jueves, 21 de agosto de 2014

Opinión: La baja calidad gubernamental: las consecuencias cuando la antipolítica se apropia de la política

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Por Wladimir Pérez Parra. 
Doctor en Gobierno y Administración Pública y Profesor Titular del Departamento de Políticas Públicas de la Universidad de Los Andes (Mérida-Venezuela).
         
Hay nuevos retos que debe encarar el servicio público encuadrándose en las realidades de una sociedad cada día más complicada, diversa y plural, por lo tanto se necesitan adquirir conocimientos  para encarar los problemas de la gobernabilidad y como establecer una gobernanza en sociedades cada vez más democráticas pero complejas. Es por ello ineludible conocer el contexto constitucional y organizacional del gobierno y la administración pública, las complicadas redes intersectoriales e intergubernamentales son necesarias para un mejor logro y calidad democrática. Una buena práctica gubernamental, está llena de decisiones certera y discursos administrativos de manera coordenada entre los analistas de políticas públicas y gobernantes que se expresan en términos técnicos o formales. Nunca las decisiones gubernamentales son neutras, son medidas enmarcadas dentro del fenómeno del poder, las cuales muchas veces son solapadas. Para que las políticas públicas sean exitosas y sostenibles  en el tiempo, se deben calibrar la relación costo-beneficio, sin pasar por alto las consecuencias sociales o culturales dado que siempre hay una relación directa entre beneficiarios y marginados de los bienes y servicios que presta la administración pública.

En los juegos de poder hay que reforzar las posiciones de la administración pública, sin dejar de lado los principios de una buena administración, es necesario escuchar políticamente las diversas posiciones de los ciudadanos y con una buena forma en el manejo de las comunicaciones, se debe cuidar de no alterar los equilibrios de poder. Las decisiones políticas deben estar relacionadas con la administración, un gobernante serio y responsable debe cuidar que las políticas no se desvirtúen en el momento de la acción. La toma de decisiones no solo se deben garantizar la cuestión práctica de instrumentar la ayuda a los ciudadanos, muchas veces se deben tomar medidas racionales en los fines buscados, que no siempre se corresponden con los intereses o chocan con quienes ejecutan dichas políticas. Es falso pensar que en las administraciones públicas se toman decisiones objetivas, la aplicación de toda política tiene un fin, y dicho fin muchas veces pueden ir contra la administración o contra el ciudadano. En las organizaciones públicas suelen armarse propios negocios, que pueden ir desde una ineficacia administrativa aposta, hasta la creación de empresas u oficinas paralelas para beneficiar a la clase política gubernamental. Esto genera una administración pública ineficaz con altos costo de operación razón por la cual pone en peligro la propia institución, ya que la burocracia se desconecta de los valores sociales. Cuando la burocracia se aísla del entorno social  y solo se preocupa de mantenerse  a sí misma, sin otros resultados para la población se corre un alto riesgo, ya que genera frustración y desencanto hacia las instituciones lo que acarrea una deslegitimación del sistema democrático poniéndolo en peligro su continuidad. La inercia institucional que se refleja en este aislamiento, donde la inoperancia y el incumplimiento hacia gestión es el oponente principal de todo tipo y forma de gobernabilidad y eficacia social.


Todo sentido de la política está en el talante de problematizar las demandas sociales y darles un carácter público, esto no es más que abrir y actualizar  la agenda gubernamental para diseñar, formular y ejecutar políticas prioritarias para la población. Pero para que esto sea posible, se necesita de una agenda donde el gobierno reconozca sin complejos sus debilidades y carencias, y mediante un dialogo sincero con actores políticos, grupos de interés, movimientos sociales, de opinión y  población se deben buscar salidas políticas convenidas para así evitar la inestabilidad del sistema. Es necesario y sano para la democracia problematizar los reclamos, las protestas sociales y sobre todo despartidizarlos. En este mismo orden de ideas, hay que politizar dichos reclamos, entendiéndose por politización la visión como enfrentar los problemas sociales desde una perspectiva de incumbencia, para que todos por iguales dentro de los espacios públicos de poder se comprometan con todos los sectores. La politización es poder llevar los asuntos sociales y culturales a las zonas donde se razone en función de los intereses o convencías colectivas. Con la politización hay que tener cuidado en no desnaturalizar los problemas convirtiendo las demandas ciudadanas en muestras de sectarismos partidistas.
          
Es importante destacar que la politización tiene también una vertiente más relacionada con los procesos gubernamentales, que radica en el establecimiento de los problemas en un tejido más amplio donde los proyectos son en conjunto. En otras palabras, para esta vertiente politizar es el significado de una expresión colectiva interpuesta por encima de toda expresión cargada de sectarismo y exclusión. Es por ello que reivindicamos la visión de la política como un principio de solidaridad amplia, en este mismo orden de ideas reivindicamos  la concepción del sociólogo y politólogo chileno Manuel Garretón (1996), cuando define claramente la politización, quien la desmarca del llamado minimalismo ideológico, que no es más que la falta de debate y el recelo a mirar a la política como proyecto futuro, es una visión corta de cómo debería ser la política, donde es inhábil de representar y convocar a la ciudadanía a debatir, mirando de forma corta en lugar de visualizarla en el largo plazo, condenando las decisiones a un mero calculo de índole electorero cortoplacista. El pragmatismo político hay que combatirlo de raíz ya que el mismo causa un daño al sistema democrático dado que desaparece de la discusión los grandes temas en las instituciones, fundamentalmente es grave ya que las mismas son las que moldean el comportamiento de los individuaos en la sociedad. Defendemos la idea que con la politización en sentido positivo se logra la reinstitucionalización del país, reduciendo al máximo la lucha por llegar solo al poder para lucrarse permitiéndose con ello una incomunicación entra la población y el gobierno.
          
Por eso es necesario ir en defensa de la política como proyecto, reconociendo que la política se ejerce por medio de los partidos y a pesar que los mismos son imperfectos como cualquier obra humana, dado que toda creación hecha por el hombre está sujeta a cometer errores. Frente al descredito de las instituciones políticas-administrativas hay que tomar la delantera para evitar a toda costa que la política sea ocupada por la antipolítica, compartiendo la opinión de Carlos Raúl Hernández cuando sostiene que las misma no es más que una forma de hacer política pero negándola así misma. Se denigra de ella y se le acusa de simbolizar los males de la sociedad, sin embargo con ese discurso antipolítico se logra alcanzar el poder. No hay nada más peligro para el sistema democrático que la llegada al poder de un antipolitico ya que el mismo lo único que muestra es su deseo de destruir toda la institucionalidad democrática y acabar de una vez con la democracia y el estado de partido. La antipolitica lo que logra es la liquidación de la democracia con un falso discurso redentor queriendo imponer un asambleísmo para destruir todos los poderes formales y dar paso a poderes facticos. La política es un servicio y un oficio tan antiguo como la racionalidad humana, y la misma siempre será un mecanismo para que los individuos sean felices. En fin, la política es una ciencia y un arte a la vez que garantiza el buen gobierno por medio de sus instituciones.  

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