sábado, 10 de junio de 2017

El fetiche de la Constituyente




Humberto Decarli

El gobierno y algunos sectores de oposición están proponiendo un proceso constituyente por distintas razones. El oficialismo lo hace con la finalidad de crear un Estado totalitario copiando el esquema cubano, para centralizar aún más al poder y sobre todo, para impedir cualquier acto comicial por el convencimiento de sufrir una derrota aplastante. Los otros grupos ubicados en el bando opositor están motivados por cumplir una reestructuración del Estado venezolano.

LA CONSTITUYENTE DE HUGO CHÀVEZ

El fallecido presidente venezolano fue categórico cuando estaba en la campaña electoral del año 1998. Pensaba en la necesidad de remozar el poder en el país a través de una Asamblea Nacional Constituyente para, entre otras actividades, redactar una nueva constitución por estimar a la del 61 como obsoleta. Cuando le preguntaban sobre cualquier aspecto futuro a resolver como presidente, respondía que lo iba a solucionar mediante el proceso constituyente.

Fue tan rotunda su creencia en el ordenamiento jurídico venezolano que llegó a decir que su programa ideológico y de gobierno estaba en la constitución. Aseverar tal propuesta desnudaba su postura sobre el aparato de dominación porque dejaba sus ideas en un instrumento normativo, expresión escrita de las reglas de la dominio. Nada más reaccionario descansaba en tamaña afirmación.

Para Chávez la constitución nueva era la mejor del mundo, a su creer. Una expresión normativa puede ser la máxima o la peor según sea la óptica con la cual se mire. Fue el primer paso para conducirse a posteriori hacia un Estado absolutista. Surgió de un tinglado puesto en escena para dar imagen de legitimidad, a contrapelo de la puntofijista elaborada por el congreso nacional, un camino bien heterodoxo, como una ley cualquiera. 

No fue realmente producto de un mecanismo de participación sino de un proyecto preestablecido por el mismo jefe de Estado. Se incorporó un catálogo de derechos humanos derivado de propuestas de varias ong aceptadas por quien todo lo decidía pero es una carta magna totalmente presidencialista, con varias trampas como la establecida en el artículo 303 donde se permite la privatización de PDVSA a través de sus filiales, se igualó al capital extranjero con el nacional y se agregaron dos poderes públicos para maquillar sus funciones. Pero lo relevante a señalar fue una sintaxis, con circunloquios incluidos por aquello de nombrar en masculino y femenino, hecha a imagen y semejanza de su autor. El rol del soberano fue estrictamente plebiscitario.

LAS CONSTITUYENTES EN AMÈRICA LATINA

En décadas recientes se han presentado procesos constituyentes en la región. En Colombia sirvió para cambiarle el nombre a la capital (ahora Santa Fe de Bogotá) y liquidar al otrora poderoso M-19 al agregarlo a la legalidad y convertirlo en un movimiento clientelar. También se efectuaron en Ecuador y Bolivia siguiendo el esquema venezolano. Se caracterizaron por poca participación, escasa discusión y fundamentalmente no se tomó en cuenta a la gente a la hora de la toma de decisiones.

América Latina tiene regímenes con democracias electorales pero el desempeño de la gestión es inexistente desde el ángulo de la presencia de los seres humanos porque las cúpulas o factores de poder son quienes tienen la última palabra. Todo un lampedusianismo típico de la zona.

LA PROPUESTA DEL CHAVOMADURISMO

La anunciada por el gobierno el primero de mayo fue, prima facie, una sorpresa porque en general no era esperada. No obstante, esta iniciativa se derrumbó en la medida que la gente conoció sus causas y la operatividad de su instalación. Además, arrastra el pesado fardo significado por un gobierno con una gestión ineficaz a todas luces.

El haber incorporado, además de la elección universal, directa y secreta general, una sectorialización representando supuestamente a la sociedad, delata claramente su naturaleza corporativista. Pareciera hecha por los ideólogos de Benito Mussolini o por los cubanos, igual de totalitarios. Habrá sectores con pocas personas con la misma representación de los electos abiertamente. Ese es el mecanismo de burla a la sociedad.

Adicionalmente se buscará eliminar a la Asamblea Nacional por la Asamblea Nacional Constituyente con la finalidad de impedir el control y la emisión de leyes. De la misma forma la Fiscal General será defenestrada para acaparar de esa manera a todos los poderes públicos. La Contraloría, la Defensoría y los poderes judicial y ejecutivo, dominarán la escena política e institucional. Es en esencia, una concentración total del poder.

Además, la nueva constitución debe establecer la comuna como norte de su geometría, reproduciendo la estructura política cubana y por esa senda, terminar de instalar el régimen dictatorial ya adelantado. Por supuesto, la finalidad inmediata es impedir cualquier acto comicial por razones de adversidad por la ineficacia del gobierno para resolver problemas tan elementales como el de la comida. Dicho en otras palabras, es la vía institucional de eternizar el esquema político estalinista.

LAS CONSIDERACIONES OPOSITORAS

Más de una formación contraria al oficialismo está preconizando acudir a un proceso constituyente con el apellido de originario. Adhieren en forma fetichista a un concepto del cual emanará la panacea universal. Se han convertido en unos especialistas constitucionales con interpretaciones amplias y profusas sobre el vértice de la pirámide kelseniana. Están insertos en la trayectoria de la mentalidad de tinterillo, esto es, en el formalismo huero típico de los leguleyos.

Pretenden entender a la constitución como un contrato social, así conceptuado por le ideología liberal la cual partía de la premisa de ser el instrumento sustancial para regir al ser humano en sociedad omitiendo la interferencia de los factores de poder en su elaboración. Tiene mayor autenticidad la definición de La Salle, el viejo socialista europeo del siglo diecinueve, quien comprendía a la constitución como un espejo capaz de reflejar los conflictos de poder de una determinada sociedad.

REFLEXIONES FINALES

El telos de una constituyente es el camino de la toma de ciertas decisiones políticas y la sintaxis de una nueva constitución. Es remozar o acomodar al poder para supuestamente ser más eficaz la sumisión de la sociedad por parte del grupo dominante. No es un salto cualitativo social ni nada que se le parezca. El producto de todo este proceso desembocará en un instrumento clásico como el narrado por Orwell en su obra 1984.

Para finalizar es conveniente alcanzar un punto de inflexión. Cabe preguntarse si el esfuerzo ideológico del Abate Emmanuel Sieyes sirvió para el progreso social. Evidentemente que no porque el devenir de la Revolución Francesa se aceleró con el radicalismo de Robespierre y Saint Just, entró en el Terror, hubo el golpe del Directorio cuando el Termidor y culminó con el súmmum del autoritarismo, el imperio y Napoleón Bonaparte. Leòn Tolstoi, ese gran ácrata cristiano, se asombró cuando visitó París por primeva vez y observó que los galos aprecian como un héroe al déspota de Córcega. Tiene plena vigencia la máxima de que todo jacobinismo termina en bonapartismo.   


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