martes, 14 de febrero de 2017

Anarquismo y Ecología



La Neurosis o las Barricadas Ediciones


* Lo que sigue es la Introducción con la cual esta editorial presenta la breve compilación de igual título y varios autores, que en versión completa está disponible en https://mega.nz/#!fkRBgIIL!Rt5GQ1gTPHo1iBojLJr-Q0xAf-7Qp2HO-e7E6rWVFec.

Mayo del 68 ha sido tomada muy a menudo como fecha simbólica por marcar en este sentido un antes y un después en las luchas sociales. Para muchos significó la puesta en escena de la nueva izquierda, esa que convirtió en ejes centrales de su identidad el feminismo o el ecologismo frente a la denominada vieja izquierda que había tenido en la emancipación de la clase obrera la base de sus principios.

Lo cierto es que sería injusto pensar que la conciencia ecológica nació así de golpe y porrazo y en ese sentido es imposible creer que esa sensibilidad habría llegado de forma reciente, por ejemplo, al movimiento anarquista. Es posible que la visibilización más evidente que nunca de la destrucción irremisible del planeta sea ahora mayor entre la población occidental que en otras épocas y esa visibilización conlleva una cierta sensibilización (aparente que no real), y eso puede generar la errónea idea de que las preocupaciones ecologistas tengan tan sólo 3 ó 4 décadas de antigüedad. Esa idea sería completamente errónea. Una cosa es que el movimiento ecologista sea joven y otra cosa es que las preocupaciones y las ideas ecologistas también lo sean. Lo cierto es que no es así, al menos para las anarquistas, como podrán leer un poco más adelante l@s lector@s de este cuadernillo.

Como podréis comprobar en las siguientes páginas las preocupaciones ecologistas han tenido una dimensión muy diferente en los muy diversos proyectos y sensibilidades libertarias. Por ello han existido anarquistas que han mostrado una enorme preocupación por la necesidad del equilibrio entre el ser humano y el medio natural y otros que han percibido este problema como algo completamente secundario. Es posible que en las últimas décadas el conjunto del movimiento anarquista haya adquirido una conciencia ecologista más homogénea y evidente que, por ejemplo, a inicios del siglo XX, en el sentido de que nadie hoy en el mundo libertario se atrevería a dudar de la necesidad de un cambio de modelo social que lleve de forma inmediata un nuevo modelo de relación con el entorno natural. Algo que si en otros momentos podía parecer implícito para un sector del movimiento libertario, ahora es completamente explícito para todo él. Sí es cierto que hay diferentes sensibilidades al respecto y, por ello, hay visiones que integran las preocupaciones medioambientales dentro de proyectos que suelen participar en luchas sociales heterogéneas frente a otros colectivos y proyectos anarquistas cuya actividad está centrada principalmente alrededor de las luchas que tradicionalmente se suelen encuadrar dentro del mundo ecologista.

El giro ecocentrista

No estamos muy seguras de que el movimiento ecologista haya influido de forma cuantitivamente importante en el ideario libertario. Es complicado dilucidar si las preocupaciones medio ambientales que han arraigado entre las anarquistas son fruto de la influencia de las ideas del mundo ecologista o si simplemente ha sido el paso natural de un movimiento que ya tenía una fuerte tradición de ideas ecologistas que han cobrado una fuerza mayor ante la aplastante cotidianeidad de las catástrofes ambientales, la contaminación, la deforestación, la hipertrofia urbana e industrial, el consumismo, etc. vinculadas al modelo de vida burgués.

Lo que sí consideramos indiscutible es que las ideas ecologistas de la segunda mitad del siglo XX han supuesto desde el punto de vista cualitativo un punto de inflexión para una parte difícilmente cuantificable del movimiento anarquista. Esta influencia ha propiciado la curiosa convivencia de dos corrientes en el ideario libertario que no son siempre fácilmente identificables y delimitables. La corriente que probablemente sea cuantitativamente más significativa del movimiento libertario ha tratado de compatibilizar las ideas anarquistas humanistas con los valores ecologistas anticapitalistas o radicales (por contraposición a los valores del ecologismo institucional o reformista) si bien ha surgido una corriente que ha supuesto un giro con respecto a algunos de los principios más arraigados en el pensamiento libertario, poniendo en entredicho su identidad humanista.

Es interesante analizar la importancia de esta última corriente porque buena parte de sus principios nos pueden servir para profundizar en la tensión teórica entre los colectivos y proyectos anarquistas que beben de las fuentes clásicas y aquellos que se ven más influidos por el pensamiento crítico contemporáneo. En primer lugar decir que allá por los años 80 del pasado siglo estas diferentes concepciones del ecologismo generó un debate en el mundo libertario anglosajón entre los defensores del denominado ecologismo social frente a los partidarios del denominado ecologismo profundo. Ese debate ha tenido una repercusión muy limitada en la Península Ibérica y de hecho creo que las diferentes posiciones que se dieron en ese debate no son extrapolables a nuestro contexto por las particularidades culturales, geográficas, históricas de unos y otros.

Que los valores del ecologismo profundo significasen una ruptura con el antropocentrismo característico del humanismo anarquista (y, en realidad, de cualquier humanismo) es interesante por cuanto mostró cómo se ha ido visibilizando que el heredero más radical del proyecto ilustrado nacido allá en el siglo XVIII empezaba a renegar de él. Es por eso que una parte del movimiento libertario ha comenzado a sentir la idea de progreso como ajena y así se ha ido mostrando un progresivo apartamiento con respecto a muchos valores propios de la sociedad moderna que en otros tiempos podían asumirse de forma crítica (radicalmente crítica nos atreveríamos a decir en la mayoría de los casos). Así quien indague en la prensa o la bibliografía anarquista reciente encontrará que en nuestro entorno no es difícil encontrar colectivos muchos de ellos animalistas que se declaran antiespecistas. El especismo es aquel sistema de valores que jerarquiza unas especies animales sobre otras poniendo en la cúspide al homo sapiens.

Parece indudable que los principios anarquistas sean, por ejemplo, intrínsecamente feministas y por eso el principio libertario que señala que la base del anarquismo es la lucha contra toda forma de dominación incorpora en sí mismo las reivindicaciones radicales del feminismo y por ello esto no supone ningún conflicto teórico, sino más bien lo contrario. No sabemos si se puede decir esto mismo de las ideas ecologistas. Hay que tener en cuenta que el movimiento anarquista siempre ha valorado como un principio indiscutible la igualdad y dado ese carácter antijerárquico se ha asumido como algo fundamental la lucha contra la opresión del hombre por el hombre. El problema surge cuando se problematiza esta idea al entender que la dominación no se ejerce sólo contra las personas sino contra cualquier ser vivo o mejor dicho
contra cualquier ser sufriente. Conjugar otros aspectos es sencillo cuando se dan unos determinados valores anticapitalistas, a saber: usar la tierra y sus recursos como una simple mercancía no sólo destruye el planeta sino que degrada al ser humano no por las consecuencias de sus acciones sino por sus acciones en sí. Los valores antiespecistas van más allá. Creemos que el problema no se reduce a la mercantilización de los seres vivos para explotarlos de forma inhumana como simple mercancía, sino que la esencia antiespecista reside en la certeza de la igualdad en la dignidad de los seres sintientes (o al menos implícitamente eso se deduce del cuestionamiento del antropocentrismo).

No es nuestra pretensión juzgar el acierto o no de las teorías antiespecistas, sino hablar de cómo ciertas nuevas sensibilidades ecologistas que se han venido dando en las últimas décadas en una parte no muy amplia (sin que eso tenga connotaciones positivas o negativas) del movimiento anarquista han coincidido con otras corrientes en su seno en ciertas críticas construyendo un conjunto de ideas que rompen con algunos principios fundamentales del anarquismo clásico.

Más allá de los debates más teóricos, las nuevas sensibilidades van acompañadas por nuevas preocupaciones y eso implica nuevas formas de estar en la sociedad, prioridades distintas a las tradicionales y, por consiguiente, luchas diferentes. Las críticas desde posicionamientos más clásicos señalan que frente a los que advierten que el anarquismo clásico tenía una influencia evidente del cientificismo positivista (nacido del vientre de la intelectualidad burguesa) típico del siglo XIX, ahora el anarquismo contemporáneo hace esas críticas desde posicionamientos que demuestran la influencia del pensamiento posmoderno (igualmente burgués). No sabemos hasta qué punto esos debates teóricos tienen un peso realmente relevante en la acción social o cultural de eso que llamamos movimiento libertario, pero nos interesa por cuanto tiene de importancia cualitativa antes que cuantitativa. Si no nos hemos centrado en otros aspectos quizás más cercanos es porque hay que tener en cuenta que los elementos fundamentales del ecologismo anarquista aparecen (creemos) adecuadamente apuntados en los textos que a continuación podréis leer y que, al fin y al cabo, son sólo una incitación a seguir leyendo sobre este tema y todos aquellos que nos ayuden a ser más conscientes, solidarios y autónomos para sembrar la más necesaria que nunca semilla que haga crecer un mundo radicalmente nuevo.


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