Salvador Méndez.
Fue solo un día más, uno hasta mejor que el de muchos, pero creo que después del descanso de Semana Santa, me dio el schok de la realidad y lo really really fuck que está. Esta es una pequeña crónica que seguro no se compara a las que sufren muchos venezolanos actualmente, es solo un día más de Frustachera (frustración y arrechera).
Me levanto a desayunar, abro la nevera, parece una piscina, pura agua y luz, consigo una mezcla de panqueca (un lujo eso de combinar harina huevos leche y azúcar, me siento Bolichico y todo), pero nada para rellenar… Frustrado digo, panquea sola será. Con el cuchillo "raspo la mermelada", los trozos siempre inalcanzables del fondo del vidrio son mi esperanza de darle sabor a la principal comida del día - por lo menos para mí -. Añado dos gotas de miel de un frasco que trato de que sobreviva para que mi madre tenga para acompañar su desayuno, pues al igual que yo, excavará la nevera buscando que comer, subsistiendo pues...
Salgo a laborar, la kalina me llena los pulmones y se me estrella en la cara, junto al dióxido de los carros mientras voy en mi Trex-terodactilo, (mi bici recientemente bautizada). Colas largas y gordas en los mercados, las “brujas” vigilan que las colas sigan siendo sabrosas.
Llegó al trabajo, a ganarme la papa con el sudor de la frente, aunque esta semana la papa no ha llegado, por lo que la entrada lleva casi una semana (esporádicamente) cerrada por los trabajadores, exigiendo la papa. Es la expresión del malestar social, hay hambre, indignación, y una frustachera chísima es lo que se respira en el ambiente
Hoy la clase será para discutir la situación de la ingeniería nacional, empieza con el bombardeo de noticias donde de verdad “lo extraordinario se hizo cotidiano” (viejo slogan gubernamental), pues me empapa una lluvia, o más bien una tormenta de granizo, porque son tremendos coñazos: los datos de los servicios públicos y lo escoñetado que están, ¡PIM!, el estado de la infraestructura nacional ¡PAM!, el inminente colapso del Gurí ¡PUM!, el ecocida Arco Minero del Orinoco y CAMIMPEG, ¡BUM! los millones y millonas de dólares desaparecidos en empresas de maletín, en spas de Miami, en las "Dos poderosas razones" en que se convirtió Naiguatá gracias al Director del BCV, Andorra, Suiza, Cuba, el tráfico del "rompetabique", en fin, lo que Dios proveyó en estos 17 años en que se "multiplicaron los penes", ¡TUKITI!.
Sales acoñaseado de la clase, preguntándote no si se va a prender el peo, o más bien, porque ya está prendido, ¿se va a masificar, a qué niveles llegará?, es la incertidumbre con la que termino nuestra clase.
Saliendo me encuentro con un amigo, y entre la conversa surge la indignación en él, ¡Coño subieron el pasaje así sin vaselina!; de nuevo la frustachera. Nos marchamos, en el camino me comenta que está escribiendo un diario de abril 2016, es decir, una profecía del caos energético que se avecina. Jajá, nos reímos, aunque por dentro recordamos a TOÑO el amable.
De regreso a casa, nuevas colas gordas y largas siguen llenando el panorama. Llego casa. Cansado y buscando almuerzo como PACMAN. Te llega el dato de que un amigo de tu tío que trabaja en el INCE está en una cola donde venden productos, en una bolsa a 2400 o algo así. Suena bonito, te lanzas. En el camino un policía, sin más razón que el "yo soy es alfa plateado", apunta a un motorizado, de piel negra, y te confundes entre sí es racismo y/o abuso de poder. Sigues caminando no vaya a ser que se escape una fría y seas el 0 a la derecha de las decenas que ingresan a la morgue de Bello Monte.
Llegas a la cola, los rumores de que no puedes comprar porque no eres empleado te fastidian de varias partes. Te quedas, tienes hambre, no tienes comida, -hay gente que pasa sin ser empleado, es de la comunidad, como tú, como todos, a hacer la cola nuestra de cada día -, comentan las personas. Ves la gente que sale con la “gran” bolsa de productos. Oh sorpresa, es una bolsa con un pote de leche en polvo, y de resto jugos pasteurizados y cualquier vaina de relleno, el bolsa eres tú que creíste que productos era de verdad productos básicos.
Lo piensas, ¿vale la pena comprarlo? te preguntas mientras la kalina te llena los pulmones, el estómago te gruñe y el sol te derrite, ¿cuánto vale mi tiempo? Ves nuevamente alguien saliendo que te responde con una cachetada que eso es lo que valdría tu tiempo, jugos pasteurizados y un pote de leche, ¡TUKITI! ¡PUM! ¡PAM! ¡BUM!
Te indignas y te vas porque puedes (por ahora), pero en la cola las miradas de hambre y mengua por la canasta se quedarán a esperar su pote y pagaran 2400 (o algo así), por unos jugos que incluyen al lote, que no te sirven de mucho pero no te queda de otra. Te montas en el BUSCCS quedando como sardina en lata (mientras recuerdas que lujo son las sardinas).
Llegas a tu casa. ¿Nada? te pregunta tu mamá con cara de esperanza. ¡No!, respondes frustrado. Se desdibuja su rostro y comenta con frustración -ya me extrañaba yo-. En eso te sientas a comer y te das cuenta de las "toneladas de alimentos distribuidas", que se asoman de a rato en VTV, o salen en la primera plana de Últimas Noticias, es más la bulla distribuida que la cabuya. A cuantos engañaran con el cuento de ir a buscar productos y llevarte lo innecesario que a ellos les da la gana que te lleves.
En eso escuchas una cuña que te exige des gracias por la perrarina q no comes hoy, y quieres estallar de arrechera. Almuerzas, le bajas dos y te “malconsuelas” pues "es normal".
Y así nomás sigues, sobreviviendo a #ellegado, "C'est la vie, en la Venezuelie Bolivarianie".

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