martes, 8 de marzo de 2016

Cuba: "Ni siquiera un revolucionario tiene el derecho a hablar de temas importantes"


(Nota de El Libertario: Publicamos una comunicación que recibimos desde Cuba, con la petición expresa de hacerla pública, que revela las condiciones en la que se encuentran las personas en la isla). 

Saludos, Compatriotas.

Anexo una Carta al ministro del Interior que se explica por sí misma.


Adoptando una actitud defensiva, el poder en Cuba se ha cerrado sobre sí mismo. Activa el escudo protector para ais­lar a la masa de ideas nocivas.


Patética esta actitud.


Recientemente nos visitó un Crucero con 5 mil turistas. Estos últimos hacía el citytur y dormían en el barco. Nada de hospedaje. Solo el paseo. Resultado: La Habana Vieja colapsó.
El delito en este municipio se elevó un 35% en apenas tres días. Demasiadas cosas en Cuba son un delito o la cosa, realmente, está bien jodida. Hasta que no sean creadas las condiciones que se exigen –reconoce la parte cubana– el Crucero no volverá a la Ciudad.


Y las libertades, ¿qué?


El hecho que motiva la Carta nos demuestra que ni siquiera un revolucionario tiene el derecho a hablar de temas importantes y vitales con la comunidad.


Espero sus comentarios de vueltas. Conmigo no creo que tengan muchas opciones.


Fraterno,


Ramón García Guerra


:: Santa Fe: 3 de marzo de 2016
“Año 58 de la Revolución”

Gral. Carlos Fernández Gondin
Ministro
Ministerio del Interior

Estimado ministro,

En fecha 2 de marzo de 2016 la Logia de los Caballeros de la Luz: Capitán Dionisio San Ro­man, en esta ciudad, me pidió que ofreciera en su sede una conferencia a sus miembros. Dis­cutiríamos el tema: “Las ciudades en Cuba”.

Importante esta cuestión.

Precisamente los días 1 y 2 de marzo el IPF, junto a otras instituciones del país, realizó un evento nacional en donde se discutió el tema de marras. Las reformas en curso han apostado por la creación de nuevas sociedades locales y está en proyecto una ley de municipios, que hace 40 años de­bió ser adoptada. Ciertamente es este un agujero negro en los Lineamientos. Ahora es la Logia de los Caballeros de la Luz en el barrio la que se interesa por tal asunto.

Entonces fui convidado.

Siendo la entrada libre, me dicen que traiga mis invitados.

Entre los que pedí que asistieran a la charla se hayan personalidades de la cultura y la po­lítica del país, cuadros del Partido y del Poder Popular, etcétera. Tratamos así de hacer una con­tribución en el análisis que debíamos de realizar.

Buscando dejar en manos del organizador el control del evento: 1) Entregué la agenda a tratar con antelación, y 2) Sugerí hacer de la conferencia una charla abierta.

Desde luego, poner sobre la mesa los problemas de la ciudad es algo incómodo para aquéllos que pasan la vida fabulando desde sus cargos. Detonante este que trajo a escena al oficial de la CI que se ocupa de esta comunidad. Empleando los métodos más burdos y grose­ros, –chantaje mediante– logró este señor abortar la realización del evento y al final, frustrar la “ac­ción del enemigo”.

Hace tres años visité en su oficina al jefe de la CI en Playa. En esa ocasión pedí al compa­ñero que si algo tenía que tratar conmigo, que no dudará en hacerme la visita o en invitarme a sus oficinas.

“Discutamos entre revolucionarios las diferencias” –dije entonces.

Pero no, hizo otra cosa. Incumplió el pacto que hicimos. No hay ética en ello.
Cuando en 2015 hice una propuesta a mi delegado del Poder Popular, –mucho antes de hacer su primera rendición de cuentas– el jefe de la CI lanzó en mi contra un operativo. Participaron en este: tres patrullas, doce policías, cuatro agentes de la CI, ocho delegados y un montón de militantes del Partido. Debían de realizar un acto de “reafirmación revolucionaria” en caso de ser necesario. Acabaron por hacer el ridículo. Después de hablar en la re­u­nión los vecinos aplaudieron hasta hacer estallar las manos.

Nuevamente se empleó esa manera sucia e infame de tratar a los compañeros.

Considero que el actuar de tal modo es un acto cobarde y tal actitud resta mérito a la labor que realiza un oficial del MININT. Acaben de entender la cuestión, les digo: no soy la enfer­medad, sino la cura de esta última. Calificarme de incendiario no resolverá el problema. Porque no soy yo el problema, sino el que ofrece la solución.

Entonces creo que deben ser imbéciles los que no se den cuenta.

¿Quién les va a creer que se deben a la ley en lo que hacen?

Preguntaba en una carta a los hermanos: “(…) ¿qué tipo de autoridad le asiste a un oficial del MININT para negar la libertad de culto que refrenda la Constitución? ¿Cuál es el costo po­lítico que sigue a estas actitudes, cuando la masa ve al MININT violar tal derecho con to­tal impunidad? ¿Para quién trabaja esta gente?”

Trabajan para el enemigo.

Sucede que desde un cargo público acusan de algo a un infeliz. Estos señores, sin dudar, hacen del victimario un héroe y de la víctima un villano. Este es un delito muy común en Cu­ba: se llama, “abuso de autoridad”. Y la gente, indefensa, no sabe qué hacer. Viajando por los intersticios de la sociedad, un hilo de pólvora llega al barril de la corrupción y lo ha­ce estallar. Después de esto, –para peor– nada será igual que antes. Porque la gente ha apren­dido a pagar… para “resolver”. 

Así de absurdo es todo.

Desearía no distraer su atención. Usted se haya sentado sobre un volcán.

Detrás de las rejas se haya hoy un montón de altos oficiales. ¡Y crece el expediente de casos! Más del 80% de los presos hoy son por delitos de cuello blan­co. Toda esa gente era cua­dro del Estado y al más alto nivel, dirigía el país hace seis meses. En fin… Encerrar en una celda al delincuente no es acabar con la delincuencia.

La furia del mar le golpea por todas partes. Desde el que vende la gasolina en el taller del MININT, hasta el hijo del ministro que robó 17 millones de dólares.

Compañero, tiene en las manos una bomba de tiempo.

Entienda que la solución no es administrativa o policial sino política. Empoderar a la comunidad. La política del Partido hace la apuesta por nuevas sociedades locales: centradas en la comunidad y basadas en la autogestión.

Hagámonos algunas preguntas: ¿Cuáles serán las misiones de la policía en ese contexto? ¿Defender el orden público (burgués) o asistir al proceso de cambio (revolucionario) de la sociedad? Insisto, ¿qué tipo de organización va a adoptar? ¿Cómo va a interactuar ésta con la comunidad? ¿Practicamos el concepto de autodefensa?

Hablamos de otra sociedad: sin Estado, sin dinero, sin mercado. Desde luego, otra cosa es que algo así Usted no la crea posible.

Roque Dalton nos advertía que ser comunista da dolores de cabeza.

Personalmente creo que estoy en deuda con la definición de mí que hacen los órganos de control que Usted dirige. Consideran que soy un incendiario. Prometo que haré de ahora en adelante todo lo posible por honrar tal definición.

Fraternalmente,

Ramón García Guerra

Postdata: Tengo un mapa del estado de sus tropas. Créame, su rating es bajísimo. ¿Cuál es la política que sigue? Meter a los corruptos en la cárcel. Defender a la Revolución en su in­tegridad. Correcto. Pero… Extirpar el mal de raíz es aún mejor. Ahora le pido que anote en mi expediente lo que creo de mí mismo: No soy un Cruzado ni estoy haciendo la Gran Cosa. Eso sí, hago todo lo que puedo o me dejan hacer. Creen que estoy loco. No se equivocan en eso. (Recuerden que soy el hijo de una revolución.) Luego, trato de ser mejor persona y en eso, hago una vida. Aprender, crear, disfrutar… Confieso que estos son los motivos que me llevan por el mundo. ¿Arruino la fiesta a alguien? Sinceramente me disculpo. Porque no es personal.