sábado, 8 de abril de 2017

Debate (A): Anarquismo y prostitución



Sergio

Entre la innumerable cantidad de debates que existen al interior del feminismo, hay uno de central importancia para las mujeres, porque si bien es algo que hace a la vida de toda la sociedad, afecta e interesa a toda la sociedad, es a las mujeres a quienes más afecta, me refiero a la problemática de la prostitución, o también podemos llamarle “explotación sexual” o “trabajo sexual”, estas dos últimas definiciones no son equivalentes, y determinan entre quienes las usan, una postura ideológica definida en uno u otro sentido, en otras palabras, refieren a lo mismo pero tienen sentido diferente.

Veamos primero en resumidas palabras, y en base a lo que yo recuerdo haber leído en distintas oportunidades, cuál ha sido históricamente la postura del anarquismo frente a este tema, y luego veremos cómo se lo ve actualmente y con una perspectiva mas abarcadora, no restringiéndonos solamente a la posición anarquista sobre esta problemática.

Desde prácticamente los primeros pasos del anarquismo, como movimiento más o menos distinguible y organizado, pueden verse en sus periódicos muchas referencias a la prostitución, y más aun es en los periódicos o publicaciones anarco feministas donde esta problemática ocupa un lugar importante, en líneas generales y simplificando, diría que el anarquismo clásico tenía una visión de la prostituta como víctima de una doble opresión: el capitalismo y el patriarcado, el o la proxeneta era el explotador y se lo comparaba con lo peor de la burguesía, pero también los consumidores de este “servicio” eran muy mal vistos, se les inculcaba a los trabajadores que este tipo de prácticas eran típicamente burguesas y opresoras, que reducían a la mujer, (proletaria) a una simple cosa destinada a satisfacer los mas bajos instintos masculinos, y más específicamente entre los militantes anarquistas, esta práctica era severamente rechazada y considerada inaceptable entre anarquistas. Recuerdo específicamente del periódico La Voz de la Mujer (fines del siglo XIX) una campaña para liberar a las mujeres de la “trata”, o sea de la esclavitud a la que eran sometidas las mujeres, denunciar los lugares donde se ejercía el comercio sexual, a los explotadores, y denunciar también a la policía que, previo soborno, permitía este negocio y se beneficiaba con él. Como dato importante dada la época, debo resaltar que el periódico incluía la voz de las mujeres que habían podido liberarse de esta opresión y comenzaban (con la ayuda de las militantes de La Voz de la Mujer) a organizarse para rescatar de este martirio a otras compañeras. Como vemos las cosas no han cambiado demasiado desde los tiempos del primer anarquismo, en líneas generales podríamos decir que la postura anarquista siempre fue similar a la postura “abolicionista”, mayoritaria en el feminismo actual.

Existe entre las feministas otra postura llamada “reglamentarista”, esta posición actualmente es minoritaria dentro del feminismo pero tiene su repercusión, (incluso tuvieron su espacio para manifestarse en el último encuentro nacional de mujeres) estas mujeres sostienen que, si bien están en contra del proxenetismo, o sea que las mujeres sean explotadas por un tercero que se beneficia con su trabajo, proponen en cambio que las mujeres que desempeñan esta actividad o quieren desempeñarla, se agrupen en un sindicato, de hecho ya existe uno ( “Ammar: asociación de mujeres meretrices de la Argentina) para desempeñar esta tarea en forma cooperativa o en forma individual, sin explotación, y proponen que exista una reglamentación para legalizar esta tarea, lo que incluiría el pago de impuestos, la posibilidad de acceder a una obra social, jubilación, etc.

Quienes sostienen esta postura manifiestan que el “trabajo sexual” es un trabajo, en líneas generales, como cualquier otro trabajo, que si existe explotación del o la trabajadora por parte de un tercero (en este caso el “consumidor”) lo mismo ocurre cuando alguien contrata a un trabajador cualquiera para hacer una reparación en su vivienda o su auto, en definitiva la explotación, o para ser más especifico, la extracción de plusvalía, es una característica de todo trabajador asalariado, que todo trabajador asalariado, por el hecho de serlo, por definición, ya es explotado, por lo tanto el rechazo o la condena social sobre el trabajo sexual tiene mucho de hipocresía y, si debemos abolir la explotación, esta debería abolirse en todo trabajo alienado, o sea en todo trabajo para un tercero que obtiene un beneficio por ese trabajo.

Otro argumento importante que sostienen quienes están a favor de la reglamentación y militan esta causa, es el carácter diferencial que le otorga la sociedad al trabajo sexual, viéndolo diferente desde un plano axiológico al resto de los otros trabajos que se desempeñan en una sociedad, sostienen que este es principalmente un prejuicio de origen cristiano, el cristianismo y las religiones en general, pese a que supuestamente su campo de acción es el de las almas o el espíritu, o la conciencia si buscamos un concepto más laico, invariablemente y desde sus orígenes han intentado regular y reglamentar todo lo referente al cuerpo, sobre todo al cuerpo de la mujer, el uso del cuerpo siempre fue el gran problema de la religión, desde la lujuria y las aberraciones más extremas, (estoy recordando los casos de pedofilia al interior de la iglesia católica) hasta las mas grandes restricciones, como el ascetismo, el celibato y las grandes mutilaciones y torturas de las que, sobre todo los católicos, supieron ser grandes especialistas.

Para la religión, una invención típicamente machista, siempre fue un problema la mujer, su cuerpo, su subjetividad, su otro mundo femenino y ahora feminista, y su sexualidad, siempre el cuerpo de la mujer fue tomado como un campo de batalla donde se desarrollan todo tipo de relaciones de poder y que terminan repercutiendo en la formación de subjetividades de lo más diversas y en constante devenir, algo que aterra a las religiones, especialistas en conservar y fijar, (volver a amarrar: “religare” es el concepto latino de donde proviene “religión”).

Ahora bien: respecto a estos argumentos hay muchas cosas que pueden decirse a modo de réplica y que determinarían, a mi juicio, una suerte de refutación, aunque no absoluta, de los principales postulados de aquellos que sostienen esta postura “reglamentarista” con respecto a la prostitución.

En cuanto a la posibilidad de desempeñar esta tarea de forma autónoma o autogestiva, ya sea individualmente o en grupo, como una cooperativa, tengo mis serias dudas con respecto a su funcionamiento efectivo, esta actividad siempre fue un gran negocio e involucra a mucha gente inescrupulosa que se beneficia de esta actividad y no creo que vayan a permitirse perder este ingreso monetario de manera tan simple, la policía recauda mucho dinero por permitir esta actividad y también se piensa que los proxenetas, verdaderos esclavistas modernos, van a utilizar la legalidad como modo de lavar su negocio presentándose como cooperativistas o algo así, pero en realidad nada cambiaría para la mujer explotada.

El funcionamiento de forma individual de la prostitución podría funcionar tal vez, en domicilios privados como ocurre hoy día en cierta manera, pero no creo que funcionaría en la calle ya que la mujer sola estaría librada a la amenaza constante de los que desean explotarla, en líneas generales se sabe que esta alternativa no funciona en ninguna parte del mundo y que la legalidad termina siendo una fachada para encubrir la explotación bajo un manto de autonomía.

En cuanto a que la prostitución sea un trabajo como cualquier otro trabajo asalariado, y que quienes se oponen a este criterio padezcan un prejuicio originado en nuestra formación judeocristiana y eurocéntrica, deberíamos señalar que la prostitución es una actividad muy antigua, anterior al cristianismo, los datos históricos más detallados provienen de la antigua Roma donde la prostitución era legal, sin embargo la legalidad no excluía la explotación, muy por el contrario la facilitaba, en Roma la esclavitud era legal y quienes tenían dinero solían comprar mujeres para explotarlas en esta actividad, algo bastante parecido a lo que ocurre en la actualidad, solo que actualmente la esclavitud formalmente es ilegal aunque hayan violaciones a esta regla. Ya en esa época la prostitución era desempeñada por esclavas casi en su totalidad, no había mujeres libres que ejercieran la prostitución.

Hay que analizar finalmente si todos los trabajos son iguales desde un plano axiológico, o si algunos tienen o conllevan un daño moral para la sociedad en su conjunto, el trabajo asalariado supuestamente libre, es la actividad que alguien ofrece a cambio de un salario, lo que el trabajador vende, o lo que el empleador compra es la fuerza de trabajo, que sumada a otros insumos produce un beneficio al empresario, pero en el caso de la prostitución parece que lo que se está vendiendo es el cuerpo y no la fuerza de trabajo, aunque, lo ádmito, seria terreno de discusión qué es fuerza de trabajo y qué es cuerpo y cómo se diferencian, igualmente me da la impresión que en el caso de la prostitución se vendería el cuerpo, lo que sería un tipo de actividad objetivamente distinta a los otros trabajos.

También es discutible la equiparación de todo trabajo asalariado ya que, el policía o las personas que trabajan en este tipo de actividades, lo hacen por un salario, sin embargo quienes sostenemos determinadas posturas como el anarquismo, siempre rechazamos como trabajador a quienes desempeñan este tipo de tareas.

Evidentemente, sin cortar el hilo por lo más delgado y reconociendo que las mujeres que ejercen la prostitución, son víctimas del capitalismo, que todo lo mercantiliza, incluso las relaciones afectivas mas intimas y que deberían estar alejadas de todo fin económico, y también son víctimas del patriarcado que desde siempre utilizó el cuerpo de la mujer como su propio territorio, algo que se puede vender y comprar, acumular o extinguir, o mutilar y modificar a su arbitrio sin dejar a la mujer, la posibilidad de tener la soberanía sobre sí misma, sobre sus decisiones, su subjetividad y su dignidad, por eso creo que es correcta la intransigencia que la mayor parte del feminismo tiene con respecto al ejercicio de la prostitución, una actividad que sobre todo genera mucho daño en las mujeres, y por extensión en la sociedad toda, y constituye una de las expresiones más aberrantes del capitalismo y el patriarcado.

[Texto publicado originalmente en revista Parrhesia # 31, Bahía Blanca, marzo 2017. Número completo accesible en www.laletraindomita.blogspot.com.]


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