sábado, 15 de julio de 2017

España 1936: La Revolución Social fue posible. Conozcamos la historia para que inspire el presente



Jacinto Ceacero



 Es de todas y todos conocido el mantra “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Permitidnos la licencia discursiva de proponer transformarlo por “El pueblo que conoce su verdadera historia podría querer repetirla” siendo plenamente conscientes de que la historia nunca se puede repetir, ni en lo positivo ni en lo negativo, dado que los contextos, sujetos, momentos históricos, reacciones, condiciones, circunstancias, son siempre diferentes.



El conocimiento de la historia es una necesidad, una obligación para aprender, para madurar, para crecer como sociedad y como persona; debemos conocer la historia para no repetirla pero pensando, obviamente, en aquellos procesos, hechos, acontecimientos históricos..., que hayan sido nefastos, violentos, bélicos, represores, dictatoriales, autoritarios, xenófobos, racistas, devastadores de los derechos humanos, esquilmadores del medio ambiente... Pero también deberíamos conocer con rigor el pasado para aprender la utilidad de aquellas históricas experiencias sociales que han aportado beneficio a la mayoría de la población, que han liberado al pueblo de ataduras mentales y penurias económicas, que han derribado los pilares de viejos regímenes políticos caducos.



Sin embargo, el poder y el sistema vigente se esfuerzan en ocultar intencionadamente aquellos acontecimientos revolucionarios que han contribuido a transformar la sociedad de su tiempo y sentar las bases de la sociedad nueva en la que podamos ser más felices, y lo que es más grave, nos cuentan sesgadamente una historia pasada que, siendo positiva para la mayoría social, se nos presenta como algo perverso, a criminalizar, algo que no debemos repetir (sólo hace falta que miremos los libros de texto que se acomodan a los planes de estudios ministeriales para comprobar lo lejos que estamos de conocer la realidad, la verdad) y ello con la pretensión de que al no conocerlos no los “repitamos” (justo lo contrario del mantra comentado al inicio).



Sin disponer de una verdadera historia rigurosa y crítica con el discurso oficialista dictado por quienes ostentan el poder, el pueblo está condenado a seguir repitiendo el papel que se le ha asignado desde siempre, sin análisis, sin valorar las consecuencias, perpetuando, como si fuera su estatus natural, su servidumbre hacia los privilegios de la clase dominante y hacia el poder.



¿A qué hechos históricos nos referimos? Fundamentalmente, nos referimos a la amnesia popular que existe sobre la Revolución Social que tuvo lugar en nuestro país a partir del 19 de julio de 1936 con objeto de explorar su viabilidad en el presente, aplicar algunas de sus fórmulas para solucionar los problemas de la crisis sistémica que padecemos. Obviamente, no estamos aquí reivindicando la guerra civil que provocó centenares de miles de muertes, no estamos demandando que se repitan episodios tan traumáticos para el pueblo como una guerra y la posterior represión dictatorial. Lo que queremos es rescatar del olvido, quitando las censuras e interpretaciones tergiversadas del comunismo estalinista, el franquismo y el propio proceso de la Transición, lo que para muchas personas, que se han acercado sin prejuicios y honestidad a estas experiencias y realizaciones humanas, como Chomsky, Orwell, Carrasquer, Mintz... ha representado el mayor esfuerzo colectivo para construir la Utopía a través de una sociedad libertaria, un movimiento popular que protagonizó una de las revoluciones sociales más importantes de la historia y en la que participaron varios millones de personas. Y este rescate del pasado es preciso hacerlo con ojos libertarios porque esos fueron los ojos de sus máximos protagonistas, los ojos, a la postre, de quienes perdieron, primero la revolución y después la guerra.



Lamentablemente, la Revolución Social iniciada el 19 de julio de 1936 fundamentalmente por el movimiento libertario (colectivizaciones; anulación de la propiedad privada; no reconociendo el poder del Estado burgués, constituyendo estructuras civiles y militares paralelas...) fue frontalmente abortada a partir de los trágicos hechos de Mayo de 1937 en Barcelona al desencadenarse una contrarrevolución auspiciada por las fuerzas republicanas defensoras de la democracia burguesa con el partido comunista (estalinista) a la cabeza.



A partir de este fracaso premeditado y provocado es preciso quedarnos con las realizaciones prácticas y positivas de la Revolución, por responsabilidad y compromiso con quienes lo hicieron y sus ideas, que nos sean de utilidad para solucionar los problemas de hoy. En la situación actual de profunda crisis para millones de personas en paro y precariedad (económica, cultural, educativa, personal...) la recuperación de las conquistas sociales que se alcanzaron en la Revolución Social pueden ser un ejemplo a seguir, aunque entre las circunstancias de cada época es complicado establecer paralelismos.



¿Qué supone la Revolución Social para la izquierda política fragmentada de hoy? Nada, lo mismo que para las fuerzas políticas republicanas de la época. La izquierda actual persiste en su obsesión por el reformismo, que sólo logra sustentar al Estado, alejándose de los procesos transformadores y revolucionarios.



La sociedad que tenemos hoy, en nuestro país como en el resto del mundo occidental, es clasista, segregadora, desigual, conservadora, racista, xenófoba, nacionalista-populista, con incremento de la extrema derecha; una sociedad que involuciona a pasos agigantados, en la que imperan los valores del darwinismo social, el individualismo, el consumismo, el analfabetismo funcional; acostumbrada al enchufismo, la corrupción, el expolio de lo público.



Por su parte, la clase trabajadora de hoy tiene un perfil desdibujado: ha integrado en su vida diaria los valores del capitalismo y el neoliberalismo y no valora ni conoce las potencialidades de la autogestión de las empresas recuperadas, de lo público, de lo común.



Contamos con una división prolongada durante años del anarcosindicalismo (esto no es ninguna novedad en su historia); con rescoldos y focos aislados de experiencias autogestionarias y anarquistas; con el movimiento de la sociedad civil organizado en el 15M, las Mareas Ciudadanas, las Marchas de la Dignidad; con los movimientos sociales que utilizan modelos de funcionamiento libertario...



Debemos ser conscientes de que la verdadera Revolución Social precisa de un pueblo organizado, formado, armado ideológicamente por el pensamiento libertario; un pueblo activista, sin distracciones ni espejismos por querer conquistar el poder; que no comparta la lógica del Estado burgués, que se sienta heredero de varios siglos de luchas por sus derechos y emancipación; un pueblo sobre el que pivote cualquier proceso de cambio político y transformación social.



Anastasio Ovejero, en su reciente libro Autogestión para tiempos de crisis, insiste en que la salida a la crisis actual pasa por la autogestión y plantea la utilidad de recuperar el ejemplo de las colectividades libertarias que tuvieron lugar en la Revolución Social de 1936 para ofrecerlas como alternativas reales a la situación de crisis económica y sistémica actual.



Ahora que se está en proceso de revertir los servicios públicos anteriormente privatizados; ahora que comienza a existir una opinión pública favorable en defensa de lo público, de lo común, tras ver los grandes inconvenientes que supone su privatización (pérdida de puestos de trabajo, pérdida de calidad en el servicio, encarecimiento del mismo, es una fuente de corrupción); ahora es un buen momento para mirar hacia los procesos alternativos de autogestión que han existido en la historia como la Revolución Social española, el movimiento de empresas recuperadas y autogestionadas en Argentina y Grecia o el uso de los bienes comunales que Elinor Ostrom constata que se llevan a cabo en muchas partes de todo el mundo, y hacerlo como alternativa al espíritu empresarial capitalista e individualista.



Las revoluciones tienen lugar porque se dan una serie de circunstancias sociales, políticas, económicas, culturales que, sin duda, en este momento no se dan porque el neoliberalismo lo invade todo, especialmente, el pensamiento, el comportamiento y las actitudes de la población. Sin embargo, la revolución fue posible y sus realizaciones deben ser el referente que nos llene las manos a la hora de construirnos como pueblo en pie que quiere ser el protagonista en la sociedad nueva que se fundamente en la libertad y la justicia social.



[Publicado originalmente en el periódico Rojo y Negro # 314, Madrid, julio 2017. Numero completo accesible en http://rojoynegro.info/sites/default/files/rojoynegro314julio.pdf.]




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