viernes, 30 de diciembre de 2016

México: La guerra que hoy nos asesina


Colectivo Editorial, revista Verbo Libertario

La guerra en México ha sido y será una guerra declarada a toda expresión de vida que intervenga en los planes de acumulación y dominación del capital. Vivimos en tiempos de guerra desde hace más de quinientos años, donde el despojo, la explotación y la dominación han sido herramientas eficaces contra aquellas expresiones inconvenientes para la acumulación de la riqueza.

Vivimos una guerra cotidiana donde a diestra y siniestra se van deteriorando nuestras vidas, donde todo aquello que reproduce la vida se convierte en mercancía. Nos han declarado la guerra los señores del dinero, y no pretenden detenerse. Es necesario ponerse de frente a esta realidad para reconocer que la guerra se planta de manera cotidiana ante nosotras y nosotros, algunas veces de manera sutil y otras tantas, vil y descarada, pero siempre devastadora, sin duda alguna

En México, la guerra significa el asesinato de 6 personas y la desaparición de 43 normalistas en manos de las Fuerzas Federales y el Ejército, a la vista de todos y con la mayor impunidad el pasado 26 de septiembre de 2014. Significa también el acoso y la guerra permanente contra las comunidades zapatistas, llevándose entre las patas cientos de vidas. La guerra significa la muerte cotidiana de cientos de miles de mujeres, hombres y niños en manos del “narcoestado”. Significa las innumerables fosas comunes encontradas por todo el territorio. Significa la desaparición constante de amigas, hijos, hermanas, padres y madres.

La guerra también está en el despojo de tierras de manera unilateral y violenta como las 38 hectáreas de Xochicuautla, Estado de México, expropiadas en un decreto presidencial en julio del presente año, para la construcción de una autopista privada. El argumento es la “utilidad pública” de este proyecto, sin embargo, niegan el derecho que tienen los pueblos originarios para defender la tierra que habitan.

Otro de los tantos y claros ejemplos de esta guerra encarnada en la cotidianidad, es el asesinato impune de Edilberto Reyes García de 12 años en manos del Ejército cuando la comunidad de Ostula, Michoacán, defendía el derecho a la autodefensa de sus tierras, sus usos y costumbres. Además, cabe mencionar el constante acoso y agresión que padece esta comunidad nahua desde dos frentes: el primero es del Estado que asesina, encarcela y desaparece  los comuneros en beneficio de intereses de empresas trasnacionales y del narco; y el segundo frente, el del narco, que pretende infundir el miedo a través de la persecución, amenaza y muerte para mantener el control sobre el territorio y la vida de las personas en esa comunidad. Es decir, la guerra es del “narcoestado” contra los pueblos que se organizan para defender y cuidar la vida, que deciden defenderse de manera legítima y solidaria contra la muerte y el olvido.

En esta guerra concreta, de 2008 a la fecha, el dinero y la droga han valido tanto o más que 35 vidas humanas y otras 6 desapariciones, además de otros tantos heridos.

En el pueblo de El Salto, Jalisco, por ejemplo, cada familia tiene o un muerto o un enfermo de gravedad, producto de la contaminación proveniente de las empresas de la zona y de los desechos de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Este es un brazo más de la guerra contra la vida, donde se privilegian los intereses económicos y se borra del mapa la necesidad de una tierra limpia, viva y sana para todos. El bosque del Nixticuil, ubicado al noroeste de esta misma zona metropolitana, también ha sido objeto de ataques desde el gobierno y empresas privadas a través de incendios provocados para su devastación, con el simple interés de convertir ese trozo de vida en mercancía inmobiliaria.

En Oaxaca la guerra también la padecen los pueblos de la región del Istmo con la imposición desde el gobierno, del proyecto eólico de la empresa española “Mareña Renovables”, con el que los efectos negativos en la vida de los pueblos y demás seres vivos de esta región son innumerables. Hasta la fecha hay en funcionamiento 16 parques eólicos y se proyecta la instalación de muchos más, trayendo consigo la pérdida de la pesca diaria, debido a las vibraciones de los aerogeneradores, la contaminación de los suelos por los lubricantes utilizados en las aspas, la devastación de ecosistemas enteros para la instalación de los parques tanto en la zona como en los alrededores, el ruido constante que aleja la vida silvestre y además, la fragmentación y confrontación entre pobladores de las comunidades provocadas por la misma empresa y el gobierno a través de chantajes y favoritismos.

En México, la guerra tiene tantos brazos como le ha sido posible crear a partir de la creatividad de los de arriba. La guerra son las grandes empresas que contaminan los ríos y llenan de cáncer nuestros cuerpos.

La guerra son las mineras que mercantilizan la Tierra, la devastan, la destruyen y se van, dejando atrás daños irreparables. La guerra son los proyectos energéticos y otros megaproyectos de muerte, que se dibujan como una alternativa sustentable pero que implican una fuerte destrucción ambiental, y que además procuran abiertamente la muerte de aquellos pueblos que se niegan a cederles territorio. La guerra es la vida humana mecanizada en las fábricas, donde no somos más que engranajes baratos y desechables. La guerra es desde el Estado contra los pueblos que se resisten a doblegarse ante sus políticas opresoras. La guerra es contra todos los y las de abajo que deciden colectivizar la lucha, la vida y la libertad.

En la guerra que vivimos ahora, las experiencias revolucionarias pretéritas nos asaltan, emergen llenas de vitalidad, puesto que “apoderarse de un recuerdo que relampaguea en el instante de peligro” (Benjamin, 2008: 307) instituye ese tiempo marginal como energía insurrecta y potencialidad, el cual nos pone en condiciones de que “en el viento que siembra la tormenta, cosecharemos días de fiesta” (Vaneigem, 1961). Lo que nos asalta de la experiencia anarquista magonista son sus “tendencias anárquicas en pro de la clase oprimida y en contra de todo lo que huela a Capital y Gobierno”[3].

En afinidad con los anarquistas el Partido Liberal Mexicano (plm), frente a esta guerra capitalista, no buscamos la paz del opresor, no aspiramos a un contexto de paz y calma dentro de las relaciones sociales imperantes. La paz dentro de una sociedad jerárquica significa sumisión y domeñamiento[4] de la subjetividad rebelde y el espíritu insurrecto, significa muerte para las tentativas de lucha por la emancipación, significa la derrota de los proyectos que aspiran a la autogestión de la vida. Frente a la guerra capitalista, la guerra de clases para que ya no existan clases, para que desaparezcan de este mundo los dirigentes y los explotadores, para acabar con la guerra.

Los magonistas sabían que guerra y revolución no son lo mismo, pero la puesta en marcha de la revolución social en el sentido del comunismo libertario conlleva una guerra. Una guerra donde está en juego la muerte de las formas de dominación y el nacimiento de relaciones autogestivas y de apoyo mutuo. Este es un proceso donde desplegamos actos de destrucción-construcción para hacer germinar otra sociabilidad, un mundo en libertad, y por tanto, “una perspectiva revolucionaria [que] podría poner toda la energía latente generada durante años de represión al servicio de su voluntad para vivir” (King Mob, 2014: 120).

Bibliografía

Benjamin, W. (2008). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. México: Itaca-uacm.

King Mob (2014). Nosotros, el partido del diablo. Madrid: La Felguera.

Vaneigem, R. (1961). La vie s’écoule-La vida pasa. Recuperado 28/08/2015 de http://algerielibertaire.over-blog.fr/article-raoul-vaneigem-la-vie-s-ecoule-la-
vie-s-enfuit-106719291.html.  

Notas

[3] Firmado por Juan Montero. “La bandera roja en Sonora”.  Regeneración, núm. 257, época iv. Los Ángeles, Ca., 23 de junio de 1917.

[4] Domesticar, someter, controlar.

[Fragmento tomado del artículo “Recrear el horizonte anarquista magonista para enfrentar la guerra del capital”, incluido en la revista Verbo Libertario # 7, Guadalajara, octubre 2015/enero 2016. Número completo accesible en https://saccoyvanzetti.files.wordpress.com/2015/11/verbo-libertario-7-version-web.pdf.]


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