viernes, 14 de noviembre de 2014

Opinión: Pan y circo. Por ahora, sólo circo


Imagine lo siguiente: la casa donde vive padece un problema de filtraciones tan grave que compromete la estabilidad de la construcción completa. El problema se ha extendido a toda la propiedad, lo que hace que la mayoría de las habitaciones tengan un olor fétido e insoportable. Su familia se queja constantemente de las paredes agrietadas, el yeso a punto de venirse abajo, el techo cuarteado por la humedad. De hecho, es tan complicada la situación, que todos los habitantes de la casa se sienten constantemente incómodos y abrumados por la sensación de desastre que encuentran todo el lugar y que parece avanzar con rapidez.

Pero usted, en lugar de analizar la situación y tratar de encontrar una solución viable, responsable y sobre todo, coherente con la gravísima situación que atraviesa, decide que lo mejor es comprar un bidón de la pintura de pared más cara que pueda encontrar. Lo hace, a sabiendas que el costo del bidón es enorme, que el dinero que utilizará en adquirirlo podría ayudar a solventar el problema a medias, que incluso podría hacer más llevadera la situación de su familia dentro de la complicada situación que soportan. Pero usted asume que es mucho más sencillo comprar la pintura y con mano firme, a pesar de la extrañeza, después asombro y por último cólera de su familia, decide hacerlo. Y no sólo compra un bidón, compra el más costoso. Probablemente esa noche, su familia no comerá y lo más probable es que no puedan recuperarse del importante golpe económico que significó invertir tal cantidad de dinero sólo en pintura. Pero usted no escucha las quejas. Usted está convencido que la pintura es mucho más necesaria que la contratación de un plomero o un maestro de obras, incluso el pan que se llevará a la boca. La pintura tiene un peso concreto dentro de su visión de como solucionar lo que vive y mucho más complicado aún de comprender, de cómo lo vive.


De manera que, usted decide comenzar a pintar. Lo hace a pesar de las quejas y reclamos de los miembros de su familia. Que la estructura de la casa comienza a colapsar peligrosamente, del hecho que la situación se hace cada vez más insostenible. Lo hace por días, dedicando un enorme esfuerzo a cubrir todas las paredes e incluso la fachada de la casa con colores vivos y muy bellos. Cuando termina, la construcción tiene un aspecto radiante, rejuvenecido. A pesar del olor nauseabundo que se sigue colando debajo de las puertas, de las paredes temblorosas, de la tierra podrida al fondo del jardín. De la angustia de su familia. Pero la casa tiene un aspecto imponente, casi sano. Incluso podría pensarse que no ocurre nada, que las paredes se levantan sólidas y macizas, que el techo resistirá el clima.

Pero no lo hace. Y usted no puede dejar de pensar en eso, aunque lo intenta.

Todo lo anterior es una metáfora muy obvia sobre la actitud del Gobierno de Venezuela y en específico, la Alcaldía de Caracas al afrontar la gravísima crisis de servicios y administración que vive la ciudad, organizando un evento de las proporciones de “Suena Caracas”. El llamado “Festival Latinoamericano de Música” se llevará a cabo en Caracas del 28 de Noviembre al 6 de Diciembre y contará con la participación de muchos de los grandes artistas musicales de la escena Nacional e internacional. El evento, está organizado, producido y por supuesto, financiado por la Alcaldía de Caracas y el Gobierno del Distrito Capital, lo que quiere decir que los fondos efectivos para su realización proceden directamente de los fondos de ambas instituciones. También lo financia el Bandes, lo cual quiere decir que probablemente una buena parte de la inversión corra por cuenta del Gobierno Nacional.

No se trata de un evento pequeño: desde la lujosísima página web (www.suenacaracas.com) hasta los artistas anunciados, dejan bien claros que se trata de un evento de proporciones considerables, que reunirá en Caracas a buena parte del pop y el rock Venezolano. El Festival será además gratis y formará parte de la programación de la “Navidad Feliz” anunciada por el Presidente Nicolas Maduro durante los últimos días.

Según comenta la página del evento, más de 130 artistas estarán presentes. Una buena parte de ellos internacionales. Todos los cuales recibirán pago en dolares. Eso, mientras buena parte del país sufre las consecuencias de la restricción de divisas, lo cual hace insostenible el mercado de insumos médicos, artículos de primera necesidad, alimentos. En otras palabras: mientras artistas como Estopa, Cafe Tacvba, Kevin Johansen, Aterciopelados, Los Cafres, Bersuit, Aleks Syntek, Cuarteto de Nos, Ciefue, Los Tres, Doctor Krapula, Cultura Profética, Shaggy, Ismael Miranda y otros tantos llenan a Caracas con su música extraordinaria y celebran la navidad a todo pulmón, los supermercados continuarán vacios, también los anaqueles de farmacias, hospitales y clinicas. Una visión desconcertante del orden de prioridades del país.

Y es que la inversión en dolares será considerable pero no redituable: siendo un espectáculo gratuito, la alcaldía no recuperará la inversión. O sea que, parte del presupuesto que se supone la entidad debería utilizar en reconstruir calles y avenidas, asegurar la limpieza y la recolección de basura, cuidado de las áreas públicas y urbanas, será invertido en un Festival que sólo beneficiará a una parte de la población y que no tendrá ningún tipo de objetivo, a no ser claro el propagandistico. Porque hablamos de un Festival que será publicitado como un evento del Gobierno para el público, otra demostración de la intención gubernamental de asegurar la “felicidad y la satisfacción” del ciudadano. Un festival que colmará los espacios comunes, en la tercera Ciudad más peligrosa de Latinoamerica. Un festival que desbordará calles rotas, llena de basura descompuesta. Una ciudad donde la gran mayoría de los servicios está muy cerca de colapsar y a diario se acerca a un caos clientelar y de administración notable.

Eso, mientras Caracas se cae a pedazos en suciedad, desorden, problemas administrativos. Si usted vive en Caracas, sabe a que me refiero. Eso, mientras la Alcadía niega recursos a todo tipo de eventos menores, que el gobierno restringe directamente divisas para producciones nacionales, que asfixia el espectáculo nacional al no brindar divisas “debido a que no se trata de prioridades de la nación”. Eso, al mismo tiempo que una buena cantidad de artistas, deportistas, cantantes Venezolanos no pueden acceder a divisas para ir a representar al país en eventos parecidos o simplemente, llevar su propuesta fuera de nuestras fronteras. Eso, cuando el mundo editorial y musical de Venezuela atraviesa uno de sus momentos más difíciles, por las innumerables trabas que deben padecer para acceder a recursos financiados por el estado. Pero para el festival “Suena Caracas” la cosa no sólo es mucho más sencilla, sino que parece representar la intención del Estado de únicamente admitir, promocionar y financiar, arte y cultural que sean propicios a su discurso ideológico, lo cual no deja de ser profundamente preocupante y sobre todo, síntoma del clima política que el país sufre desde hace quince años.

Si #SuenaCaracas fuera un evento que permitiera la recuperación de la inversión en beneficio de nuestra ciudad, sería extraordinario. Sería una iniciativa que permitiera a la ciudad no sólo humanizar sus espacios, sino asegurar que la inversión que realiza de fondos públicos tuviera el objetivo de asegurar el remozamiento y cuidado de una ciudad con tanto padecimientos como Caracas. No obstante, la intención de Gobierno Municipal y Nacional no parece ser esa: continúa siendo únicamente la de promocionar su músculo propagandístico y su capacidad para la exaltación del poder por medio de eventos que avalen su particular visión sobre el mundo de las artes y el espectáculo. Más allá: la organización de un evento de la magnitud de “Suena Caracas” en medio de la crisis más preocupante que ha sufrido el país durante los últimos años, deja muy claro que el Gobierno intenta asumir el coste político de la situación bajo la premisa de utilizar al ciudadano como blanco de una militancia sutil basada en el agradecimiento.

Por supuesto, como ciudadana, apoyo TODA iniciativa de la Tolda que sea para humanizar nuestra ciudad, pero #SuenaCaracas es propaganda disfrazada de espectáculo. Lo cual no resulta extraño ni novedoso en un país que durante quince años no ha hecho otra cosa que consumir panfletos ideológicos disfrazados de tendencia política. Sin embargo resulta preocupante que el evento deje muy claro que, mientras la mayoría del país enfrenta unas cercanas festividades donde la escasez y la inflación signarán los hábitos de consumo y las habituales tradiciones de la fecha, el gobierno insiste en su visión de disimular la realidad por medio de la retórica manipuladora, agobiante y abrumadora. Es decir: hay escasez de insumos médicos, comida, artículos de primera necesidad pero veremos a Aleks Syntek, Cuarteto de Nos, Ciefue gratis.

En realidad, la palabra “Gratis” en esta ocasión no parece describir apropiadamente la naturaleza del evento: hablamos que el Festival, con su enorme repertorio de artistas, supone un gasto específico que incluirá no sólo los honorarios de los invitados — no olvidemos, que deberán ser cancelados en divisa internacional — sino todo lo que significa un evento de esta naturaleza y de los ambiciosos alcances del gobierno. Hablamos de nueve días donde cada día habrá que pagar no sólo la contratación de la reconocida figura invitada, sino también por su manutención, alojamiento y todo lo que puede implicar un festival musical simultáneo en varias locaciones distintas. Todo lo anterior, sufragado por el Gobierno, el mismo que durante meses ha restringido, limitado el uso de divisa extranjera, que ha dejado muy claro que las necesidades de los estudiantes Venezolanos en el mundo no son su prioridad inmediata y que asegura que no puede proveer de las suficientes divisas para el mercado interno. De manera que lo “gratuito” del Festival queda entre dicho, cuando se analiza el importantísimo coste social, cultural y sobre todo, real que supone la organización de un evento semejante bajo el auspicio del Estado.

¿No tenemos prioridades específicas que atender antes que #SuenaCaracas? ¿No tenemos una serie de emergencias urbanas, específicas, elementales que solventar antes de llevar a cabo un Festival de esta Naturaleza? supongo que sí, pero no tan redituables como la propaganda. La inestimable y sobre todo, irreal versión del país que el Gobierno se asegura de mostrar gracias a un evento Espectacular con la cual intentará disimular la Venezuela real, la Venezuela evidente, la de todos los días.

Sí usted es de quienes cree que el Festival debe ser disfrutado, respeto su opinión. Hágalo si lo desea. Pero mientras lo hace, sepa que ese gran evento, esa fastuosa demostración de la capacidad del Gobierno para enfrentarse a los conflictos mediante el disimulo, es pagado por usted. Lo hará con su futuro, con las restricciones que deberá sufrir en los meses siguientes, con el hecho que probablemente cuando acabe, padecerá una ciudad aún más caótica y llena de problemas. Porque la realidad es insoslayable, a pesar de olor de la pintura fresca y de la buena música.


C’est la vie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nos interesa el debate, la confrontación de ideas y el disenso. Pero si tu comentario es sólo para descalificaciones sin argumentos, o mentiras falaces, no será publicado. Hay muchos sitios del gobierno venezolano donde gustosa y rápidamente publican ese tipo de comunicaciones.