viernes, 10 de abril de 2015

Prostitución y matrimonio: más en complemento que en conflicto


Elena Villarreal

El binomio matrimonio/prostitución, mujer privada/pública, mujer decente/indecente es una constante y algo que es necesario sacar a la luz en todo análisis acerca de la prostitución. Pero ambos, matrimonio y prostitución, tienen su genealogía. Además, muchas son las prostitutas que también están casadas, o que terminan casándose con algún cliente. Lo señalo porque parece que sea un frente nítido: prostitutas vs mujeres casadas, y esto no es así.

La prostitución y el matrimonio en resumidas cuentas, terminan siendo medios de control de la sexualidad femenina y de la reproducción. La prostitución históricamente surge de la misma mano que el matrimonio, en el mismo momento en el que la monogamia se hace obligatoria para las mujeres, debido a que los hombres se apropian de la reproducción femenina e históricamente surge a la par que la propiedad privada, necesidad de transmisión de herencia a los descendientes biológicos.

Es cierto que las mujeres muertas por violencia de género no son en su mayoría prostitutas, sino más bien mujeres atrapadas en el matrimonio y en el mito del amor romántico (1). Relacionado con esto, en un momento dado de Devenir Perra (2), Itziar Ziga lanza al aire que si abolimos la prostitución hace falta ilegalizar el matrimonio heterosexual y pregunta si alguna se atreve. Esto es un clásico desde Mary Wollstonecraft, que denominaba el matrimonio “la prostitución legal” (3). Desde las filas anarquistas, esto se lleva propugnando desde hace mucho tiempo. Pero no por ello propusieron prohibir o perseguir a las mujeres casadas. Su labor fue denunciar la labor de control que el Estado y el Patriarcado hacían de las mujeres y las relaciones personales.

Para mujer autoconstruida, luchadora incansable, incapaz de ser dominada tenemos a Emma Goldman. A Emma no se le puedan aplicar las clásicas etiquetas que se le aplican al sector feminista victoriano: ni la de mujer decente, ni la de mojigata desconocedora de los placeres carnales. Ay de aquel o aquella que no le permitiera bailar en su revolución, aunque probablemente hubiera sentido retortijones al ver la cantidad de veces que su frase ha sido utilizada para defender cosas tan post-modernas. Sus cantos a favor de la liberación sexual de la mujer, del control de natalidad, contra la monogamia o a favor de la homosexualidad, y sus tratados contra el puritanismo hipócrita (4 y 5) y otros, hacen que sea difícil meter a Emma en el casillero de reprimida puritana anti-sexual. La sola idea provoca carcajadas. Y sin embargo, el discurso de esta mujer que tan poco se ajustaba a esa decencia puritana es muy claro: acabar con la institución de la prostitución y acabar con el matrimonio.

«No existe un solo lugar donde la mujer sea tratada en base a su capacidad de trabajo, sino a su sexo. Por tanto, es casi inevitable que deba pagar con favores sexuales su derecho a existir, a conservar una posición en cualquier aspecto. En consecuencia, es sólo cuestión de grado el que se venda a un solo hombre, dentro o fuera del matrimonio, o a muchos. Aunque nuestros reformadores no quieran admitirlo, la inferioridad económica y social de las mujeres es la responsable de la prostitución» (4).

«La prostitución, no obstante se le dé caza, se la encarcele y se le cargue de cadenas, es a pesar de todo un producto natural y un gran triunfo del puritanismo. [...] Es innegable que se educa y se entrena a la mujer para que ante todo sea una mercancía sexual; y, desde luego, se la mantiene en la más absoluta ignorancia con respecto al significado y a la importancia del sexo. Se elimina todo lo referente al tema, y si por ventura alguien quiere arrojar algo de luz sobre esta tremenda oscuridad, su premio es la persecución y la cárcel. También es cierto que mientras la joven no sepa cómo protegerse a sí misma, mientras no conozca la función del período más importante de su vida, no debe sorprender que se convierta en una víctima fácil de la prostitución, o de cualquier otro tipo de relaciones que la degradan a la situación de objeto de mera gratificación sexual. [...] El seguro del matrimonio condena a la mujer a una larga vida de dependencia, de parasitismo, de total inutilidad, tanto desde el punto de vista individual como social. También el hombre paga un tributo, pero se mueve en un ámbito más amplio, y el matrimonio no lo limita tanto como a la mujer. [...]El amor, el elemento más fuerte y más profundo de la vida, el precursor de la esperanza, de la alegría, del éxtasis; el amor, que desafía todas las leyes, todas las convenciones; el amor, el más libre, el más poderoso de los forjadores del destino humano; ¿cómo es posible que esa fuerza totalizadora sea sinónimo de matrimonio, esa pobre y mezquina hierba mala engendrada por el Estado y la Iglesia?» (5).

Por lo tanto, ese manido cuento de estar contra la prostitución es sinónimo que ser una mojigata es aburrido y falso. Estamos con las putas, pero no con los puteros ni por la prostitución. Estamos con los y las trabajadoras, pero no con empresarios ni por el trabajo asalariado.

Más ejemplos, como la brasileña María Lacerda de Moura, que en su texto, "Feminófilos y feminófobos" expone esto mismo, amor libre y para ello acabar con el matrimonio:

«¿Qué es el casamiento libre? ¿Es que acaso ese sistema de unión no posee todos los inconvenientes y defectos del matrimonio legal, con la excepción del ceremonial? ¿O es que no constituye un monopolio amoroso y una cárcel para la mujer?[…] ¿Es que el ideal anarquista de esa categoría de libertarios excluiría a las mujeres del usufructo de la libertad? ¿Es que la libertad soñada por los “ácratas” de esta escuela sólo es para uso de los hombres? No se puede negar que el prejuicio de una moral diferente para cada sexo no sea una idea profundamente arraigada en el subconsciente de la mayoría de los hombres, los cuales se consideran como seres superiores, propietarios absolutos de las individualidades femeninas.[…] Y que se tenga bien en cuenta que la incorporación de la mujer a las acciones y a las luchas masculinas no será efectiva mientras exista el monopolio del amor. La cooperación femenina no podrá ser absoluta mientras subsista la menor huella de restricción sexual.» (6)

Y aun así, tanto la prostitución como el matrimonio tienen su propia genealogía, que aunque muy ligada entre sí, presenta cada una sus propias características. En muchas sociedades, ya no significa lo mismo el matrimonio hoy en día que en el siglo XIX, ni somete a las mujeres a las mismas condiciones que antaño. Eso sí, no protestaré el día que se extinga (o lo extingamos).

Notas:

(1) Entre 2010 y 2012 [en el Estado español], 19 prostitutas fueron asesinadas (feminicidio.net), mientras que el número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en el mismo periodo fue según cifras oficiales de 73 (2010) + 61 (2011) + 49 (2012). www.nodo50.org/xarxafeministapv/IMG/pdf/Victimas-2012.pdf

(2) Itziar Ziga (2009). Devenir perra. Tenerife, Melusina.

(3) Mary Wollstonecraft (1792). A Vindication of the Rigths of Women. Hay edición reciente en castellano (Madrid, Akal, 2014).

(4) Emma Goldman. “Hipocresía del puritanismo”, incluido en La palabra como arma, La Laguna – Madrid, Tierra de Fuego – LaMalatesta, 2008.

(5) Emma Goldman. Tráfico de mujeres y otros ensayos sobre feminismo. Barcelona, Anagrama 1977.

(6) Maria Lacerda de Moura. “Feminófilos y Feminófobos”. En O. Baigorria (comp.): El Amor Libre. Eros y Anarquía. Buenos Aires, Anarres, 2006.

[Párrafos tomados del artículo “Prostitución, perspectiva y propuesta libertaria”, publicado originalmente en revista Germinal # 12, Madrid, julio-diciembre 2014.]


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