Humberto Decarli
El día de hoy, viernes 27 de junio, fue un día terrible para la capital venezolana gracias al apagón suscitado por una nueva falla eléctrica en la central La Arenosa. Se repiten los mismos acontecimientos de ruptura del servicio eléctrico acontecidos en los últimos años consecuencia de la incuria oficialista.
Las calles estaban infernales porque había demasiada gente caminando, el metro suspendió su servicios así como los bancos, los comercios y las oficinas públicas. Los semáforos no funcionaban y estaban ausentes los policías de tránsito, los taxis y mototaxis especulando y efectuando servicio a lugares de su voluntad sin ningún sentido de una sentimiento ajeno al venezolano, la solidaridad. Muchas gente transitando con el miedo propio de una urbe con gran inseguridad y en general, una sensación de temor e incertidumbre. Un conglomerado humano caótico y anómico. Vi en la Plaza Altamira un grupo de estudiantes protestando pero la mayoría de las personas con prisa se dirigía a su casa porque tenemos una población atemorizada por el poder. No se si hubo coincidencia, pero este viernes no se realizaba ningún juego del evento multimillonario de la FIFA celebrado en Brasil y no se interrumpió ninguna transmisión.
Este apagón estaba prácticamente cantado y anunciado porque el mismo Colegio de Ingenieros de Caracas viene alertando sobre un black out nacional dada la negligencia gubernamental y el sindicato de Caracas de Corpoelec también lo pronosticó. El ministerio de electricidad seguramente apelará a un subterfugio como las veces anteriores, desde una iguana hasta la ruptura de una malla protectora, para racionalizar su ostensible incapacidad.
El desempeño del poder público en Venezuela es ineficaz, por decir lo menos. Estamos en presencia de un Estado absolutamente incompetente en todos los órdenes, excepto en la represión y la propaganda, donde son excelentes. La adquisición excesiva de armas antidisturbios y antimotines complementada por la conducta abusiva de los entes policiales apoyados por tribunales, fiscales y defensoría del pueblo haciendo labor de punición sobre quien pretenda protestar, muestra el óptimo desempeño de la contención violenta de la disidencia.
Asimismo, la publicidad y la propaganda con la cual esta neodictadura maneja la opinión pública, erogando lo infinito para ello, nos muestra la habilidad probada en este ámbito.
En resumidas cuentas, fue un día de horror para quienes hacemos vida en Caracas pero quiero enfatizar que tal estímulo puede ser dirigido hacia la resistencia al caos y a la fuerza, hacia la lucha y hacia la libertad.

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