sábado, 22 de febrero de 2014

Una contradicción llamada Juancho Montoya

Curare

Para quienes tenemos años conviviendo con este proceso de dominación bautizado por el Teniente Coronel de Sabaneta como “socialismo del siglo XXI”, el nombre de Juan Montoya, no es nada nuevo. “Caimán” o “Juancho” como le decían sus afectos, es una de las figuras modulares de los grupos armados que coexisten en el 23 de Enero, fogueado en las luchas populares de finales del siglo pasado de esa populosa parroquia fue una de las victimas fatales del pasado 13 de febrero, cuando un grupo de venezolanos protesto frente a la fiscalía de Venezuela, abriendo paso a una jornada de violencia que todavía afrontamos.

Juancho, era miembro de una multiplicidad de colectivos y grupos armados, entre ellos el más celebre es el otrora Movimiento Revolucionario de Liberación Carapaica (MRL-Carapaica) que alcanzo notoriedad en agosto de 2002 cuando irrumpió en la palestra publica cuando ametrallo la infame “ballena” y “rinoceronte” de la antigua Policía Metropolitana, durante la exoneración de los militares de alto rango que participaron en el golpe de estado de ese año.

Bajo el nombre de guerra de “comandante murachi”, este “radical del chavismo” en el 2010 junto a su grupo armado y encapuchado aprovecho las cámaras de Caracol Noticias de Colombia, para hacer una declaración publica ante los medios donde pedían a gritos al gobierno del difunto Hugo Chávez, que rectificara el camino que estaba tomando la “revolución” por los graves vicios de corrupción y de derroche entre las altas esferas del proceso.


Sus críticas fueron objeto de múltiples críticas y de rabiosos comentarios por parte del hoy, bajo perfil, Mario Silva, el cual los acusaba sin son ni compón en su programa de televisión, de ser  un agente de la CIA al servicio de la Burguesía imperialista.

Pero este impasse con el poder de Miraflores, no fue el primero, en febrero de 2008, una bomba estallaba en la sede de la patronal FEDECAMARAS, dejando muerto a Héctor Amado Serrano Abreu, un habitante del 23 de enero que formaba parte del Frente Guerrillero Venceremos, que desde hace algunos meses atrás se había dedicado a poner niples en diferentes zonas y delegaciones eclesiásticas en Caracas, atacando a sectores de la oposición pero también a factores del chavismo.

Las pesquisas arrojaron que su acompañante era Juancho Montoya, el cual se dio a la fuga al escuchar la detonación y rápidamente se procedió a su detención, lo que arrojo un escándalo dentro de los colectivos armados del 23 de enero y una campaña por su liberación que encabezo la mismísima Lina Ron, así como un “paro armado” en la zona para exigir su liberación.

Sin embargo, Juancho siempre fue una persona contradictoria en vida, el y Serrano Abreu estaba en la nómina y cobraba por la Alcaldía Mayor de Caracas, tenía una credencial con rango de inspector de la PM, poseían chapas policiales, radio transmisores y motocicletas XT.

Esa contradicción parece haber alcanzado su clímax, el pasado 13 de febrero, cuando cae muerto de bala en la Candelaria, cuando un grupo de escoltas, agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y pistoleros cuando hicieron frente a una manifestación de jóvenes opositores al gobierno. Nadie se explica que hacia Juancho en una movilización opositora… ¿cambio de bando?, ¿estaba infiltrado?...las respuestas solo las sabe él.


A diferencia de otros caídos del campo bolivariano como Danilo Anderson o Lina Ron, nadie menciona hoy el nombre de “Juancho”, ni le dedican canciones, ni hay murales y ningún ministerio pago grandes obituarios por su muerte. Fue enterrado como uno mas, dejando tras de si una historia de paradojas y enigmas sin responder.

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