Frank Mintz
Alexander Berkman El mito bolchevique Diario 1920-1922, Tenerife/Madrid, LaMalatesta/Tierra de Fuego, 2013, 312 pp.
El título es muy significativo. El libro tiene notas excelentes, un indispensable índice onomástico, y fotos difíciles de hallar reunidas. La misma personalidad del autor puede explicar la ausencia de una introducción.
Siempre es actual la temática de la URSS y las ilusiones que provocó y que siguen existiendo entre los que pregonan –manipulando la historia con tanto fervor como los islamistas totalitarios- la diferencia entre el leninismo y el estalinismo.
Más importante todavía es la doble faceta del libro que es simultáneamente un reportaje escrito por un simpatizante sobre el día a día de la URSS en pleno auge revolucionario y un impactante testimonio de las desgracias de la buena voluntad anarquista al servicio de la revolución desde arriba.
[…] acepté que los bolcheviques eran la vanguardia sincera e intrépida de la emancipación social. Así, mi mayor deseo fue trabajar con ellos, ayudarles a luchar contra los enemigos de la revolución, a ayudarles a asegurar sus frutos para el pueblo. En este estado mental, llegué a la Rusia soviética (p. 281). […] La ausencia de simpatía hacia los bolcheviques de parte de los otros elementos revolucionarios me tenía muy apenado, incluso enfadado. No toleraba las críticas a los bolcheviques en un momento en que estaban acosados por poderosos enemigos. Me ofendía el que no les apoyara, condenando esta actitud como criminal, haciendo todo lo posible para un mejor entendimiento y cooperación entre las distintas facciones revolucionarias. Mi cercanía a los bolcheviques, mi franca parcialidad a favor de ellos irritaba a mis amigos y me distanciaba de los camaradas más cercanos. Sin embargo, mi confianza en los comunistas y en su integridad no se veía influenciada; estaba por encima, incluso, de las evidencias captadas por mis propios sentidos y mi propio juicio, de mis impresiones y experiencias (p. 282).
Durante dieciocho meses, Alexander Berkman se mantuvo al lado de los bolcheviques, perdonando todos los desmanes suyos y detenciones absurdas de revolucionarios y obreros, esperando que tras la victoria militar se convirtieran en emancipadores. La insurreccion de Kronstadt1 fue la chispa que acabó con los sueños de Berkman.
Kronstadt fácilmente podría haber girado sus cañones contra Petrogrado y expulsar a los amos bolcheviques que estaban asustados y dispuestos a salir corriendo. […] Sin embargo, Kronstadt, como el resto de Rusia, no tenía intención de abrir una guerra en la República soviética. […] Kronstad exigía sólo unas elecciones honestas, soviets libres de la dominación comunista. Defendían las proclamas de Octubre y revivir el verdadero espíritu de la revolución. Kronstadt fue aplastado tan implacablemente como Thiers y Gallifet asesinaron a los comuneros de París (p. 284). 1
Entre las consideraciones de Berkman sobre sus ex admiradores, hay premoniciones: El bolchevismo, con su partido dictatorial y el comunismo de Estado, no es, ni nunca podrá ser, la antesala de una sociedad comunista libre y no autoritaria, ya que el propio sentido y naturaleza del gobierno, con un comunismo obligatorio, excluye tal evolución (p. 291).
Una lástima que no se hubiese traducido al castellano a principios del periodo 1930- 1940. Habría podido ser una parte de la argumentación en contra de los treintistas con su solapada esperanza en los gobernantes catalanistas (tan nauseabundos como los de hoy). Los cuatro ministros cenetistas (que tan ufanos ingresaron el 4 de noviembre de 1936 en un gobierno republicano burgués que resultó casi tan ingenuos que los que no vieron y negaron la existencia de un golpe militar) acaso habrían tenido más agresividad o agallas para dejar un fétido nido de crápulas, conscientes o no.
La misma fe ingenua surgió a favor de la Cuba castrista y por la Venezuela “socialista”. Por supuesto, quienes sostienen el chavismo (con la obsesión de acallar las críticas porque sería estar con el imperialismo; como antes, por el mismo sofisma, no había que criticar a la URSS), con o sin etiqueta libertaria, pueden seguir haciéndolo. Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro, pueden aceptar la podredumbre de cobrar de multinacionales yanquis y ejercer la corrupción: ellos tenían y tienen el amparo de la virgen de Betania y del socialismo del siglo XXI. Es la podredumbre de hoy para llegar directísimo al socialismo real, eso es lo vital, y lo podremos palpar en el 2034 o 2084 (demostrando de paso lo feo que era Orwell). Yo, como ateo que pasa de la virgen de Betania, e incluso la de Nuria, me quedo en el horizontalismo de hoy por hoy, sin chavismo, sin kirchnerismo, sin PKK, etc. ¡Pero estoy acompañado por Berkman!
El mito bolchevique siguió muy presente y podemos medir la amplitud del "mito", señalando que este libro sólo se tradujo al francés en 1987, y en 2013 al castellano. Los supuestos anarcosindicalistas que estaban en la CGT francesa, bajo el yugo, desde hace decenios, del PC, no querían “distanciarse” de los obreros al criticar a la URSS. Igual de lo mismo sucedía con muchos anarquistas franceses, y creo que los italianos …ma non voglio insistire di più. Acaso la culpa nuestra fue basarnos en una crítica del marxismo leninismo (apoyada en libros de Volin, Archinov, Makhno, folletos de Gorelik). Era imprescindible destacar cómo el actuar cotidiano del socialismo real, entre por ejemplo 1945 y 1988, continuaba el molde de la URSS que evocaba Berkman. Al no hacerlo, le dejamos un amplio espacio a la burguesía roja para subrayar que eso de Makhno, Kronstadt, etc., pertenecía al pasado. Ella iba creando una multitud de jardines de infancia, hospitales, casas de reposo para la clase trabajadora. Y cuando ciertos obreros extranjeros que trabajaron en la URSS dieron sus testimonios (Lanti, Lazarevich) sobre la explotación diaria de los asalariados (excepto los al servicio de los jerarcas) se les acusaba de ser pagados por los “imperialistas”. Pasó lo mismo con célebres escritores como André Gide y Panait Istrati.
De hecho, el engranaje fundamental está analizado en El mito bolchevique. Es el “pyock”, una ración alimenticia que se daba “de acuerdo con el valor del trabajo de cada uno” (p. 29). Y luego vemos que se repartía el “pyock” “de acuerdo a la calidad del ciudadano y la posición que ocupa […] Los miembros del Partido Comunista tienen la 3 posibilidad de recibir raciones extras [o sea, para mí: pyock] a través de sus organizaciones comunistas, y se les da preferencia en los departamentos que gestionan la ropa. Existe también un sovnarkom pyock [raciones del Consejo de Comisarios del Pueblo], el mejor,” para los oficiales comunistas importantes, comisarios, sus ayudantes y otros altos funcionarios (p. 55, ver las páginas 56-57, 192).
¿Qué constatamos? La formación, paulatinamente, inexorablemente, de una diferenciación clasista, que va aumentando según los puestos de responsabilidad hasta alcanzar la minoría de camaradas en la cúpula del Partido. Se puede deducir que esta burguesía o aristocracia roja ocupaba el poder durante el socialismo real. Y, forzosa y automáticamente, una clase social que tiene el poder se adapta a un cambio de sistema puesto que posee el monopolio de la dirección económica y social del país. Por eso las cúpulas del PC de los países del socialismo real son globalmente las mismas que dirigen esos mismo países, ahora convertidos a la fe del neoliberalismo. "La culpa de esa situación, obviamente, la tiene el denominado mundo libre, que padece de una deplorable amnesia. [...los "demócratas] aceptaron en su seno a los delincuentes, de quienes dicen que son "gángsteres y estafadores, pero son nuestros…” (marzo de 2015) http://www.fondation-besnard.org/spip.php?article2
Los mismos marineros que en 1917 eran los insurrectos de 1921, como lo demuestran las mismas fuentes soviéticas y los documentos rusos publicados después del colapso de la URSS –sin complot trotskista, judío o capitalista, sino por la ineptitud marxista leninista. 2

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