Jose Rafael López Padrino
El ministro de Ciencia y Tecnología del régimen del monárquico Maduro ha anunciado que los Premios Nacionales de Ciencia, Tecnología e Innovación se realizarán este año en honor a los 75 años de trayectoria del médico venezolano Jacinto Convit. Dicho anuncio forma parte del homenaje que el régimen le ha brindado al Dr. Convit por sus 100 años de vida, por ser un ejemplo de constancia, de tenacidad, altruismo y conciencia para los venezolanos y por sus grandes aportes a la salud pública en lo que respecta al desarrollo de las vacunas contra de enfermedades como la lepra y la leishmaniasis y más recientemente una vacuna destinada a curar el cáncer de seno, estómago, colón y cerebro. Homenaje que fue rubricado por una carta del impostor de Miraflores en la cual reitera sus esperanzas de que el Dr. Convit sea galardonado con el Premio Nobel de Medicina por sus extraordinarios aportes a la salud mundial.
Sin embargo, los éxitos que se le atribuyen al Dr. Convit responden más a la publicidad irresponsable de algunos, e intereses políticos de otros que a los propios méritos científicos del investigador. De acuerdo a la publicidad oficial unos de lo méritos del Dr. Convit es la vacuna contra la lepra, vacuna la cual nunca demostró su eficacia para prevenir dicha
enfermedad y por ende nunca fue incorporada en los protocolos preventivos patrocinados por la Organización Mundial de le Salud (OMS). Como han informado los voceros de dicho organización lamentablemente todavía quedan muchos años de lepra ya que no existe vacuna alguna para prevenirla y tan solo se dispone del uso de medicamentos de carácter curativo.
Otro de los falaces aportes del Dr. Convit ha sido una supuesta vacuna contra la Leishmaniasis Cutánea Americana. El desastre epidemiológico originado a raíz de la vacunación masiva de menores en diversas zonas del país obligó al Consejo Venezolano de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT) a tomar la decisión de suspender el financiamiento de dicho proyecto de investigación a pesar de las presiones políticas para
evitarlo.
Más recientemente la opinión publica fu sorprendida con el anuncio rimbombante del descubrimiento de una tercera vacuna por parte del Dr. Convit. En esta oportunidad, una autovacuna destinada a curar el cáncer de seno, estómago, colón y cerebro. Tal anuncio llamó la atención ya que el mismo ocurre sin que exista una demostración previa de la eficacia, la
seguridad, y las propiedades farmacocinéticas de dicha vacuna en animales de experimentación.
Todos estos atentados contra la salud pública han implicado una grotesca violación de normas elementales de la Bioética médica que incomprensiblemente han ocurrido ante la actitud complaciente y cómplice de las autoridades sanitarias, no tan solo ahora, sino de los gobiernos adecos y copeyanos del pasado.
Es evidente que la investigación biomédica es un instrumento clave para mejorar la calidad y la expectativa de vida de los ciudadanos. Sin embargo, la misma requiere de una regulación adecuada para poder garantizar el avance del conocimiento y el respeto de los derechos humanos.
Vale acotar que una cosa es el error en la investigación, el cual se admite como algo inevitable, propio del ser humano y que nadie juzga peyorativamente y algo muy distinto es el fraude científico, en el cual se juega deliberadamente con la credulidad del publico. Este último implica intencionalidad para manipular los datos, exagerar ciertos resultados,
ocultar malévolamente otros, y falsificar o inventar pruebas, etc. El Dr. Marcos Talancón, Profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad Autónoma de México, solía definir el fraude en la investigación, como una situación difícil de creer, dura de explicar y dolorosa de reconocer. El grado del perjuicio debido a una investigación fraudulenta depende de su
difusión y del grado de impacto de la misma. Si la investigación fraudulenta no genera mayor impacto, por ende no tendrá mayores repercusiones, pero en caso contrario, las consecuencias son devastadoras, en especial si esta es en el área Biomédica.
La población venezolana se ha transformado en un laboratorio experimental de inescrupulosos de la ciencia que no respetan los principios éticos establecidos en el Código de Nuremberg (1947). Código de ética médica que surgió en respuesta a la experimentación en seres humanos cometidos por los seguidores del régimen del Tercer Reich durante la II Guerra Mundial. Lamentablemente, todas estas grotescas violaciones de los derechos humanos se cometieron y se siguen cometiendo bajo la cínica excusa del "progreso de la ciencia médica".
La ciencia no se fomenta y muchos menos se consolida a base de mentiras y manipulaciones. En el país existen cientos de investigadores cuyos aportes científicos, reconocidos nacional e internacionalmente, lo hacen verdaderos merecedores de tal distinción por parte del ministerio de Ciencia y Tecnología.
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