sábado, 22 de febrero de 2014

Contra la violencia en Venezuela: sobre el manifiesto de intelectuales pro-maduristas


* Comentario al “Comunicado contra la violencia fascista en Venezuela” de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad



Mariana





Una chispa puede encender una pradera,

si la pradera reúne las condiciones para encenderse

Mao Zedong



Cuando uno lee el Comunicado y mira las firmas que lo apoyan lo que siente es una mezcla de intriga, pena y vergüenza ajena. Entre los firmantes hay personajes de diversa catadura, muchos de ellos conocidos desde ha mucho como plumas vendidas al poder, buscadores de favores, gobierneros, oportunistas. Pero también algunos con los que uno puede discrepar pero de obra y trayectoria respetable y se pregunta ¿Por qué se prestan a esta campaña barata, con propaganda de baja estofa? Si se pertenece al grupo de los intelectuales o se es integrante de movimientos sociales no se puede ser ingenuo, andar creyendo en pajaritos preñados o alegar que no sabía lo que firmaba. ¿Habrán sido consultados?

Comenzando, la primera línea anuncia la calificación a los opositores de fascismo de derecha. Esto está bien porque, al menos tácitamente, reconocen que hay también un fascismo de izquierda, como denunciara Habermas en los años 60, y del que el gobierno chavomadurista es el mejor ejemplo, de lo que hasta Madonna denuncia en sus tuits. No sé si los firmantes lo saben o se ocuparon de averiguarlo.[1] Pero esto es tácito, no está aclarado qué es el fascismo, ni el de derecha ni el de izquierda.

En consecuencia calificar sin más de fascista a alguien, sin dar ni una mínima pista de qué se pretende decir, aparece como una clara connotación propagandística que apunta no sólo a desprestigiar al contrincante sino a abrir una brecha en la oposición entre los oficialistas y buenos, como Capriles que esperan el tiempo de Dios, y los que han decidido protestar, violentos y salvajes como los estudiantes, las amas de casa, los jubilados o los de López, aunque sólo menciona a los de López. Y los de López no eran tantos. Es claro que la apelación forma parte de una campaña de propaganda promovida por el Presidente Maduro y para ello basta recoger algunos datos.


Antes de febrero Maduro en sus tuits había usado la palabra fascista en dos oportunidades, el 3/11/13 y el 12/12/13 pero, luego de calificar de fascista el repudio que sufrió en Margarita el equipo cubano de beisbol en la serie del Caribe, la ha usado en sus tuits 13 veces durante el resto del mes. Si a esto le sumamos las innumerables veces que la utiliza en sus frecuentes alocuciones  queda claro que se trata de una estrategia para imponerle al término un carácter peyorativo vacío de contenido. Cabe sospechar que la campaña fue generada, o estimulada, por el gobierno cubano resentido por la afrenta dada la influencia que tiene sobre Maduro, quien ha sido por 30 años un miembro del aparatchik cubano.

Decimos esto porque nadie del gobierno ha mostrado cuáles son las condiciones que ha de reunir alguien para ser calificado como fascista, (excepto que se oponga al gobierno) y mucho menos que el destinatario de la calificación, en este caso Voluntad Popular y/o Leopoldo López, reúnan las condiciones para ser fascista (Capriles antes también era fascista). De hecho, pocos son los que pueden exponer las posiciones teóricas de Voluntad Popular que vayan más allá de vaguedades dichas en una tarima para poderlo calificar económica o políticamente de algo. Esto lo han repetido Chávez y Maduro hasta la saciedad. Lo que ha hecho más notable a Voluntad Popular, aparte de dirigir algunas alcaldías, es optar por la protesta en lugar de pasar años invocando el diálogo imposible. En particular esta protesta que lo puso en el mapa venezolano y del mundo. Pareciera entonces que los intelectuales firmantes de la carta coinciden con el gobierno en que protestar contra Maduro resume los cientos de sesudos tratado sobre el fascismo. Casi lo mismo que, cuando todo el que protestaba contra el sangriento régimen de Videla en Argentina o Pinochet en Chile, eran comunistas.

Inmediatamente después aparece el plan conspirativo. En los 15 años de chavomadurismo que llevamos, la apelación a conspiraciones que nunca se prueban llega a niveles ridículos. Chávez vivió denunciando supuestos magnicidios y planes golpistas (más de 30, casi 3 por año desde el primero) sin ningún sustento, ni pruebas, ni acusados, ni presos, puro blablabla, y Maduro lo sigue en esto. En 10 meses ya ha denunciado 4 y hasta las telenovelas han pasado a ser desestabilizadoras y amenazas a la paz. Que continuemos en lo mismo simplemente anuncia que nada firme sustenta este supuesto discurso contra la violencia sino que es la misma agotada propaganda. Una chispa no enciende la pradera si no hay condiciones previas que lo permitan dice Mao y, como nadie duda de que las haya, Venezuela se encendió sin que hicieran falta muchas conspiraciones. Si luego de recibir más de 1 millón de millones de dólares, el chavismo no puede poner regularmente productos tan básicos como harina de maíz precocida o papel tualé en las estanterías del mercado lo menos que puede esperarse es que la gente proteste.

La melodramática apelación a la situación del gobernador del Táchira (como diría el manual para iniciarse en la retórica, no dejar de usar hijo y niño), ciertamente lamentable, es consecuencia del chavismo o, como decía el poeta, el mismo Vielma es culpable de lo que acusa. El ataque a familiares de políticos (hijos y niños) lo llevó Chávez a niveles nunca vistos desde las guerras federales en su golpe del 4F, que el militar Vielma Mora apoyó, con el terrible asalto a la familia del presidente Pérez en La Casona (residencia del presidente). Como, pese a los años reclamando castigo a los culpables, el gobierno nada hizo sino que, por el contrario, los defendió y justificó, sembró un modelo de conducta y aquellos polvos trajeron estos lodos. Racionalmente no se justifica pero los modos de la convivencia se aprenden. Cuando se instala la violencia, la revancha y el resentimiento como lo dominante, cuando se impone la fe ciega en un líder de esta calaña como condición de vida, a quienes han nacido y se han criado en el enaltecimiento de estos valores les resulta difícil controlarse.

La vaga referencia a una similitud con Ucrania vale la pena atenderla por un momento porque ciertamente tiene puntos de contacto y diferencias. Sin duda que tanto Ucrania, país de grandes recursos naturales, como Venezuela sufren la fuerte injerencia de países vecinos con afán de dominio. En Ucrania, Putin no oculta su deseo de recomponer algo así como la vieja Unión Soviética pero bajo su control personal, tratando de confrontar el irracionalismo oriental a la modernidad occidental y Ucrania es clave en esta movida. Venezuela no tiene a una potencia como Rusia presionando sino a la Cuba de los hermanos Castro que han logrado hacer casi imposible una decisión autónoma de Venezuela, en cualquier tema, gracias a sus 40.000 “voluntarios” en todos los estamentos de la administración, desde la educación hasta las FF.AA. pasando por el servicio exterior o la medicina, que conforman una verdadera fuerza de ocupación. Y no es gratuito, porque la supervivencia del régimen cubano depende de la enorme porción de riqueza petrolera venezolana que los mantiene.

Ucrania tiene, a su vez, una división interna derivada de que una parte del país habla ucranio, es prooccidental y busca la reunión con la UE mientras que otra parte habla ruso y sus lazos culturales los tiene con la hoy tierra de Putin prooriental. En Venezuela también existe una polarización, pero no es cultural sino artificial, creada por Chávez, gracias a la arbitraria disposición de la riqueza petrolera y su clientelar distribución. En ambos casos el gobierno con sus errores y corrupción hizo que la pradera estuviera pronta para incendiarse con cualquier chispa. Al menos, en Ucrania el gobierno reconoció lo insostenible de la situación y decidió abrirse a la consulta popular y otros cambios. En Venezuela, con la situación de sumisión de todos los poderes a Maduro, esa alternativa no es fácil, más cuando de los 5 miembros del Consejo Electoral, 4 son afiliados y adherentes al partido de gobierno.[2]

Una palabra para la violencia denunciada. Si algo caracteriza desde su nacimiento al régimen militarista del chavismo es la amenaza verbal, la agresión psicológica y la violencia física. No olvidemos que Chávez inició su vida política amenazando con freír la cabeza de los adecos en aceite (su familia era copeyana y por eso se llamaba Rafael, como su padrino).Cualquier interesado puede averiguar la interminable lista de esta agresividad (despidos de petroleros, lista Tascón, lista Maisanta, asesinatos de sindicalistas, persecuciones políticas y económicas, y tantos otras agresiones) pero, centrado en los acontecimientos recientes, nadie puede negar la existencia de numerosos grupos violentos de mercenarios armados por Chávez para defender su permanencia en el poder. Son una copia renovada de los Tontons Macoutes del ex-presidente de Haití François Duvalier o de los fasci de Mussolini que actúan con la misma violencia e impunidad de público conocimiento. A pesar de que en la red hay decenas de testimonios de su actuación en estos días, me limito a citar un moderado escrito de PROVEA, una prestigiosa ONG que defiende los derechos humanos en Venezuela desde antes que el chavismo llegara al poder, que dice si bien, como hemos registrado en nuestro Informe Anual sobre la situación de los Derechos Humanos, en años anteriores se había registrado su intervención (de grupos paramilitares del oficialismo) para enfrentar protestas de trabajadores del sector salud y de la economía informal, estas actuaciones habían sido puntuales y minoritarias. Hoy, la evidencia de su despliegue en varias ciudades del país y  en diferentes momentos, podría inaugurar una tendencia que sugeriría el despliegue de una política de Estado violatoria a los derechos humanos.[3]

Tal como ha sucedido en dos ocasiones con la actuación de paramilitares en Colombia, la Corte Interamericana de los Derechos Humanos ha establecido que la responsabilidad de las acciones de estos grupos, cualquiera sea su carácter, y más si son oficialistas, recae en el Estado, a menos de que se trate de un Estado forajido y públicamente los promueva, como es el caso venezolano. Cuando una protesta es reprimida por una oligarquía en el poder con la policía, la Guardia Nacional, los cuerpos militares, los fasci de camisas rojas, las milicias armadas y los voluntarios cubanos, todos con licencia para matar, la respuesta de la población, aunque violenta, merece más bien calificarse de defensa propia.

En cuanto al primero de los 4 puntos, no dudo que muchos de los firmantes lamentan las muertes pero se hace difícil, dadas sus múltiples acciones en contrario, aceptar que ése lamento sea el de Maduro. Más cuando su declaración de paz va acompañada con la amenaza de que al Táchira vamos con todo, que nadie supone serán alimentos ni medicinas ni luz sino armas, soldados, paramilitares y represión despiadada. En cuanto a los agentes del imperio, en Venezuela no nos amenaza el imperio sino que sufrimos el dominio de los Hermanos Castro, y esto no es una gratuita especulación puesto que Chávez hasta les ofreció públicamente compartir el gobierno de Cubazuela.

El segundo punto de la declaración pone de manifiesto que el objetivo del rechazo a la violencia no es la violencia en sí sino sostener el régimen instalado por el Comandante Chávez y enfrentar a sus opositores, aunque sea con violencia. Ante esto, los firmantes, (entre quienes hay varios teólogos y filósofos) parecen haber considerado que el asesinato de manifestantes, el terror que se intenta sembrar en todo el país durante las manifestaciones o la violación por soldados de estudiantes con el cañón de un fusil, son actuaciones del gobierno que contribuyen a la paz proclamada por Maduro. Supongo que los cristianos firmantes se han de consolar pensando que Dios acogerá en su seno a los inocentes asesinados por el Estado venezolano para que Maduro siga siendo presidente y que hay que aceptar porque el fin, mantenerse en el poder, justifica los medios.

El reiterado llamado al diálogo en forma pacífica del tercer punto es una mera formula vacía. Todos sabemos, por habérnoslo repetido mil y una veces en los últimos hace 15 años, que para el gobierno de Venezuela no hay opositores sino enemigos, como bien lo pregonaba Carl Schmitt. Chávez repetía constantemente que al enemigo ni un vaso de agua por lo que la disposición del gobierno para el diálogo es diáfana. Ciertamente que al diálogo lo garantiza la constitución, pero en Venezuela hace muchos años que no se gobierna con las constitución, al menos la venezolana. Basta recordar que la entonces Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia Luisa Estela Morales declaró que era absurda la división de poderes, como lo establece la constitución, porque eso debilitaba el mando del presidente, entonces Chávez, hoy Maduro.

El llamado a la solidaridad internacional para impedir que se instale la violencia en Venezuela parece una charada porque es gracias a la solidaridad internacional que se ha instalado la violencia en Venezuela y, con ella, el régimen chavomadurista ha logrado mantenerse en el poder. El Estado venezolano se ha opuesto o no ha cumplido las sanciones por sus violaciones a los derechos humanos que ha sido objeto y se ha retirado de los organismos que protegen al individuo y al ciudadano. Y, sin embargo, en todos los casos Latinoamérica se mantuvo en silencio cómplice. Los venezolanos saben que el apoyo internacional, hasta ahora, ha sido uno de los baluartes de la represión estatal porque gracias a este respaldo de los gobiernos del subcontinente, la violencia es el modo dominante de la política chavista. Nadie cree que vaya a eliminarla si le ha dado tantos beneficios y ha contando con el respaldo internacional.

Para finalizar, esta Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad firmando este tendencioso, vago y contradictorio llamado al cese de la violencia de miles de personas cuyas “armas” son cacerolas o gritos y defendiendo la violencia del gobierno chavomadurista que distribuye paz con tanquetas, bombas, perdigones, balas, soldados, mercenarios, milicias, en total impunidad, me hace recordar la advertencia de Enrico Malatesta: hay quienes por salvar a la humanidad son capaces de matar a todos los seres humanos.


[1] No me voy a extender en teorías sobre el fascismo pero vale la pena atender a lo que resumidamente dice desde Argentina Santiago Siri en https://medium.com/p/a6b2553195c5  y cualquiera puede estimar a quien le aplica.
Desde un punto de vista cristiano, el fascismo parece ser:
1. Lujuria: Supremacía militar. Armamentismo, inteligencia y espionaje.
2. Pereza: Atentar contra la intelectualidad y generar dependencia.
3. Gula: Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”
4. Ira: Un enemigo permanente a quien poder echar todas las culpas.
5. Envidia: Nacionalismo exacerbado y resentimiento con lo extranjero.
6. Avaricia: Corrupción, capitalismo de amigos, elecciones fraudulentas.
7. Soberbia: Control de los medios de comunicación y propaganda.

[2] El derrotado candidato Capriles mantuvo durante meses una campaña denunciado fraude sin lograr que el Consejo Electoral hiciera una revisión a fondo de la votación. Capriles suspendió esta campaña reconociendo a Maduro sin dar ninguna explicación lo que originó que una parte de quienes lo siguieron, como Leopoldo López, María Corina Machado, Diego Arria, le retiraran su apoyo siendo el mismo Capriles el primero en acusarlos de golpistas.
[3] PROVEA, Responsabilidad del Estado y grupos paramilitares, en su Foro por la vida del diario Tal Cual, Caracas, año 14 #3.506 del 15-16/2/2014, p. 6.



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