viernes, 29 de enero de 2016

La necesidad de estudiar al Estado.

Miguel Antonié Romero Hernández.

La palabra 'Estado' en términos estrictamente políticos y jurídicos —se le debe a Maquiavelo, cuando la introdujo en su obra "El Príncipe" al decir: "Los Estados y soberanías que han tenido y tienen autoridad sobre los hombres, fueron y son, o repúblicas o principados. Los principados son, o hereditarios con larga dinastía de príncipes, o nuevos; o completamente nuevos, cual lo fue Milán para Francisco Sforza o miembros reunidos al Estado hereditario del príncipe que los adquiere, como el reino de Nápoles respecto a la revolución de España. Los Estados así adquiridos, o los gobernaba antes un príncipe, o gozaban de libertad, y se adquieren, o con ajenas armas, o con las propias, por caso afortunado o por valor y genio"— entonces tenemos que inherentemente a tal origen y a la consiguiente apropiación de la palabra, que lo necesario es estudiarlo bien, saber de qué estamos hablando cuando la citamos o evocamos...

Estudiar al Estado, no tan sólo podría reducirse a criticarlo, enjuiciarlo, reprocharlo o reprobarlo, el estudio le precede a todas éstas, y, sin él, nos encontramos frente a una somera contingencia, análoga, a una lucha sin dirección, o, a una vista sin horizonte, por tanto estudiarlo tampoco podría entenderse, como corroerlo o escatimarlo, lo ideal es plantearlo, presentar su tesis y refutarla de acuerdo a los argumentos adecuados, supongamos pues, que el siguiente ejercicio ejemplifica una máxima práctica de estudio.

«Ser gobernado es ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, estimado, apreciado, censurado, mandado por seres que no tienen ni título, ni ciencia, ni virtud. Ser gobernado significa, en cada operación, en cada transacción, ser anotado, registrado, censado, tarifado, timbrado, tallado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado, corregido. Es, bajo pretexto de utilidad pública y en nombre del interés general, ser expuesto a contribución, ejercido, desollado, explotado, monopolizado, depredado, mistificado, robado; luego, a la menor resistencia, a la primera palabra de queja, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, aporreado, desarmado, agarrotado, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado, sacrificado, vendido, traicionado y, para colmo, burlado, ridiculizado, ultrajado, deshonrado. ¡He aquí el gobierno, he aquí su moralidad, he aquí su justicia!» 

Esto lo aseveró Pierre Joseph Proudhon, en ‘Idea general de la revolución en el siglo XIX’  si bien un ensayo claro y concreto, un perfecto concomitante, para con obras anteriores de gran envergadura cómo ‘
Sistema de contradicciones económicas’ o ‘Filosofía de la Miseria’.

A todas estas el estudio fue quien precedió la cuestión del y por el ‘Estado’ escribir obras que repasaban las 800 páginas, no debió ser ningún juego de azar, lo mismo continúa y seguiremos viendo en obras cómo; ‘Dios y el Estado’ o ‘La Anarquía’.


 Nuevamente el desafío que apila esta crítica, es saber y comprender, cómo sobreponernos a esta inhibición tan soez y sombría, que le tenemos a ese estudio, necesario, para refutar la tesis, que nos plantea el estado, bastante bien ya lo hicieron siglo y medio atrás, Bakunin y, compañía, pero… ¿Y Ahora? Los tiempos han cambiado, ya desapareció el imperio ruso, URSS y compañía  y ni vida les alcanzó a los grandes ideólogos anarquistas para ver en qué clase de lastre terminó transformándose ese estado de aquél entonces, ni vestigios de la plutocracia, hoy vivida en la mayoría de los rincones del planeta, o del populismo burgués (preceptos progresistas y socialismo bolivariano del siglo XXI específicamente) que azotan esta América del globo, en comparación de los tipos de estado que habían en aquél siglo XIX o a apenas a inicios del siglo XX, qué iban a imaginar ellos que esa tal ‘Condición Postmoderna Lyotardiana’ se iba a adentrar como culmen en la cultura globalizadora por excelencia.

Sólo queda procurar con libro en mano y disciplina autodidacta álgida, que mejores tiempos vendrán, producto de nuevos y mejores estudios a la totalidad de lo real, a nuestra condición presa de un estado lúgubre y funesto, a partir de ese NO- párvulo enemigo; ‘El Estado’.