domingo, 15 de mayo de 2016

Opinión: En defensa del médico consciente

Miguel Romero

En el ejercicio de la medicina, dentro o fuera de la institución médica, el médico consciente o servidor del sector salud, siempre tendrá el poder de cómo ejercer éticamente su perfil, a lo largo de siete años de instrucción —científica— o por duplicado (13 o 14 años —especializaciones, instrucción que por cierto, jamás desestimará el estudio y la canalización de la bio-ética, de la psicología y, de la filosofía de la empatía) el instruido quedará expuesto a un compendio de conocimientos, que, necesariamente le llevarán (si es consciente) a la muestra del camino correcto, o parafraseando al padre de nuestro oficio —Hipócrates "al ejercicio de la virtud del ser" per se—, ergo la máxima va a ser la consciencia de éste en el rubro de su adecuación a un sistema opresor, uno donde la negligencia y la iatrogenia (acto médico dañino) se asoman como simples espasmos producto de su naturaleza.

La sentencia definitoria es, tratar de ejercer una currícula médica del modo más libertario posible, aunque se esté mediado por una estratificada y bien hilvanada estructura de jerarquías y objetivaciones que, cosifican las relaciones (en especial las relaciones médico-pacientes) será la voluntad de poder (no se me confunda el adagio, con atisbos nietzscheanos) la tajante, la terminante, la decisiva y en definitiva la concluyente, la que marcará un antes y un después en el sendero del acto médico en eyección.


Ese monólogo, donde el médico es igual Dios y el paciente es igual al Objeto de Estudio resultante, debe acabar para siempre, también ese estereotipo que nos lleva a pensar que existe un status superior —superioris tractus— de parte de los pacientes y la sociedad en general para con los médicos.


Respecto al tema farmacológico, es bastante incómodo notar, como algunos detractores de nuestro oficio, nos reducen a mata-sanos -iatrogénicos- por el uso y la promoción de los preparados farmacológicos en el tratamiento de las distintas etiopatogenias, como si no supiéramos realizar o hacer otras cuestiones, en lo que, se procura —alcanzar un estado de salud factico— entiéndase ésta (salud) como el completo estado de bienestar bio-psico-social del ser en su ser, y no, como la mera ausencia de las enfermedades.

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