jueves, 23 de enero de 2014

Quimioterapia: ¿peor el remedio que la enfermedad?


S. Leevitt y S. Dubnner

La mayoría de las personas quieren eludir la muerte cueste lo que cueste. En todo el mundo se gastan al año más de 40 millardos de dólares en medicamentos contra el cáncer. En Estados Unidos constituyen la mayor partida de ventas farmacéuticas, después de los medicamentos para el corazón, y está creciendo al doble de rápido que el resto del mercado. El grueso de este gasto corresponde a la quimioterapia, que se utiliza de diversas maneras y ha resultado efectiva en algunos cánceres, entre ellos la leucemia, el linfoma, la enfermedad de Hodgkin y el cáncer de testículos, sobre todo si estos cánceres se detectan pronto.

Pero en la mayoría de los otros casos, la quimioterapia es notablemente ineficaz. Un estudio exhaustivo de los tratamientos contra el cáncer en Estado Unidos y Australia demostró que la tasa de supervivencia durante cinco años era del 63 %, pero que la quimioterapia apenas contribuía al 2 % de este resultado. Hay una larga lista de cánceres para los que la quimioterapia tiene un efecto discernible nulo, entre ellos el mieloma múltiple, el sarcoma de los tejidos blandos, el melanoma de la piel y los cánceres de páncreas, útero, próstata, vejiga y riñón.


Consideremos el cáncer de pulmón, que es con diferencia el más letal y mata cada año a más de 150.000 personas en Estados Unidos. Un régimen típico de quimioterapia para un cáncer de pulmón en células no pequeñas cuesta más de 40.000 dólares [precios del año 2009], pero por término medio ayuda a prolongar la vida del paciente sólo dos meses. Thomas J. Smith, prestigioso investigador oncológico y clínico de la Universidad de la Commonwealth de Virginia, examinó un nuevo y prometedor tratamiento de quimioterapia para el cáncer de mama con metástasis y descubrió que cada año adicional de vida con salud que se ganara con él costaría 360.000 dólares… si se hubiera podido conseguir esa prórroga. Por desgracia, no se podía: el nuevo tratamiento solo prolongaba la vida de la paciente menos de dos meses.

Los costes de este tipo ejercen una enorme presión sobre todo el sistema de atención sanitaria. Smith señala que los pacientes de cáncer constituyen el 20 % de los casos de Medicare [programa de cobertura de seguridad social administrado por el gobierno de Estados Unidos], pero consumen el 40 % del presupuesto de Medicare para medicamentos.

Algunos oncólogos argumentan que los beneficios de la quimioterapia no se reflejan necesariamente en los datos de mortalidad, y que aunque puede que la quimioterapia no ayude a nueve de cada diez pacientes, puede hacer maravillas en el décimo. Aun así, considerando su coste, su frecuente ineficacia y su toxicidad –en un protocolo, casi el 30 % de los pacientes de cáncer de pulmón abandonaron el tratamiento antes que soportar sus brutales efectos secundarios-, ¿por qué se administra de manera tan habitual la quimioterapia?

Desde luego, el beneficio económico es un factor. Al fin y al cabo, los médicos son seres humanos que responden a los incentivos. Los oncólogos son de los médicos mejor pagados y sus retribuciones suben con más rapidez que las de cualquier otro especialista; y lo normal es que obtengan más de la mitad de sus ingresos vendiendo y administrando medicamentos de quimioterapia. Además, la quimioterapia puede ayudar a los oncólogos a inflar sus estadísticas de supervivencia. Puede que no parezca tan importante proporcionarle a un enfermo terminal de cáncer de pulmón dos meses más de vida, pero a lo mejor al paciente sólo le habían dado cuatro meses de vida. Sobre el papel, puede parecer una hazaña impresionante: el médico ha prolongado en un 50 % la vida que le quedaba al paciente.

Tom Smith no descarta ninguno de estos motivos, pero aporta dos más.

Para los oncólogos, dice, es tentador exagerar – e incluso creer exageradamente en – la eficacia de la quimioterapia. «Si tu lema es “Estamos ganando la guerra contra el cáncer”, eso te proporciona páginas en prensa, donaciones solidarias y dinero del Congreso –dice-. Si tu lema es “El cáncer todavía nos está pateando el culo, pero no tan fuerte como antes”, lo que vendes es algo diferente. La realidad es que, para la mayoría de la gente con tumores sólidos –cerebro, mama, próstata, pulmón-, ya no nos patean el culo tan fuerte, pero tampoco hemos progresado tanto.»

También está el hecho de que los oncólogos son, repitamos, seres humanos que tienen que decirle a otros seres humanos que se están muriendo y que, por desgracia, no se puede hacer gran cosa. «A los médicos como yo les resulta increíblemente difícil decirle a la gente las noticias pésimas –dice Smith- y lo ineficaces que son a veces nuestras medicinas.»

Si esta tarea es tan dura para los médicos, seguro que también lo es para los políticos y ejecutivos de seguros que subvencionan el uso generalizado de la quimioterapia. A pesar de las montañas de evidencia negativa, la quimioterapia parece proporcionar a los pacientes de cáncer su última y mejor esperanza de alimentar lo que Smith llama «el profundo y pertinaz deseo de no morirse». Aun así, es fácil imaginar un momento futuro, tal vez dentro de cincuenta años, en el que todos volvamos la mirada hacia los principales tratamientos contra el cáncer de principios del siglo XXI y digamos: «¡¿Eso les dábamos a nuestros pacientes?!».

Apéndice:

El texto precedente está basado en parte en entrevistas con oncólogos en ejercicio e investigadores de oncología, entre ellos Thomas J. Smith, Max Wicha, Peter D. Eisenberg, Jerome Groopman y varios participantes en «Requisitos para la cura del cáncer», una conferencia extraoficial organizada en 2007 por Arny Glazier y el Instituto de Investigación Van Andel. Véase también Thomas G. Roberts Jr., Thomas J. Lynch Jr., Bruce A. Chabner, «Choosing Chemotherapy for Lung Cancer Based on Cost: Not Yet», Oncologist, 1 de junio de 2002; Scott Ramsey et al., «Economic Analysis of Vinorelbine plus Cisplatin versus Paclitaxel plus Carboplatin for Advanced Non-Small-Cell Lung Cancer», Journal of the National Cancer Institute 94, n° 4 (20 de febrero de 2002); Graeme Morgan, Robyn Wardy y Michael Bartonz, «The Contribution of Cytotoxic Chemotherapy to 5-year Survival in Adult Malignancies», Clinical Oncology 16 (2004); Guy Faguet, The War on Cancer: An Anatomy of Failure, a Blueprint for the Future (Springer Netherlands, 2005); Neal J. Meropol y Kevin A. Schulman, «Cost of Cancer Care: Issues and Implications», Clinical Oncology 25, n° 2 (enero de 2007), y Bruce Hillner y Thomas J. Smith «Efficacy Does Not Necessarily Translate to Cost Effectiveness: A Case Study in the Calenges Associated with 21st Century Cancer Drug Pricing», Journal of Clinical Oncology 27 n° 13 (mayo de 2009).

[Fragmento tomado del libro de ambos autores que se titula Superfreakkonomics.]


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