miércoles, 19 de marzo de 2014

Teoría de la estupidez (para entender en lo posible a políticos, partidos, militares y demás tumores inherentes al Estado)


Revista Al Margen (Valencia, península ibérica)

[Nota de El Libertario: la primera parte de este texto reproduce buena parte del Editorial del # 88, invierno 2013, de Al Margen. La segunda, es el artículo titulado "Teoría de la estupidez", incluido en el excelente y amplio dossier sobre el tema que constituye el cuerpo central de dicha edición.]

"La estupidez es una enfermedad extraordinaria: no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás."
                                                                Voltaire

La aguda reflexión de Voltaire nos puede ayudar a centrar la cuestión: sufrimos la estupidez ajena pero al parecer no la propia. El estúpido, como el culpable, siempre es el otro. Si a pesar de ello, partimos de la hipótesis de que la estupidez es una dolencia social generalizada, como incontables evidencias nos permiten presuponer, habremos de concluir que, por simple cálculo de probabilidades, algo tendremos que ver en el asunto cada uno de nosotros.

Bueno sería por tanto, dejar de mirar para otra parte cuando se habla del tema y empezar a mirarnos el ombligo, afición por otra parte muy arraigada en la mayoría cuando de cuestiones más placenteras se trata.

Si pensamos plantear batalla a la estupidez, cosa que probablemente sea una estupidez supina en sí misma, deberíamos empezar por nuestro ámbito más cercano. Pero, dado que seguramente a poco de empezar la lucha, contando con las pocas neuronas en buen uso que todavía nos quedan, podememos darnos cuenta que es un despilfarro de tiempo y energías y un combate perdido de antemano dada la magnitud de las fuerzas enemigas, no sería descabellado reconocer nuestra derrota y conformarse con analizar su esencia, su origen y sus efectos más visibles para, en la medida de lo posible (que no es mucho), protegernos de sus agresiones. Veamos si es factible:


Si intentamos dilucidar su esencia, podríamos coincidir con Cipolla en que es aquella acción u omisión que perjudica a todo el mundo, empezando por el propio protagonista, sin que nadie obtenga el más mínimo beneficio.

Por lo que respecta a su origen, podemos conjeturar que es tan antiguo como el andar de pie (los animales no suelen cometer estupideces). sus orígenes son tan remotos que se confunden en la noche de los tiempos con leyendas y mitologías. Por ejemplo, ¿cómo calificar la actuación de Agamenón en la Ilíada cuando se le ocurre robarle a Aquiles su esclava Briseida sabiendo lo que venía después?. O, ¿qué decir de las historias de Abraham e Isaac o de Job en la Biblia, una Biblia repleta de momentos de estupidez? Claro que, bien mirado, sin estupidez probablemente no hubiera habido literatura. Y puestos así, ni leyendas, ni mitologías ni religiones.

Por último, en cuanto a los efectos más notorios de la estupidez, el más perverso es seguramente el hecho de su normalización y hasta de su normativización dentro de nuestro contexto social. Se ha instalado con tal vigor y determinación entre nuestras rutinas y hábitos cotidianos que ya ni la percibimos, y no sólo la consideramos un elemento imprescindible de nuestras "normopatías", sino que nos afanamos en arbitrar reglas y usos codificados para que no se nos escape ni un átomo de su fuerza destructiva.

Así, existen ciertos espacios de ritualización de la estupidez que resultan paradigmáticos. Sería el caso de ciertos aspectos de la política llamada institucional en los países autoproclamados democráticos, donde se celebran cada tanto tiempo unas ceremonias de la confusión a las que se designa con el ambiguo nombre de elecciones, en las que asoman sin pausas las orejas de la estupidez, con votantes que se perjudican a sí mismos y perjudican a la gran mayoría de sus conciudadanos, a pesar de lo cual insisten una y otra vez en llenar de piedras su propio tejado.

En cualquier caso, la estupidez se nos presenta como una epidemia endémica en el seno del cuerpo social. Combatirla sería un paso previo a cualquier intento de cambiar el estado de la situación en el largo camino hacia la anarquía.

Teoría de la estupidez

Nunca ha habido un campo de la filosofía que estudie la Estupidología. entre los pocos que han demostrado interés sobre el tema se encuentran los italianos Carlo M. Cipolla y Giancarlo Livraghi. cipolla estableció cinco leyes sobre la estupidez y Livraghi desarrollo unos interesantes Corolarios.

_Leyes sobre la estupidez según Carlo M. Cipolla_

1. Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.

2. La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.

3. Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso.

4. Las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que, en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso.

5. Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.

Creando u gráfico en el que se coloca el primer factor en el eje X y el segundo en el eje Y, se pueden obtener cuatro grupos de individuos:
 
Bondadoso: aquel que se causa un perjuicio a sí mismo, beneficiando a los demás.

Inteligente: aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás.

Malvado: aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás.

Estúpido: aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la vez a sí mismo.

En cualquier caso, los estúpidos son peligrosos y nefastos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica del malvado, pues sus acciones pueden seguir un modelo de racionalidad en busca de beneficios. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener beneficios para sí procurando también beneficios a los demás, deberá obtener su beneficio causando pérdidas a su prójimo. Esto no es justo, pero es racional, y por ser racional, puede preverse.

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. No existe modo racional de prever cuándo, cómo y por qué un estúpido llevará a cabo su perverso ataque. Frente a un individuo estúpido, todos quedan completamente desarmados.

_Corolarios a estas cinco leyes según Livraghi_

Primer Corolario: En cada uno de nosotros hay un factor de estupidez, el cual siempre es más grande de lo que suponemos.

Segundo Corolario: Cuando la estupidez de una persona se combina con la estupidez de otras, el impacto crece de manera geométrica, es decir, por multiplicación, no adición, de los factores individuales de estupidez.

Tercer Corolario: La combinación de la inteligencia en diferentes personas tiene menos impacto que la combinación de la estupidez, porque (Cuarta Ley de Cipolla) " la gente no-estúpida tiende siempre a subestimar el poder de daño que tiene la gente estúpida".

Esto se debe a que la estupidez no razona, no necesita pensar, organizarse o planear para generar un efecto combinado, mientras que la transferencia y combinación de la inteligencia es un proceso mucho más complejo.

Otro elemento peligroso de la ecuación (tal como lo señalaba Cipolla) estriba en que aunque el aparato del poder tiende a colocar a "malvados inteligentes" en la punta de la pirámide, éstos, demasiado a menudo resultan ser -o se van transformando en- "malvados estúpidos"; y ellos, a su vez, tienden a favorecer y proteger la estupidez y mantener fuera de su camino, por pura supervivencia, a la genuina inteligencia.

Por otra parte, son muchas las personas que no desean una verdadera libertad. La responsabilidad es un peso. Es más cómodo ser un seguidor pasivo de las decisiones de otros ya que es más fácil culparlos en caso de fracaso y, como por otro lado, demasiadas personas aman el poder por cuanto, al parecer, les proporciona un placer inefable... ¡Ya tenemos la estupidez entronizada en el poder!

Ahora bien, supongamos que en el poder hay tantos estúpidos como en el resto de la sociedad. Surge una diferencia fundamental. Queda claro que las personas en el poder tienen más poder que las otras personas (¡vaya perogrullada!). Por otro lado en el método de Cipolla se establece que los resultados de un comportamiento no deben ser medidos desde el punto de vista de quien hace las cosas (o deja de hacer aquellas que debiera), sino desde el punto de vista de quien sufre sus efectos. Así pues, el daño -o el beneficio- generado será diferente, según el número de personas afectadas y a la intensidad de las consecuencias de una decisión.

Cuando esas personas obtienen un determinado poder, tienden a pensar que están en él porque son mejores, más capaces, más inteligentes, más sabias que el resto de la sociedad, cuando simplemente sólo suelen ser más hábiles y astutas. Sin embargo, siguiendo las ideas de Cipolla, debemos recordar que la estupidez y la inteligencia se miden sobre la base de sus efectos. así pues se podría concluir que el poder, como sistema, es mucho más estúpido de cuanto puede serlo una persona y lamentablemente, debemos concluir que la estupidez es inherente al poder.

Por último, las observaciones de Cipolla (como las de Walter Pitkin y de casi todos cuando se ocupan de este argumento) se basan en una hipótesis de separación neta: algunas personas son inteligentes y otras son estúpidas. Pero casi nadie es totalmente estúpido y (sobre todo) nadie puede ufanarse de ser siempre inteligente, por ello es necesario tener en cuenta la componente variable de estupidez -como de otras categorías de comportamiento- que está presente en cada uno de nosotros.

Referencias

Carlo M. Cipolla: Allegro ma non troppo, en xa.yimg.com/kq/groups/9509988/171632646/name/cipolla+carlo.pdf?

Giancarlo Livraghi: El poder de la estupidez, en http://biblioweb.sindominio.net/memetica/estupid.htm

Aparte de numerosos artículos sobre el tema, desconocemos que haya otros textos que los de Cipolla y Livraghi excepto estos tres vetustos estudios probablemente inhallables:

A Short Introduction to the History of Human Stupidity de Walter B. Pitkin, Universidad de Columbia, (1934). [La Wikipedia en inglés menciona que el libro se tradujo a 15 idiomas.]

Über Dummheit de Leopold Loewenfeld (1909).

Aus der Geschite der menschlichen Dumheit de Max Kemmerich (1912).


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