miércoles, 5 de julio de 2017

"Coto" Paúl: Rescatando una olvidada voz de la anarquía en la Venezuela de 1811


[Nota previa de El Libertario: El apodo de "Coto" era dado en la época a quien padecía de la enfermedad que hoy conocemos como bocio, que conlleva la permanente inflamación de la glándula tiroides en el cuello.]

Sobre "Coto" Paúl


Rodolfo Montes de Oca

El uso de la palabra “Anarquía” en Venezuela tiene sus orígenes en el proceso político, económico y social de vida republicana11. En épocas tan tempranas como 1811, cuando la Sociedad Patriótica discutía la dirección política que debía tener la naciente República, en sesión presidida por Francisco De Miranda y con asistencia de Simón Bolívar (1783-1830). En momentos que Antonio Muñoz Tébar (1792-1814) pronunciaba un discurso abogando por la forma conservadora y centralista que debería tener el nuevo estado, el conjurado Francisco Antonio “Coto” Paúl (1773-1821)12 le usurpa la palabra y dirá:
«¡La Anarquía! Esa es la libertad, cuando para huir de la tiranía desata el cinto y desnuda la cabellera ondosa. La Anarquía! ¡Cuando los dioses de los débiles, la
desconfianza y el pavor la maldicen, yo caigo de rodillas a su presencia. Señores: que la anarquía, con la antorcha de las furias en la mano, nos guíe al Congreso para
que su humo embriague a los facciosos del orden, y le sigan por calles y plazas, gritando Libertad!» [13]

Sobre el mismo hecho el historiador Caracciolo Parra Pérez escribirá:
«En ese día, Antonio Muñoz Tebar, discípulo amado de Miranda, joven admirable por su energía y lucidez de espíritu, cuyas opiniones sobre la naturaleza del gobierno no desdeñara Bolívar compartir, pronunció una arenga inflamada: “Hoy es el natalicio de la revolución. Termina un año perdido en sueños de amor por el esclavo de Bonaparte: ¡que principie ya el año de la independencia y la libertad! ¡Confederación de estados o gobierno central, una asamblea o muchas, por todo podemos comenzar como comencemos por la independencia…! Francisco Antonio Paúl lanzó también entonces con voz estorba sus famosos apostrofes, acentuados por la insigne pluma de Juan Vicente Gonzáles: “Coto” invoca, en nombre de la “santa demagogia”, la anarquía salvadora que “embriague a los facciosos del orden” y reanime “el mar muerto del Congreso”» [14]

Durante la Primera República, Coto Paúl representó una de las figuras más avanzadas de la gesta. Era un connotado orador, redactor junto a Guillermo Pelaron y García de Sena del periódico republicano El Publicista Venezolano. El historiador Caracciolo Parra lo describe como un hombre “dantoniano”, en honor al revolucionario francés Georges-Jacques Danton (1759-1794).

Sobre su persona el historiador marxista, Domingo Alberto Rangel relata:
«A Coto Paúl, que era muy radical, lo acosaban los moderados de 1810 recordándole que el extremismo a la larga precipitaría el retroceso político. Coto Paúl despreciaba tales advertencias engendradas, según quería hacer sobre la montaña de la santa anarquía y allí esta nuestra mayor garantía. Nadie, ni antes ni después de Coto Paúl, ha llamado santa a la anarquía. Como debería notar, la anarquía tiene la rara característica de ser lapidada o atacada por la derecha lo mismo que por la izquierda.» [15]

Pero hay que acotar que cuando Coto Paúl se expresa, con toda la opulencia propia de la época, Pierre Joseph Proudhon, llamado el padre de la anarquía, tenía tan sólo un año y Mijail Bakunin nacería cuatro años más tarde. Es de suponer que Coto Paúl había leído el libro del precursor libertario inglés William Godwin, Investigación acerca de la Justicia Política, publicado en 1793, para expresar tan clara identificación con el sentido que ha tomado con posterioridad la palabra anarquía.

Notas

[13] Citado en GIL FORTUE, José (1967). Historia Constitucional de Venezuela. Caracas, Librería Piñango.

[14] PARRA PÉREZ, Caracciolo. (1992) Historia de la Primera República de Venezuela. Biblioteca Ayacucho.

[15] RANGEL, Domingo Alberto (2010). “Coto Paúl, el olvidado 1810”. Semanario Quinto Día. 29 de enero.

[Párrafos extraidos del libro Contracorriente: Historia del Movimiento Anarquista en Venezuela 1811-1988, Madrid, LaMalatesta - El Libertario, 2016.]


 ¿Por qué los historiadores han matado a Coto Paúl?

Semanario Quinto Día

Hay un personaje olvidado en la historia de Venezuela que como esos muñecos conocidos como “porfiados” tiene la particularidad de caer, cuando se tiran al suelo, de caer siempre de pie.

Un “porfiado” jamás cae de barriga o de nalgas, a esa posición erguida, aun cuando se le arroje al suelo de cabeza, debe el porfiado su nombre. En nuestra historia abundan los “porfiados”, como en la historia de cualquier otra colectividad.

Así como no hay ser humano que no tenga inconfesable en su vida, algún episodio que el interesado mantendrá sustraído a la mirada o al escritorio ajeno, asimismo no hay pueblo o comunidad sin algún secreto importante, guardado por los perros mastines del misterio. Venezuela no es y no podía ser, excepción a esa regla de oro de la historia.

El personaje en el cual es secreto al que quiero referirme es Coto Paúl, líder de la Sociedad Patriótica de 1810 y líder de lo que pudo ser el ala izquierda más consecuente de la independencia.

Estamos aludiendo a Coto Paul, legendario orador quien desde las barras del Congreso de 1811 emplazó a los tibios patriotas del momento a declarar a independencia.

Cada época tiene su clase social más representativa que sintetiza, en su momento, la visión más audaz, la posición más osada y la ambición más denodada. Entre 1810 y 1811, el líder más brillante y más intrigante, el verdadero faro de la insurgencia fue Coto Paul a quien se debe en gran parte el clima restallante de alzamiento que prevaleció en aquellos dos años. Los “clubes” de la Revolución Francesa hacían rugiente historia entre nosotros, eran la vanguardia de la revolución de independencia. La sociedad patriótica era la traducción a la lengua española del Club de los Jacobinos. En la Sociedad Patriótica, como en el Club de los Jacobinos de París, había tres tendencias. En la matriz francesa del Club había una derecha encarnada en Jorge Danton, una izquierda que radicó en el Graco Babeuf y un centro donde se ubicó Robespierre. En Caracas, dentro de la Sociedad Patriótica hay, como es evidente una derecha donde se ubica Francisco de Miranda, un centro donde se coloca Simón Bolívar y una izquierda que tiene como principal vocero a Coto Paúl.

El progreso hacia la independencia va ubicando a los personajes en la medida que la historia lo llama a comparecer.

Miranda no solo es un anciano que ya no puede echarse encima las tareas ciclópeas que demanda un proceso de liberación nada pacífico y en el cual la Corona española, la población rural del país o Mandinga depositan la simpatía de las masas populares. La independencia fue empresa de jóvenes, con un viejo como líder, Francisco de Miranda en 1810 y 1811, después cautivó Miranda, la bandera de la insurgencia pasaría al ala centrista de la Sociedad Patriótica y vendría, con ese deslizamiento, la hora de Simón Bolívar, de Diego Ibarra y de otros muchos más a quienes discernió el honor de llevar el proceso de la insurgencia hasta su culminación vertebral.

La suerte de los diversos personajes de aquella época es conocida. Unos parecen en combate que es el caso de José Félix Rivas, muerto en Zaraza hacia 1814 o emigran a Oriente y luego emigran a las Antillas y comienzan de nuevo a juntarse en dos polos de atracción que arrojan para siempre a la dominación española de nuestra tierra: Casanare y Guayana. El dominio de esas dos regiones ricas ambas en provisiones de boca teniendo ambas una opulenta ganadería aseguraba el eventual triunfo republicano como ocurrió, Guayana y Casanare garantizaron la liberación de Caracas y Bogotá cuando las cosas empezaron a alcanzarse en el campo republicano.

Los historiadores venezolanos siguen, con fidelidad de perro faldero, a cada personaje para narrar, con diligencia de escribanos, suerte de cada quien.

Bolívar muere en San Pedro Alejandrino, atendido y alojado por un español, lo cual no deja de ser paradójico, Antonio José de Sucre, cae en Berruecos. Yo vi una noche en sueños al Mariscal anciano, las balas de Berruecos no hicieron mella en él, dijo Andrés Eloy en unos versos que en este momento me vienen de repente a la memoria. José Antonio Páez murió en Nueva York agasajado y respetado por la muy conservadora sociedad norteamericana.

No se sabe cómo y dónde murió Coto Paúl no se conoce tampoco por qué abandona el estrado de la historia para sumirse en el silencio y en la muerte. ¿Por qué no se sabe qué aconteció con esta rutilante figura, sin duda el más capaz en las jornadas de 1810 y 1811, dotado de carisma histórico, caudillo de multitudes, orador flamígero, radical intransigente? ¿Desertó de la causa insurgente y contrariado consigo mismo fue a morir olvidado? ¿Pereció en algún lance menudo de los muchos que circundaban las guerras en nuestro país? Hasta donde yo sé, ningún historiador se ha tomado la molestia de plantearse estas preguntas.

Coto Paúl no es un personaje secundario, fue el más destacado líder independentista en la jornada de inaugurar nuestra lucha por la independencia. Todos callan respecto de él. Nada dicen Baralt y Díaz, nada dice Gil Fortoul, todos vibran de admiración al describir la oratoria de Coto Paúl, pero luego callan como si este personaje no hubiera existido. ¿Por qué callan al mismo tiempo Baralt y Díaz y Brito Figueroa? ¿Qué mecanismo de agonía mortal embarga los cinco sentidos de nuestros historiadores profesionales.

Los historiadores suelen ser, con honrosas excepciones, muy alcahuetes.

El hecho de que la tiranía de Gómez haya tenido historiadores que alcanzaron cifras mayoristas en sus filas, nos indican el origen del silencio que oculta hoy a Coto Paúl. Él es como un personaje molesto, un importuno que estorba aun los planes veleidosos o cretinos de hoy. Los personajes más o menos destacados que incidieron de alguna manera sobre el proceso histórico del país son acompañados por los historiadores hasta la tumba donde con lágrimas abundosas o parcas se les despide y se les bendice. A Coto Paúl nadie le acompaña. Fue el gran tribuno de 1810 y 1811. Le cantó a Venezuela el villancico heroico en la hora augural del parto independentista y luego lo sumen en el mutismo y el arcano, por algo será.



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