que aseguraba era hijo de un ex combatiente de Vietnam perdido en batalla. Sin embargo, esta alianza con el emporio Cisneros que incluyó presentación en cuñas navideñas y contra el consumo de drogas afectó su relación con el pequeño, pero iracundo, público rockero local. Eran los días del “Caracazo” y las convulsiones sociales posteriores. Mientras Sentimiento Muerto cantaba “educación anterior” y Desorden Público “Políticos paralíticos”, que reflejaban la rebeldía generacional frente a un presente incierto, las letras vocalizadas por Paul Gillman lo mostraban como un artista defensor del stablishment:
Cuando se pone un disfraz, Adriana
Sale a bailar hasta las seis de la mañana
¡Oh que chica sensual, Adriana!
Que le gusta gozar hasta las seis de la mañana.”

Los números de venta de Gillman no fueron los que la disquera aspiraba, así que chao a la renovación de contrato. Tras ello, Paul Silvestre asumió la típica actitud del resentido. A través de los programas de radio que condujo a mediados de los 90’s sostenía que nadie era más metalero y duro, que el resto del espectro local era simplemente “pop”. Aquellos años fueron testigos del cultivo de la práctica del sectarismo, esta vez musical. En cada emisión Gillman pontificaba de cómo tenían que comportarse “los metaleros” para no contaminarse de otros géneros. Cómo tenían que bailar vestir y comportarse. En aquellos días, antes de 1998, no se conocía o evidenciaba ninguna afinidad izquierdista en quien se había mostrado orgulloso de ser, supuestamente, hijo de alguien que había peleado contra el Vietcong comunista.

Tras el arribo al poder de la llamada “revolución bolivariana” Gillman descubrió, como muchos otros, que la fidelidad a ese proyecto abría las arcas del Estado, rebosantes de petrodólares tras la invasión de Estados Unidos a Irak. El ex vocalista de Arkangel hizo su mejor esfuerzo para transformarse en el rockero de la revolución, alejándose así de su tutor artístico Alfredo Escalante, quien pasó a ubicarse en el otro lado del espectro político. “El matrimonio con este gobierno no lo entiendo. Es como querer alcanzar el cielo con escapulario ajeno. Él se tiene que haber sentido muy feliz habiendo aceptado el apoyo del gobierno”, afirmaba Escalante en 2008. Ya Gillman recibía un abultado presupuesto para organizar un festival musical con su nombre, al cual asistían bandas internacionales y llevaban al terreno político la discriminación que ya era inherente a su manera de ser. “Él asesinó al rock nacional –sostuvo Escalante-. No creo que ese parapeto que él está montando ahora tega que ver con el rock nacional”. Más nunca volvieron a cruzarse palabras.

Para participaer en los Gillman Fest el público votaba por los artistas que deseaba ver en tarima. Pero era un secreto a voces que el principal filtro no era el talento sino la opinión de la banda sobre el gobierno. En los eventos, al micrófono, se dejaba claro que era un festival musical sólo para oficialistas. Sin embargo no bastaba con tener un evento con su nombre y presupuesto propio. Remedando la “hegemonía comunicacional” que imponía el gobierno, Gillman también deseaba monopolizar todos los escenarios pagados con dineros públicos. En el año 2002 la Alcaldía de Caracas organizó su propio “Rodríguez Fest” con la presencia de Andrés Calamaro. La contraparte local era Zapato 3, decisión que fue refutada por P.G. a través de medios que le eran afines: “Zapato 3 es una banda de clara tendencia de oposición, hace tiempo que ya ni viven en este país. Su cantante es yerno de Teodoro Petkoff, furibundo apátrida venezolano. Sus letras no deján ningún mensaje constructivo (…) Allí están nuestras instituciones llenando los bolsillos de estos oportunistas quienes seguramente regresarán a Miami a cagarse de la risa de nuestra revolución”. La leyenda urbana cuenta que Paul Silvestre recibió una llamada telefónica recordándole que en virtud del militarismo reinante, debía respetar las jerarquías si no quería que su presupuesto se disminuyera a cero. Como buen soldado obedeció la orden y tuvo que disculparse públicamente.

A comienzos de mayo de 2017 se difundió la noticia que la anunciada presentación de P.G. en el festival bogotano Rock al Parque había sido cancelada debido a la postura política del músico venezolano. Julio Correal, creador del festival colombiano y que había realizado una cruzada personal para impedir la presentación, declaró a los medios de aquel país las razones para exigir ese retiro: “por dos posibilidades: primero, por ética, porque es difícil en estos momentos que vive Venezuela, montar un artista, activista y militante de la dictadura de Maduro. Y segundo, por cuestiones de seguridad. El festival nunca ha tenido una tendencia política. Ni siquiera se ha subido ningún alcalde (a la tarima). Ni de derecha, ni de izquierda, ni nada. Y no porque se lo prohíban, sino porque todos han tratado de mantener la imparcialidad en el evento”.

Gillman rechazó la decisión, mostrándose sorprendido por lo que calificó como censura y discriminación. El 21 de mayo de 2017 participó en una alocución presidencial en la que Maduro lo presentó como una víctima de “ataques del facismo de la oligarquía colombiana” y anunció que le renovaría el presupuesto para la realización de más conciertos con su nombre. P.G. expreso en ese acto: “Prefiero renunciar a mis sueños que a la Revolución y al Presidente Maduro”. En ese momento, la represión a las protestas en Venezuela ya sumaba 46 personas asesinadas. En redes sociales venezolanas se comentaba el incidente con Gillman en Rock al Parque como trending topic. “El karma existe” o “Una cucharada de su propia medicina” fueron los mensajes más viralizados.

[Artículo publicado originalmente en el fanzine Humano Derecho # 3,Caracas, 2017.]


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nos interesa el debate, la confrontación de ideas y el disenso. Pero si tu comentario es sólo para descalificaciones sin argumentos, o mentiras falaces, no será publicado. Hay muchos sitios del gobierno venezolano donde gustosa y rápidamente publican ese tipo de comunicaciones.