Nota de la redacción: Los compañeros peruanos del periódico "Desobediencia" han remitido una pregunta al compañero Rafael Uzcátegui sobre la actual situación venezolana, para que fuera respondida en 500 palabras. Dado que esta publicación no tiene edición digital, publicamos lo dicho dado el interés del tema para nuestros lectores y lectoras de fuera del país.
Desobediencia (Perú)
- ¿Rafael, puedes contarnos la actualidad del régimen chavista ahora con Maduro?
- La muerte de Hugo Chávez, en momentos en que mantenía una gran popularidad, ha cambiado súbitamente todo el escenario sociopolítico venezolano. Debido a que el denominado “Socialismo del Siglo XXI” se creó en torno a la figura del militar, edificando un culto a la personalidad como extensión de la centralización extrema del poder en su figura, el modelo de dominación creado a partir de 1999 en el país es imposible que se mantenga, de la manera que lo hemos conocido, en ausencia física de su figura. Es por esto que Venezuela ha iniciado un período de transición a otro momento de su historia política, cuyos contornos están definiéndose en este momento.
Quien fue designado como continuador del proyecto, un personaje sin carisma y que desempeñó de manera fiel cargos de naturaleza burocrática en los años anteriores, no tiene la ascendencia sobre el conjunto del movimiento bolivariano que su antecesor. Nicolás Maduro comenzó su gestión siendo electo con el peor resultado electoral del bolivarianismo desde su aparición, y con serias dificultades para imponerse como autoridad a lo interno del chavismo. Estas debilidades intentaron ser maquilladas con permanentes gestos autoritarios y con una mayor militarización y discriminación por razones políticas. No obstante, estas tendencias que ya existían durante los años de gobierno de Hugo Chávez se han agravado con la aparición de la peor crisis económica en la historia democrática venezolana. Un dato: La anterior mayor inflación ocurrió en 1997, estimada en 104%. A finales de 2015 tendremos una inflación, extraoficial pues se han ocultado los datos, de 160%, siendo la estimación para el 2016 más conservadora de 300%.
De esta manera, con cada vez menor popularidad, Nicolás Maduro se enfrenta a la división del propio bolivarianismo sobre su figura, entre quienes lo apoyan y entre quienes lo consideran un traidor al legado chavista, a la posibilidad de ser revocado de la presidencia en el 2016, un mecanismo presente en la Constitución de 1999. Esto sería el desenlace ideal para la crisis venezolana, en el que un amplio movimiento destituyente de la gente sobrepasara a los propios partidos, de un lado y otro, y permitirá la irrupción de otros referentes e identidades políticas, generando posibilidades para la recuperación de la autonomía del movimiento social y popular del país. Sin embargo, esta posibilidad debe competir con otras, por ejemplo la posibilidad de un golpe de Estado de sectores chavistas, alertado por el propio expresidente uruguayo “Pepe” Mujica, o que un pacto de gobernabilidad entre los sectores más pragmáticos del chavismo y la oposición recomponga un acuerdo de cohabitación y alternabilidad del poder, en el que el único “sacrificado” por la crisis sea el propio Nicolás Maduro. En cualquier escenario un personaje clave de la transición es Diosdado Cabello, quien representa a los sectores empresariales emergentes del chavismo ligados al mundo militar, que para que los lectores peruanos entiendan es el Vladimiro Montesinos venezolano.
Ante cualquier posibilidad el movimiento libertario venezolano se encuentra tan debilitado como el resto del tejido social del país, por lo que debe asumir los retos de la recomposición del tejido asociativo y cooperativo del país, inyectándole autonomía y autogestión. En eso estamos.

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