jueves, 6 de marzo de 2014

Francesca Commissari, el dilema de una fotoreportera

La tapa de su cámara fue lo único que le dejó el robo de la GNB

Curare

Por alguna extraña razón, los jóvenes izquierdistas italianos desde hace varios años, vienen buscando sus referentes y fuentes ideológicas en Latinoamerica para hacer  revivir la revolución que en sus tierras murió hace décadas tras el movimiento autónomo de la decada de los setenta; es asi como un grueso de la militancia sarda y toscana se fue a Chiapas a buscar el Dorado mientras que otra vino a  Venezuela a renovar su fe en la rebelión de los pobres.  
En esa búsqueda personal llego a Caracas en 2008, la fotoreportera Francesca  Commissari, buscando renovar la piel y atraída por lo que se vendía en el exterior como una revolución socialista de nuevo cuño. Rápidamente se sintió identificada con un proyecto político que, como dijo el Ché, lleva la revolución en la boca para vivir de ella.

Sus simpatías con el proceso bolivariano, no solo se limitaron al estudiar, comparar y analizar los fenómenos sociales que se venían dando en Venezuela y que sin duda alguna ya mostraban claros vicios de autoritarismo y contradicción; decidió ir más allá y cerrar filas en torno a lo que ya se mostraba como un proyecto totalitario maquillado de color rojo. En el año 2012 presta su imagen para la campaña presidencial de Hugo Chávez, posando para la serie de fotografías para redes sociales llamada “Si yo fuese venezolana votaría por Hugo Chávez”. A pesar de sus simpatías políticas, trabajaba como fotógrafa para diferentes medios, incluyendo el periódico venezolano El Nacional.

Pero nadie escarmienta en cuerpo ajeno, Francesca fue detenida el 28 de febrero de 2014, durante una manifestación en la Plaza Altamira de Caracas mientras tomaba fotos de las barricadas. Reducida y trasladada a un destacamento policial, fue incomunicada y despojada de su cámara, su única herramienta de trabajo. Esa noche el canal estatal Venezolana de Televisión informó que “8 personas extranjeras buscadas por terrorismo habían sido detenidas en Altamira”. En su nota de ingreso al destacamento policial se anotó que había sido detenida “portando una molotov”. 7 horas duró su paso por cárceles venezolanas. Durante su estancia tras las rejas fue testigo de los malos tratos contra otros prisioneros, que no tenían el “privilegio” de ser periodistas internacionales: “vi un chico con la cabeza partida, otro que cojeaba y uno con un ojo negro y la cara hinchada porque le habían caído a patadas. Un cuarto con dolor de espalda porque le habían dado golpes; y una chica nuestra que tenía un chichón”.

A diferencia de los otros casi 900 detenidos en un mes de protestas, Commissari alcanzó su libertad gracias a las oportunas diligencias de la delegación diplomática y de sus compañeros laborales. La noticia de su detención había recorrido el mundo entero y significaba el pago de un alto costo político por el gobierno de Nicolás Maduro. No se cumplieron las amenazas de las primeras horas acerca de una inminente deportación.

Hoy, Francesca  Commissari como muchos otros venezolanos, ve como la su herramienta de trabajo, que le fue confiscada por un Guardia Nacional Bolivariano, es ofertada y vendida por internet en el portal Mercado Libre con total impunidad. En este pedazo su historia es la misma de decenas de personas que tras ser detenidas por funcionarios policiales, militares y paramilitares en los últimos días, son despojados de sus pertenencias.  “Yo no me arrepiento de haber creído”, respondió cuando tras ser liberada le preguntaron sobre su entusiasmo bolivariano.


¿Qué siente Francesca tras este evento? Una periodista le hizo la misma pregunta: “Estupor. Nunca pensé que me ocurriría nada parecido. Quiero tomar distancia para que no me afecte tanto. Quiero hacer deporte en estos días para drenar el dolor de estómago que tengo y estar con mis amigos, con mi gente. Aprovechar mi vida”.


Asi vendieron la cámara de Francesca por Mercado Libre

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