martes, 13 de mayo de 2014

Opinión: Resumen de la filosofía de vida de un hombre ejemplar: el artista popular Juan Félix Sánchez

Rubén Alexis Hernández

Este mes de mayo se cumple el aniversario 114 del nacimiento de uno de los personajes emblemáticos de las tierras altas merideñas durante el siglo XX: Juan Félix Sánchez, bien conocido por la elaboración en piedra de capillas en la población de San Rafael de Mucuchíes y en El Tisure (lugar ubicado a unas 6 horas a pie desde el caserío La Mucuchache, en la carretera Trasandina, visitado con frecuencia por excursionistas venezolanos y extranjeros), por su labor como tallista y por su incursión como tejedor.  Llamado el artista de los páramos o el gigante del Tisure, entre otros calificativos, Sánchez salió a la palestra en Venezuela gracias a que su talento fue “descubierto” por individuos pertenecientes a la élite artística venezolana; a partir de ese momento el nativo de San Rafael de Mucuchíes figuró en decenas de artículos periodísticos y libros, y representó la excusa perfecta para el montaje de numerosas muestras y exposiciones de arte a nivel nacional. Para desgracia de Juan Félix, esta fama impuesta trajo como consecuencia, más allá de sacarlo del “anonimato”, su desarraigo socioterritorial y la precipitación de su muerte.

Juan Félix Sánchez fue un típico representante del campesino merideño promedio: sencillo, solidario, ingenuo, laborioso y bien apegado a su tierra. Llevaba una vida austera, contraria al derroche material que impera en la actualidad, y del que ya no se salva ni la mayoría de los pobladores de las zonas rurales. Sánchez creía que la riqueza significaba un gran problema social, indicando que quienes ostentaban grandes fortunas eran egoístas por naturaleza y sólo vivían preocupados por obtener más y más dinero. Consideraba que la acumulación de capital era una verdadera desgracia para la humanidad.


Otro aspecto que vale la pena destacar de la vida del gigante del Tisure, es su formación educativa autodidacta, proceso que indudablemente incidió en el desarrollo de un talento artístico excepcional, sin la limitante influencia académica. A duras penas Sánchez estudió algunos grados de lo que actualmente se conoce como educación básica, pero así y todo no le hizo falta tanta instrucción para ser feliz (según su óptica, claro está) y ser útil a sus semejantes. Al igual que el tecnólogo Luis Zambrano y otros genios populares en Mérida y en Venezuela, Sánchez fue un claro ejemplo de que la fuerza de voluntad, la constancia, la experiencia diaria en diferentes campos de la vida, el sacrificio y el amor por los demás, son principios y valores mucho más pertinentes desde el punto de vista social que todo el cúmulo de conocimientos manejado por un amplio grupo de académicos. Poco o nada sirve la “sabiduría” originada en las aulas universitarias, por ejemplo, cuando es inútil en buena medida para la resolución de los problemas cotidianos del venezolano “común”, y en este sentido Juan Félix consideraba que numerosos profesionales obraban mal, sólo por amor al dinero y al “prestigio” social.

En cuanto a la percepción religiosa de Sánchez, considérese que si bien creía en Dios como un ser omnipotente y todopoderoso, así mismo criticaba a la Iglesia Católica, no mostraba especial reverencia por los sacerdotes, y hasta sentía molestia por el fanatismo y la intolerancia de muchos curas. Naturalmente con esta postura crítica frente al catolicismo, Juan Félix se ganó el recelo de unos cuantos miembros de la comunidad eclesiástica.

Por último destacamos la capacidad de reflexión de Sánchez frente a las consecuencias sanitarias y sociales del consumo de drogas, aspecto que cobra mayor importancia debido a que el mismo Juan Félix fue consumidor regular de chimó y de cigarrillos (drogas legales) durante cierta parte de su vida. A manera de ejemplo, valga mencionar que el artista de los páramos pensaba que tales sustancias no eran buenas per se y que su empleo podía llegar a perjudicar emocional y laboralmente a los individuos involucrados. Sin duda alguna los alcohólicos y otros drogadictos deberían aprender en este sentido de Juan Félix, y darse cuenta de que su adicción no sólo es un problema para su salud y para su entorno familiar y social inmediato, sino que los convierte en sujetos fácilmente manipulables desde el punto de vista psíquico.

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