jueves, 8 de octubre de 2015

Opinión: Por un amplio movimiento destituyente que revoque al poder



Leonardo Montes para El Libertario

Es risible, por decir lo menos, leer los análisis que algunos intelectuales de izquierda vienen circulando a raíz de su progresiva ruptura con el gobierno. Como si hubiera pasado poco en los últimos 15 años proponen una suerte de huida hacia adelante, una radicalización del chavismo para “reivindicar los postulados fundamentales del bolivarianismo”. Del otro lado de la acera, en ese espejo que son los odios mellizales, los pensadores de un sector de la oposición aspiran la vuelta a esa Venezuela “paradisíaca” que afirman existía antes de 1998. Sostenemos que ambos análisis ignoran no sólo los cambios que han generado década y media del chavismo en Miraflores, sino especialmente la situación de devastación y reflujo en el que se encuentra el campo popular. Porque no nos engañemos: Los movimientos sociales de base se encuentran derrotados, desmovilizados y carentes de agenda propia. ¿De dónde saldrá el tejido asociativo que hará posible el “gobierno popular” que proponen los falsos críticos del chavismo?

Muchos de nosotros y nosotras hemos peleado en los últimos años por construir un referente distinto al chavismo y la oposición. Y por diferentes razones esto no ha sido posible. La polarización, construida a cuatro manos, los egos y los diagnósticos ideologizantes alejados de la realidad ha impedido que se haya cimentado una alternativa diferente a la MUD. Si se es honesto con esta situación, que puede constatarse en la ausencia de contestación al gobierno de mafias que imponen un paquete de medidas para que los que menos tienen paguen la crisis generada por los viejos y nuevos privilegiados, hay que ser coherente en el análisis y proponer una estrategia que genere condiciones favorables para la reconstrucción de un movimiento popular autónomo y beligerante.  

El reto no es sencillo: Debilitar a la oligarquía bolivariana y, paralelamente, impedir la total reconstrucción de los partidos políticos opositores en el contexto de los acontecimientos que previsiblemente sucederán. ¿Y estos cuáles son? A nuestro juicio la pérdida de la hegemonía del control político del país por parte de lo que hoy se conoce como chavismo, seguida por un acuerdo de “cohabitabilidad” –como lo llama el profeta Felipe Pérez Martí- entre los sectores más prágmaticos del bolivarianismo y de la hoy oposición. Es decir, un nuevo pacto de Punto Fijo, refrendada por los resultados electorales de 2019. Y decimos la fecha porque es claro que un sector de la oposición está interesado que Nicolás Maduro imponga la totalidad de medidas de reajuste –que cuentan con el consenso de economistas de un lado y de otro- para sobre sus hombros descanse el costo político que acarrearán. Estamos convencidos que a los partidos opositores no les interesa, es más torpedean, cualquier iniciativa ciudadana que los desborde. Y que intentarán encauzar la indignación por los canales electorales tradicionales, con ellos al frente claro está. 



Frente a la necesidad de impulsar una propuesta que genere confianza en la gente en sus propias capacidades, que sea difícilmente monopolizado por los partidos políticos, tanto de las oposiciones como de los “chavismos críticos”, que pueda ser promovido y expandido por medio de una multitud de indignados e indignadas, sin centro único y mediante la mayor diversidad de estrategias posible, proponemos desde ahora el impulso de un amplio movimiento destituyente que revoque al poder constituido, generando con ello un nuevo escenario sociopolítico que haga posible las condiciones favorables para la creación y reconstrucción de movimientos sociales de base, los cuales a mediano plazo puedan incidir en la realidad venezolana. La transición en marcha intentará ser manejada por los pragmáticos de lado y lado, generando condiciones de impunidad que dejen intactos nuestros problemas estructurales. Es por eso que en vez de masturbaciones teóricas políticamente correctas, necesitamos poner en la calle una estrategia que permita canalizar el malestar contra el mal gobierno actual, sin idealizar el pasado, aprovechando las grietas de las recomposiciones para pasar a la ofensiva en un futuro no muy lejano. 

Un referente del que podemos aprender es todo lo que pasó en Venezuela en la década de los 90´s, tras el Caracazo, que fue cooptado por la propuesta constituyentista que buscaba legimitar el recambio burocrático estatal. De todas las derrotas sucesivas a partir de 1998 podemos sacar enseñanzas para que la energía social destituyente no derive, de nuevo, en el apoyo a un nuevo modelo de dominación. La revocación del poder tendrá un efecto simbólico y práctico, de tal magnitud, que hará renacer la confianza del ciudadano común en sus propias posibilidades. Y abrirá un espacio para la experimentación, desde fuera de los cuestionados partidos políticos, de nuevas formas de relacionamiento democrático directo, auténtico y radical. 

A revocar el poder constituido mediante un amplio movimiento revocatorio protagonizado por las multitudes. Primero será Miraflores. Luego vendrán los demás. 

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