sábado, 14 de marzo de 2015

Obama no produce un “casus belli”


Humberto Decarli

Los Estados Unidos, desde tiempos atrás, han utilizado recurrentemente lo que en el internacionalismo se denomina Casus Belli. Es una expresión latina apta para definir el motivo de una confrontación, la justificación de una iniciativa tendiente a una respuesta armada.

La presencia de colonos americanos en Texas fue la razón de la autonomía de esta región y posterior a la respuesta mexicana y el sitio de El Álamo, dio pie a la invasión gringa a México. Igualmente la voladura del buque Maine en la Habana ocasionó la guerra de Estados Unidos-España. De la misma manera el incidente del golfo de Tonkín fue el efugio esgrimido por Washington para bombardear a Hanoi y su puerto Haiphong en Vietnam del norte. También, como lo ha denunciado el escritor Alvin Toffler en su obra La Tercera Ola, permitir a conciencia el bombardeo de Perl Harbor en Hawaii fue el pretexto para declarar la guerra al imperio del sol naciente.

La nación del Tío Sam tiene una larga experiencia para dar un paso bélico provocando hechos o dejando que ocurran para tener sentido de la confrontación. Durante la Guerra Fría se empleó durante la pugnacidad este-oeste.

En los actuales momentos, la declaración del presidente Obama sobre el peligro, bien imaginario, representado por Venezuela para poner en la picota la seguridad de Estados Unidos, ha sido usada oportunamente por el gobierno venezolano para responder esa provocación e incluso algunos conspicuos personeros del Estado han indicado ser un paso previo para una invasión al territorio nacional.

Es ostensible la fementida idea argüida por el mandatario del norte porque fue claro en sostener que la relación comercial entre ambos países no sufriría perturbaciones. Estados Unidos seguirá comprando crudo venezolano en un nivel bajo de 670 mil barriles diarios y Venezuela continuará con la ingente importación de bienes y servicios de allá.

Evidentemente que esta alharaca le viene como anillo al dedo al gobierno nacional porque significa un mecanismo distraccionista y evasor ante la catástrofe económica y social en vigencia. Pensar lo contrario es estar anclado en el lenguaje de la Guerra Fría terminada desde la caída del muro de Berlín en el año 1989.

De tal manera que no existe la más mínima probabilidad de una intervención clásica como los muchas cumplidas por los americanos en este hemisferio. Nicaragua, Haití, Cuba, México, República Dominicana y Grenada  fueron testigos de la presencia de los marines. Incluso Canadá recibió intentos de anexión culminados con la quema de la capital yanqui por los ingleses en 1814.

En la actualidad no hay un hegemón único por la multipolaridad existente luego de la conclusión del período instaurado en la postguerra. Adicionalmente la dominación no la ejerce una nación por fuerte que sea. Múltiples formas de poder se manifiestan en la contemporaneidad donde es más eficaz someter a la gente por la vía del espectáculo y los medios de difusión masivos que por la senda de la coercibilidad y la fuerza tangible.

Ahora bien, como lo analiza acertadamente la BBC, esta situación producida por el señor de la Casa Blanca le da oxígeno al madurochavismo. Pero ¿hasta cuándo será su alcance teniendo en estimación la coyuntura desastrosa en la cual nos encontramos en todos los órdenes?

    

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