jueves, 13 de marzo de 2014

Chile: CER ante la situación política en Venezuela

Corriente Estudiantil Revolucionaria
Chile

Los militantes de la Corriente Estudiantil Revolucionaria entendemos y enfrentamos las luchas estudiantiles como un momento de la lucha general entre las clases fundamentales del capitalismo: el proletariado y la burguesía mundial. Por lo tanto, como partidarios de la causa obrera y socialista es parte del deber internacionalista aclarar nuestra posición ante la situación política general en Venezuela, dirigiéndonos a nuestros hermanos de clase:

1.- Sostenemos que el gobierno chavista es un guardián político de la dictadura del capital sobre el proletariado y las masas venezolanas. Independientemente de su fraseología seudosocialista -que sin duda deleita el paladar de toda la estirpe reformista latinoamericana- el chavismo encarna un bloque político y social nacionalista burgués que se ha transformado en fuerza hegemónica del bloque en el poder venezolano, desarrollando un proyecto histórico de conciliación de clases para someter a los explotados a la legalidad del Estado burgués y disciplinarlos frente a la explotación capitalista. El advenimiento del chavismo expresó la cristalización de la crisis del sistema de dominación burguesa abierta en Venezuela en 1989, luego de la insurrección de masas conocida como “Caracazo”; y no su resolución, como afirman los aduladores de este tipo de regímenes burgueses. Gracias al chavismo, el conjunto de la clase dominante ha podido estabilizar temporalmente la crisis del sistema de dominación, modificando ostensiblemente la forma del régimen burgués para desplazar la correlación de fuerzas a su favor y generar las condiciones para una ofensiva final.


Tras 15 años de “revolución bolivariana” el Estado burgués y la propiedad privada capitalista se mantienen intactos. Cerca del 80% de los trabajadores son explotados por capitalistas particulares, mientras que el otro 20% por la burocracia estatal capitalista. Así se entiende que sólo el 2013 hubiera más de cuatro mil protestas en Venezuela –por lo bajo- correspondiendo casi la mitad de ellas a luchas del movimiento obrero. Lo que ha sido aplaudido unánimemente por el reformismo como medidas “socialistas” no han sido más que  estatizaciones burguesas y la multiplicación de la demagogia clientelista sobre la base de la renta petrolera. Lo que ha sido reivindicado como modelo de “política revolucionaria” es el esfuerzo chavista por subordinar el movimiento obrero a los intereses de la burguesía y su Estado. Estos mismos días el gobierno bolivariano ha comenzado a aplicar una “revolucionaria” devaluación de la moneda a beneficio exclusivo de la clase capitalista, precarizando aún más las condiciones de vida de las masas. No debiera extrañar, por lo tanto, que Maduro  apoye fraternalmente a otros gobiernos patronales. Tal ha sido el caso de su celebración  ante el triunfo de Bachelet, líder de la Nueva Mayoría burguesa en Chile: “América del Sur está de fiesta” dijo muy entusiasmado.

Hoy, en consecuencia, no presenciamos más que los efectos políticos, económicos e ideológicos del proyecto de conciliación de clases chavista: del disciplinamiento impuesto al movimiento obrero y de masas a través de mediaciones político-estatales y una política económica que, en base a la renta petrolera, ha neutralizado a los diversos sectores del movimiento de masas sin acabar con las bases de la explotación capitalista; del fortalecimiento, de cara a las masas, de la superestructura política burguesa y del aparato de Estado; de la estabilización de la acumulación capitalista que ha permitido el fortalecimiento de la gran burguesía venezolana, etc. Así, la situación política actual se caracteriza por la apertura de un nuevo ciclo de agudización de los antagonismos de clase, de extensión social de los enfrentamientos y descomposición de las condiciones pre-revolucionarias del periodo, que expresan, esta vez, el declive del proyecto de conciliación de clases chavista. El capitalismo venezolano, que hoy se sostiene justamente gracias al tutelaje y disciplinamiento que ejerce el chavismo sobre las masas obreras, garantizando la inviolabilidad del Estado burgués y la propiedad privada capitalista, perfila nuevas salidas que le permitan resolver la crisis del sistema de dominación.

2.- De tanto solazarse con las utopías reaccionarias del nacionalismo burgués, una vez más la izquierda reformista latinoamericana ha hecho vibrar las cuerdas del colaboracionismo de clases y ha entonado cantos al “proceso revolucionario bolivariano” y gritos contra la “sediciosa intentona golpista” y la violencia política. Obviamente, propagar la confusión entre las masas proletarias sobre la significación política de clase de las jornadas de Febrero en Venezuela, es la única forma posible para arrastrar a las masas a las posiciones del defensismo burgués. Porque la confusión entre una asonada callejera pequeño-burguesa con rasgos fascistoides y un golpe de Estado es sencillamente una “perla”, que esconde no sólo la ausencia de un análisis de la correlación de clases y la particularidad del momento político en Venezuela, sino también el abandono de una estrategia de poder y del programa de la revolución proletaria.

Las jornadas de febrero representan el intento de una fracción política de la burguesía y un sector del imperialismo para dar carácter y expresión de masas a su estrategia de enfrentamiento, consistente en volcar a las calles a sectores enardecidos de la pequeña burguesía y a sectores del movimiento de masas golpeados en sus intereses y condiciones materiales por la política económica del chavismo, con la perspectiva de aplastar con métodos de guerra civil al movimiento obrero y de masas, y dar una salida no institucional a la crisis del sistema de dominación y de la clase dominante en Venezuela. Sin embargo, los acontecimientos también demuestran que las masas obreras y populares se encuentran inmovilizadas por la tenaza del nacionalismo burgués, del chavismo. Se han señalado como tareas del momento la defensa de un gobierno “democrático”, “legítimamente electo por el pueblo”, representante de su voluntad e intereses, encarnación de una fase históricamente necesaria de transición al socialismo “del siglo XXI”, etc. Con todo este veneno ideológico del defensismo burgués, que recuerda a la “táctica” contrarrevolucionaria de la UP (cuya expresión superior fue la consigna del PC “¡No a la guerra civil!”), se desmoviliza, se desarma al proletariado, se liquidan sus fuerzas revolucionarias, se descabeza a su vanguardia social y política.

Por ello, de levantar cabeza el golpismo en Venezuela como expresión de esta estrategia de enfrentamiento, será deber de todo revolucionario y trabajador aplastarlo sin  contemplaciones. De ello dependerá la sobrevida inmediata de las organizaciones obreras y de masas. Pero, al mismo tiempo, ninguna amenaza golpista hará que les brindemos el más mínimo apoyo al chavismo, próceres bolivarianos de la explotación capitalista. Caracterizamos abiertamente tanto al gobierno chavista como a la MUD como contrarrevolucionarios, enemigos del proletariado y su emancipación social.

No debe haber lugar a engaños: en Venezuela no hay un “proceso socialista” en curso. Un periodo de transición al socialismo sólo puede abrirse una vez que el proletariado insurrecto destruya el Estado capitalista e instaure su propio poder, liquidando la reacción burguesa y luchando codo a codo con el resto de las fuerzas obreras y populares para extenderlo a nivel mundial. Esta es la única vía para ponerle fin las relaciones sociales capitalistas y a toda sociedad de clases. Sólo así es que podremos avanzar hacia una sociedad comunista, en que la propiedad de los medios de producción sea colectiva y el libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos.

3.- Pero, desde el punto de vista de las perspectivas de la lucha de los explotados, los hechos de febrero demuestran que la burguesía venezolana y el imperialismo no pueden, todavía, desatar una ofensiva final sobre el movimiento obrero y de masas. Pero, la tenaza chavista, la oposición “institucional” y la fracción fascistoide, constituyen tres herramientas con las cuales la burguesía seguramente terminará por aplastar al proletariado y las masas, sino se desarrolla una política revolucionaria, capaz de arrancar a la masas proletarias del veneno defensista, del nacionalismo burgués y de su vasto aparato administrativo, represivo, político e ideológico de Estado. Un golpe de Estado, bajo un gobierno burgués, no amenaza a las masas con la pérdida de “su gobierno”, de su “proyecto histórico”, sino que amenaza su propia existencia como fuerza social. Y no existe otro camino para multiplicar las fuerzas del proletariado que el combate contra sus enemigos de clase. Por eso, el defensismo que promueve el reformismo burgués y pequeño-burgués y la línea de avance de las fuerzas revolucionarias, son dos tácticas antagónicas.

Por ello, consideramos que como consecuentes internacionalistas y revolucionarios es nuestro deber señalar que la táctica revolucionaria que el proletariado y las masas explotadas debieran desarrollar frente a la actual situación política en Venezuela, consiste en preparar las condiciones para una contraofensiva revolucionaria y de masas, capaz de convertir la fuerza del movimiento obrero y de masas en poder revolucionario.

En primer lugar, la única forma de enfrentar a los sectores fascistoides de la burguesía y de neutralizar a los sectores de la pequeña-burguesía y de las masas arrastrados por ella, es impulsar una política de frente único de masas, de reagrupamiento de fuerzas políticas y sociales y de consolidación de posiciones de independencia política de clase en las organizaciones de masas.

No es para defender un gobierno burgués que el movimiento de masas debe reagruparse, sino para concretar niveles de centralización de fuerzas y de unidad que les permitan profundizar su enfrentamiento contra la burguesía.

Nos para ganar la “guerra económica” que los explotados deber cohesionar sus filas y armarse, sino para dar conducción y unidad a su lucha reivindicativa y política contra el capital y la burguesía, construyendo organismos de poder de masas, antagónicos al Estado burgués, como el instrumento fundamental del poder proletario.

No es para defender la “constitución bolivariana” y sus “ministerios del poder popular” que el proletariado debe conducir este proceso de reagrupamiento de fuerzas, sino para volcarlas contra el Estado burgués existente, para desarrollar la fuerza política y militar que le permita destruir el aparato represivo, a las FFAA “bolivarianas” y sus aparatos de inteligencia.

El proletariado y las masas venezolanas deben proponerse golpear al conjunto de la burguesía, a la totalidad de sus enemigos de clase, hasta acabar con la propiedad privada de los medios de producción social, expropiar a los capitalistas y destruir el Estado burgués. Para ello, hoy, frente a la actual coyuntura deben recomponer sus fuerzas, las mismas que el chavismo se ha encargado de debilitar, someter, disciplinar y desarmar. Estas fuerzas debe volcarlas inmediatamente contra los grupos fascistoides, dentro y fuera del aparato de Estado. En este proceso, es necesario un llamado a la unidad de las bases proletarias, a un frente único de masas, que permita la unidad de todas las fuerzas, con la finalidad doble de configurar la alianza social revolucionaria y combatir al reformismo, el veneno del defensismo burgués y las ilusiones en la legalidad burguesa y la vía pacífica al socialismo. Sólo así el proletariado revolucionario podrá abrir un camino independiente al chavismo, debilitar su base social de apoyo, ganar a los sectores del pueblo que siguen encandilados por las piruetas del nacionalismo burgués a una política revolucionaria, y desatar un conjunto de ofensivas tácticas contra sus enemigos de clase.

Desde ya les advertimos a los profesionales del oportunismo que las acusaciones de “hacerle el juego a la reacción” son propias de organizaciones que han hecho del  colaboracionismo de clases y la tesis del “mal menor”  el fundamento de su política. De este modo le han  propinado derrota tras derrota al movimiento obrero a lo largo de su historia, sacrificándolo en ofrenda  a los intereses de tal o cual fracción política burguesa. Disfrazados de “socialistas”, son el mayor obstáculo para el surgimiento de una alternativa proletaria verdaderamente revolucionaria y como tal deben ser desenmascarados.

La distancia geográfica no nos impide plantear lo que consideramos una política correcta. Ni la dirección chavista ni la MUD son una alternativa para el proletariado. Bajo distinto disfraz, ambos son los custodios del capital y su Estado. Quienes nos reivindicamos revolucionarios debemos luchar por la independencia política del movimiento obrero venezolano barriendo definitivamente con ambas lacras. Los ojos, finalmente, deben estar  puestos en preparar las premisas políticas para un enfrentamiento definitivo, militar, con la burguesía, sus representantes políticos y su Estado. Negar la necesidad de estos objetivos es precisamente darle la mano a la burguesía.

PROLETARIADO, COMPAÑEROS/AS VENEZOLANOS:

¡A REAGRUPAR LAS FUERZAS PARA GOLPEAR A LA BURGUESÍA!

¡A LUCHAR CONTRA EL DEFENSISMO Y EL NACIONALISMO BURGUÉS!

¡A CONVERTIR LA FUERZA EN PODER REVOLUCIONARIO!



Corriente Estudiantil Revolucionaria

Chile.

Marzo, 2014


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