Leonardo Montes
Los partidos políticos opositores son bastante responsables de que las cosas en Venezuela hayan llegado a este punto. Su visión oligárquica, reaccionaria y conservadora desde siempre constituyó el antagonista ideal para la propaganda bolivariana, mercadeando en el mundo que la naturaleza de sus antagónicos confirmaba las supuestas bondades encarnadas por el proyecto bolivariano. Bajo el pensamiento "Eramos felices y no lo sabíamos", los dinosaurios opositores realizaron un diagnóstico sobre lo que representaba el chavismo muy alejado de la realidad, sin comprender la complejidad de las expectativas que cubría una figura como la de Hugo Chávez. Y a mal diagnóstico, peores estrategias, lo cual incluyó la aventura golpista del año 2002.
La postura de la oposición tan partidaria fue tan reactiva -hasta su propia denominación identitaria como "opositores"-, que tras la muerte de Hugo Chávez, alrededor de cuyo rechazo construyeron toda su propuesta movilizadora, han entrado en una profunda crisis de representatividad: Sus bases ya no les creen. Por fin, quienes iban a todas las manifestaciones que la MUD convocaba -recordemos cuando en el año 2002 eran los dueños de medios quienes decidían donde la gente tenía que marchar-, han comenzado a darse cuenta que los líderes de los partidos opositores sólo responden a unos intereses: Los suyo propios. Incluso, esta desconfianza se ha extendido por quienes mucha base opositora tenía como referentes de líderes de "su bando": Los empresarios. Las negociaciones entre Lorenzo Mendoza y Nicolás Maduro ha significado un trago amargo para los oposicionistas de a pié, quienes han aprendido a los golpes -lo que reitera que no se aprende ni por experiencia ni por cabeza ajena- que el dinero no tiene ideología y se acomoda a quien garantice su reproducción.
A pesar que toda la propaganda del gobierno venezolano lo asegure, y repita su feligresía alrededor del mundo, las protestas recientes no han sido liderizadas por los partidos opositores, sino que la gente por cuenta propia los ha sobrepasado. Hoy asistimos a la emergencia de las oposiciones en plural, divididos en muchas tendencias que van desde la derecha más rancia pasando por los leopoldistas, caprilistas y gente de izquierda ligada al MAS o a Bandera Roja. Los pobres resultados del "diálogo" lo que han hecho es profundizar la desconfianza en la representatividad política y los cuestionamientos a los líderes anquilosados en los feudos de los partidos. Es posible que estos continúen negociando una salida electoral, pues siempre han sido una maquinaria para fabricar votos, y que algunos oliendo su crisis renueven algunas de sus vocerías. Pero lo que es cierto es que la relación cualitativa y cuantitativa de las bases que hoy se identifican como opositoras con los partidos políticos ha cambiado. Un proceso similar de crisis y fragmentación es ubicable del lado bolivariano, pero eso es harina de otro costal. Lo interesante es que la crisis general, que se profundizará los próximos meses con la aplicación de mayores medidas económicas, está abriendo la posibilidad de construir otros referentes de asociacionismo para el cambio, con un auditorio receptivo de construir desde abajo organizaciones desde la gente, para la gente y que respondan a valores profundamente libertarios: la no concentración del poder, la horizontalidad, la transparencia en la toma de decisiones, la movilización por una agenda de necesidades propias no hipotecable por los intereses de otros.
La MUD, poco a poco, está implosionando. Y es una de las mejores cosas que ha pasado tras la desaparición del caudillo de Sabaneta. ¡Hagamos peso!, ¡Construyamos una alternativa diferente!
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