domingo, 3 de noviembre de 2013

Debate: Las elecciones de diciembre

Leonardo Montes

Este 8 de diciembre tendremos, nuevamente, votaciones en Venezuela. Si bien las coaliciones partidistas han intentando, como en ocasiones pasadas, electoralizar la agenda de preocupaciones de la gente, vigorizando la polarización, la situación del país es diferente a los sufragios anteriores realizados durante el bolivarianismo. ¿La razón? El chavismo basó su legitimidad en representar electoralmente a las mayorías del país. No porque tenían un proyecto mejor que el resto, no porque eran ética y moralmente superiores a sus contendientes, sino porque sencillamente eran más que los demás. Esta racionalidad, tras los resultados del 14 de abril pasado –los peores para el bolivarianismo en toda su historia- ahora representa su principal amenaza.

En la pasada contienda regional, recordemos realizada en el 2008, hubo una participación de 65.4% y una abstención de 35.2%. La coalición oficialista, en total, obtuvo un 54,9% de los votos, es decir, una diferencia de sufragios de 9,8% respecto a la coalición opositora. Aunque en circunstancias normales en Venezuela una elección regional no es comparable con una presidencial, la cita del 8-D se ha convertido, por un extraño consenso entre los contrincantes, en un termómetro de la popularidad del presidente Maduro, quien comenzó su mandato con un “plomo en el ala”, perdiendo 800.000 votos rojos en pocos meses y ganando por un estrecho margen de 1,8%. El oficialismo intenta, bajo el discurso de la resistencia a la supuesta “guerra económica”, cohesionar a sus bases de apoyo para que voten por las candidaturas oficiales y, de paso, revierta la crisis de liderazgo en la que está sumido el primer mandatario. La crisis económica hace muy difícil que Maduro pueda agrandar, a su favor, la brecha con sus opositores. Por ello el que la mantenga, empresa ya de por sí titánica, o que la disminuya –es más, que incluso sea superado por sus contrarios-, aceleraría no sólo su propia caída, sino la implosión del universo bolivariano.


A pesar de este escenario, la situación no es miel sobre hojuelas para los miembros de la MUD, sumergidos en su propia crisis interna y enfrentamientos entre facciones. Su ausencia de credibilidad hace que sea más posible que el chavismo descontento se abstenga que ejerza el voto castigo seleccionado alguna de sus opciones. Sus propias contradicciones hacen que deba enfocarse en no perder a sus propios votantes tradicionales y retroceder cuantitativamente menos que lo que hará el oficialismo.


Después de las elecciones es previsible un escenario de devaluación y aumento de la inflación, desabastecimiento y dependencia del dólar para el funcionamiento de la economía venezolana. El gobierno continuará su alianza con los sectores productivos privados, descargando los costos de la crisis en las espaldas de las mayorías. El 2014 será un año de conflictividad, en donde quienes tenemos referencias políticas diferentes al GPP y la MUD debemos construir una alternativa, en la calle, de verdadero cambio. 

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