miércoles, 2 de septiembre de 2015
Opinión: La naturaleza neofascista del chavomadurismo
Humberto Decarli
Los recientes acontecimientos en la frontera del Táchira con el norte de Santander develan la verdadera faz de la administración gubernamental venezolana. Más allá de ser una crisis provocada ante unos hechos criminales cuya respuesta debía ser otra, vale decir, acelerar una investigación para determinar las causas del enfrentamiento armado con el saldo lamentable de oficiales venezolanos gravemente heridos, debe hacerse una lectura de la catadura moral de la gestión madurista.
LA DINÁMICA DE LAS BONANZAS PETROLERAS
En el contexto de la confrontación este-oeste, América Latina se vio constreñida a asumir una orientación pro occidente. Las crisis se resolvían con caminos dictatoriales como lo demostró el apoyo del pentágono a los regímenes militares del hemisferio. Batista en Cuba, Somoza en Nicaragua, Odría en Perú, Rojas Pinilla en Colombia, Pérez Jiménez en Venezuela y Stroessner en Paraguay, fueron los hitos iniciáticos de esta dirección de la política del Departamento de Estado americano.
Posteriormente, en el cono sur se acentuó esta tendencia como instrumento de gobernar. Después de la defenestración de Perón, Arturo Ilía y Arturo Frondizi, en el país del tango se entronizaron unos militares genocidas que cometieron múltiples violaciones a los derechos humanos. En Brasil, después de la deposición de Joao Goulart, se instalaron gobiernos de facto gerenciados por los militares directamente con el saldo correspondiente de desaparecidos, torturados y asesinados. En Chile, inmediato a la caída de Allende, Pinochet dirigió una tenebrosa trayectoria hartamente conocida. Uruguay también fue testigo de estas aberraciones con una represión inaudita.
Venezuela se desvió de esta opción porque había descomunales recursos financieros provenientes de la renta petrolera que se vio ampliada por la guerra de Yom kippur en 1973 cuando se produjo un alza desmedida del precio del barril. A pesar del dispendio del perecismo, la guerra de Irak-Irán vino en auxilio de Luis Herrera Campins para rescatar al puntofijismo con un nuevo incremento del oro negro, el cual en poco tiempo hizo aguas con la campanada del viernes negro en 1983, el caracazo en 1989 y las tentativas militares del año 1992.
Los petrodólares permitieron a los adecos y copeyanos un tratamiento distinto al inicial de la democracia populista, basado en torturas, desapariciones y masacres. Con el excedente financiero existente hicieron algunas concesiones clientelares capaces de garantizar la paz social. Atrás quedó la Digepol, los desaparecidos, la insurgencia guerrillera pretendiendo reproducir mecánicamente a la Sierra Maestra, los teatros de operaciones y la represión. Ahora el soborno fue el eje de la estabilidad incluyendo por supuesto, a la izquierda quien en el plano de la cultura y las universidades tenía reales cuotas de poder.
Esas subidas del valor del petróleo fue despilfarrada por los gobiernos populistas y se dieron las condiciones para el surgimiento de un liderazgo alternativo representado lamentablemente en un militar. Hugo Chávez tuvo el camino allanado para, con su mesianismo, asumir la conducción del país a su antojo. Y la guida de la torta fue la expansión del precio de los hidrocarburos en los primeros años del presente siglo que le concedió al gobierno una ventaja significativa para operar.
No obstante ser un gobierno militar por sus personeros castrenses ubicados en todas las instancias del Estado, había la sensación de estabilidad por la ingente entrada petrolera y todo se resolvía a base de importaciones, liquidando al aparato industrial y el agrícola y haciendo a la gente más dependiente del Estado, como en Cuba.
Sin embargo, hubo algunas expresiones represivas como la masacre de Llano Alto y la Paragua, que de alguna manera iban a presagiar lo sucedido ulteriormente. Aparte, el genocidio del 27 de febrero daba cuenta del aprendizaje de la Escuela de las Américas, donde el Tío Sam enseñó a matar a la oficialidad latinoamericana. Muchos miembros del ejército venezolano, incluyendo conspicuos cuadros chavistas, fueron formados en tan infausta academia de muerte. La expedita imagen del ejercicio tangible y coercible del poder.
LA ARBITRARIEDAD REEMPLAZA AL CARISMA Y AL DINERO
El fallecimiento del líder y la caída de los hidrocarburos han incidido en una situación económico-social explosiva por el desabastecimiento, la escasez y la inflación. El camino rentista extractivista continuado por el chavismo de su precedente de la mal llamada cuarta república, ha hecho aguas por la escasez de divisas producto de la sobreoferta petrolera mundial generada por Arabia Saudita y la fractura hidráulica en Washington determinante en reducir sus importaciones. Para mitigar la posibilidad de conflictos sociales se ha intentado, con la enorme experiencia de la asesoría antillana, una escalada represiva intimidante acompañada de un discurso ilusorio donde se encubre y se engaña para buscar responsables de la grave coyuntura fuera del ámbito gubernamental.
La rebelión estudiantil de 2014 fue respondida con una feroz represión, torturas, detenciones arbitrarias y fallecimientos. Un poder judicial incondicional terminó la faena militarista con procedimientos parcializados y una sentencia de la Sala Constitucional condicionaba las manifestaciones al permiso de la autoridad, algo que el puntofijismo ni siquiera regló. Asimismo, el auxilio del paramilitarismo de los mal llamados colectivos, una suerte de tonton macoute para redondear la actividad opresora, contribuyó a cerrar aún más las limitaciones movilizadoras.
La desaparición de Alcedo Mora en el estado Mérida, junto a dos hermanos originarios de Colombia, se ha convertido en un misterio para la fiscalía, el gobierno regional y el nacional. Nada se sabe de su situación no obstante haber denunciado Mora, funcionario de esa gobernación, acoso del Sebin por presuntas denuncias por corrupción. El silencio es la respuesta oficial para hacer pasar, ya han transcurrido más de seis meses, el hecho hacia el olvido. Una muestra más de la naturaleza opresiva del madurismo.
El gobierno ha desarrollado un Estado policial, con una excelente ayuda del estalinismo del Caribe, para asfixiar a la sociedad venezolana. A falta de recursos financieros para quebrar conflictos sociales y de un dirigente apto para conducir una gestión, son auxiliados por la acción de la fuerza armada, la policía y los parapoliciales formados para tal fin. Reforzados por una publicidad bien expresada, el empleo de un lenguaje limitado pero eficazmente falaz, una educación destruida y el símbolo del venezolano actual, el malandro. Es el lumpen en pleno apogeo.
De la misma manera, hay un empeño en reescribir nuestra historia a través de una combinación letal de la escuela romántica con la marxista de la historiografía. Venezuela nace, para estos autoritarios, exclusivamente en un campo de guerra donde los militares son los héroes y los fundadores del país. Asimismo, identifican lo imposible: los mantuanos son una clase revolucionaria y de allí que a Simón Bolívar lo conceptúen como un revolucionario social cuando nunca fue así; y a Ezequiel Zamora lo conciben como el activista que reinvindicó a los oprimidos preteridos por la guerra de secesión del imperio español.
LA NITIDEZ NEOFASCISTA
Es interesante recordar las simpatías del oficial de Sabaneta. Citaba mucho a Juan Domingo Perón como significante del latinoamericano, seguía a pie juntillas a los “carapintadas”, los coroneles Alí Sineidin y Aldo Rico, de Argentina y su ideólogo por mucho tiempo fue Norberto Ceresole, un conocido generador de planteamientos neofascistas. Y para colmo su idolatría por Fidel Castro, Muammar Kadafi y Robert Mugabe, además de Lukashenko, Amadinejab y la camarilla china, concluían en su afición por el autoritarismo.
Estos antecedentes explican la verdadera ideología de esta experiencia militarista venezolana. Es una concepción corporativista militar, donde el principal factor de poder son los administradores de la violencia del Estado y de allí la naturaleza ubicua del componente armado en la dirección del mismo. Nunca antes los uniformados tenían una presencia tan acentuada en el desempeño gubernamental como en el presente. Dominan el acceso a las divisas, los alimentos, las armas, las finanzas, la economía, la educación y en general, un militar aparecerá en cualquier cargo de relevancia dentro del aparato de dominación. Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, en sus respectivos gobiernos castrenses, se esmeraron en la búsqueda de civiles brillantes para romper el estigma militarista. Ahora no es así por la postura autoritaria dominante.
El Estado comunal es otra expresión de corporativismo porque las comunas y los consejos comunales son entidades controladas financiera y funcionalmente desde Miraflores conformando una unidad gobierno, aparato estatal y partido, desde el cual se somete a la sociedad venezolana. Son reproducciones, mutatis mutandi, de los Comités de Defensa de la Revolución cubanos.
LOS FUNDAMENTOS NEOFASCISTAS PRESENTES
En el espectáculo llevado a cabo con Colombia la actuación del régimen ha sido directa: la xenofobia, el chauvinismo, la violación de los derechos humanos, el empleo de la violencia para desalojar moradores y la destrucción de sus viviendas, el uso de mecanismos hitlerianos para catalogar con letras acciones arbitrarias y la utilización de la palabra patria exacerbadamente, representan efluvios de los sentimientos más subalternos de la humanidad.
El testimonio de la expulsión de humildes personas por ser de origen neogranadino en medio de la mayor violencia, la tragedia humanitaria significada por la destrucción de sus casas y sus enseres, el cierre rígido de la frontera y la vigencia del estado de excepción en múltiples municipios fronterizos legitimando el abuso de poder, configuran demostraciones de lo antes aseverado. Y a pesar de todo este proceso atrabiliario, continúa el contrabando de extracción.
LA COHESIÓN PATRIÓTICA
Toda la iniciativa efectuada por la gestión madurista, tanto en esta coyuntura fronteriza como en la cotidianidad, pone el énfasis en la patria. Estiman que ahora es cuando existe porque antes no había debido a la conducta de los anteriores gobernantes, contrarios al interés nacional. La cohesión patriotera es la finalidad de todas las actividades realizadas.
Sin embargo, el concepto de patria es empleado por los regímenes totalitarios para sustentar sus bases. Stalin lo hizo cuando Hitler rompió el pacto Molotov-Von Ribentrop; el Benemérito también sustrajo esta idea para darle sentido a su dictadura al igual que Pérez Jiménez.
Internacionalmente también ha sido una praxis hablar de esta idea para justificar y edulcorar desmanes. Mobuto Sese Seko, a la cabeza de un régimen despótico, tuvo el hábito de africanizar la toponimia al reemplazar Congo por Zaire, y a las ciudades Elizabethville por Lumumbashi, Leopoldville por Kinshasha y Stanleyville por Kisangani. Pero fue una forma de encubrir su régimen fáctico. Hitler con sus grandezas germanas y Mussolini en Italia, también emplearon al término de patria como una fijación.
Patria es un sustantivo machista porque en todo caso se debería usar matria, tierra de nuestras madres. Implica necesariamente un rasgo de superioridad, fundamento de todo racismo. A todo evento, es relevante hacer notar lo sucedido en la película Senderos de Gloria o Patrulla infernal, dirigida por Stanley Kubrick, radiografiando magistralmente la esencia de la Gran Guerra, cuando un general oye a un oficial subalterno decir que la patria es el último lugar de los canallas. Esta última expresión la colocó el guionista de ese filme, Arthur C. Clark, porque la original fue del filósofo inglés Samuel Johnson, manifestando que era el último lugar de los imbéciles.
ESTRIDENCIA FRONTERIZA
Maduro asumió el incidente con heridos de la fuerza armada venezolana, como un asunto estelar para descaradamente desviar la atención de la opinión pública y de paso tratar de rescatar su alicaída imagen. Empero, ha dado una respuesta desproporcionada y con rasgos despiadados. Las imágenes de las personas expulsadas hacia el país vecino a pesar de tener hijos venezolanos son patéticas al igual que la demolición de viviendas en el contexto de una arbitrariedad mayúscula. Evocan, guardando la proporción, a la destrucción de Gaza por las armas sionistas y el marcaje de personas y sitios por parte de los nazis contra los judíos.
Han creado un ingente problema humanitario que posiblemente ameritará la condena de las organizaciones defensoras de los derechos humanos y el repudio mundial ante tal modus operandi. Posiblemente puedan, chauvinismo mediante, lograr algunas simpatías para responder al evento electoral próximo. Pero aún no se aprecia en las encuestas tal orientación mas no es descartable. La identidad de Maduro con el showman Donald Trump, es palmaria porque ambos emplean el odio a los extranjeros, colombianos y mexicanos en este orden, como una estridencia destinada a captar el sentimiento sociopático de sectores conservadores de la nación.
Todo este procedimiento delata la catadura neofascista del actual régimen venezolano. El totalitarismo puede tener distintas posturas, sean de izquierda o de derecha, pero su verdadera razón de ser reside en el empleo del poder en sus formas más sórdidas y abyectas. Y esa identidad se hace tangible en los actuales momentos para pretender sortear la crisis económica, social y moral por la cual atraviesa el país. El desenlace de esta coyuntura es una lotería aunque hay algo cierto: cada día hay más penurias para los sectores medios y populares, quienes son las víctimas de esta lamentable situación.
HUMBERTO DECARLI
hachedester@gmail.com

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