viernes, 8 de marzo de 2013

Vzla: La usurpacion continuada, ¿Preámbulo para un nuevo zarpazo?


Pablo Hernández Parra

En la Gaceta Oficial que circuló este miércoles 06 de marzo, contiene el primer decreto firmado por Nicolás Maduro como presidente encargado, luego de la falta absoluta del presidente Hugo Chávez (Veasehttp://bit.ly/ZqZ0me)

Este decreto firmado por Maduro como Presidente Encargado es de hecho la legalización de la dictadura, en el sentido de que se coloca al margen de las leyes que ellos mismos dicen defender.

Este acto que se quiere hacer pasar por debajo de la mesa, encubierto con el funeral de Chávez, puede ser el preámbulo para desconocer cualquier convocatoria a elecciones, que según  el artículo 233 de la Constitución establece: “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”.
Como todos sabemos Chávez  nunca asumió el cargo y es evidente que nunca lo hará. Pues bien:

¿Por qué no se encargó de la presidencia Diosdado Cabello, como manda la Constitución?
Es claro que Maduro cuenta con el visto bueno de La Habana, mientras que Diosdado representa el ala anticomunista o derecha endógena -como dicen los chavistas- dentro del ejército y gobierno. El anuncio de la muerte de Chávez, cuya ausencia absoluta era conocida desde diciembre, dada la enfermedad que padecía, y el secretismo de su proceso de evolución clínica dirigido desde La Habana, está ligado a la lucha por el poder entre estas dos fracciones del propio gobierno. El hecho de que Maduro se haya auto nombrado Presidente Encargado,  violando expresamente la Constitución con la anuencia Diosdado y de todo el Legislativo, unido a  toda la parafernalia en torno al entierro de Chávez, que incluye siete días de duelo, con una gigantesca movilización donde no se abandona el discurso electoral, nos hace pensar que la estrategia de conservar el poder por parte del chavismo, por las buena o por las malas, sigue en pleno desarrollo. De esta manera el auto nombramiento de Maduro como Presidente Encargado nos indica  que el dúo Maduro-Diosdado ha llegado por lo menos a un acuerdo provisorio. Recordemos que  el general J.V. Gómez se dio el lujo, más de una vez, de gobernar desde Maracay, teniendo en Caracas a un presidente “encargado”.


No cabe duda que el factor hegemónico del gobierno de Chávez lo representa el ejército, que en este momento lo dirige y controla Diosdado Cabello. Por su lado Maduro, como es sabido, es una imposición de la Habana, desde donde no ha dejado de recibir las directrices para mantener el show de la enfermedad y la muerte de Chávez.

Sin embargo, la estrategia del dúo dinámico, no se circunscribe a un escenario, toda vez que a lo largo de tres meses de campaña pre-electoral mítico-religiosa en la cual la enfermedad de Chávez fue glorificada como una cruzada épica, como “una batalla titánica del comandante presidente aferrado a Cristo”, ahora el chavismo se juega la carta de  Jalisco. El TSJ y la Asamblea Nacional, al igual que el resto de los poderes siguen bajo el control del ejecutivo y el partido militar, por ello no son casuales los reiterados llamamientos de los voceros oficiales a “no desbordar la institucionalidad”. La muerte de Chávez significa una debacle para el chavismo, la camarilla militar y los políticos testaferros, obviamente siguen planteándose la táctica que pusieron en ejecución  el 10 de enero pasado: Lanzar de nuevo la masa chavista a la calle y como “Chávez es el  Pueblo y  el pueblo es Chávez”, y “ambos” ganaron la presidencia el 07 de octubre, no habría necesidad de nuevas elecciones, bastaría una vez más declarar la continuidad administrativa como ya lo hicieron ante la imposibilidad de juramentar a Chávez. De cualquier manera Maduro ya está en funciones de presidente, tal como lo demuestra el decreto de arriba.

Toda la parafernalia alrededor del funeral de Chávez y las movilizaciones post mortem que se prometen para “continuar con el legado y obra del caudillo”, y en especial las movilizaciones militares, incluyendo las tajantes declaraciones  de todos los altos oficiales del ejército, en el sentido de” continuar con la revolución bolivariana”, es la puesta en escena de un nuevo zarpazo por las buenas o por las malas. Prueba de ello son las declaraciones del Ministro de la Defensa, Almirante Diego Molero quien  “aseguró que cumplirán con lo establecido en la Constitución, "llamar a elecciones presidenciales" y la voluntad del comandante Chávez de votar por Nicolás Maduro y "darle en la madre a toda esa gente fascista de este país" .  Esta es la carta bajo la manga del estado venezolano que sigue gozando del apoyo internacional del capital, al cual le han prestado inmensos beneficios: Empresas mixtas, deuda, fuga de capitales e importaciones crecientes.

Es evidente que el capital financiero internacional, a través de sus gigantescos medios de comunicación, y sus gobiernos aliados de América Latina, autodenominados de “izquierda y progresistas”, han concentrado todo su arsenal mediático elevando la figura de Chávez a niveles supremos, con el claro fin de catapultar el triunfo del chavismo en las elecciones, si éstas se realizaran en el lapso previsto por la Constitución. Igualmente evidente y en el mismo sentido es que estamos en presencia del nacimiento de una nueva religión oficial en Venezuela, que en estos 30 días quedará instituida como campaña electoral.

El gobierno norteamericano a través de sus distintos voceros ha elevado llamamientos sobre la necesidad de una “transición pacífica, de elecciones limpias y transparentes y sobre todo respeto y apego a la constitución”. Alguno de sus voceros más reaccionarios, como Roger Noriega alertaron acerca de que, “la comunidad internacional podría finalmente reunir el valor para hablar de evitar un derramamiento de sangre. La solución parece ser bastante sencilla: una sucesión constitucional y nuevas elecciones para elegir a un presidente”.
Por su parte, el gobierno de Maduro ha incorporado nuevamente a la escena el gastado libreto  “antimperialista”  sobre el golpe de estado y la invasión de EEUU. No es un hecho fortuito que pocas horas antes de difundir la noticia de la muerte de Chávez, Maduro anunciara la expulsión de dos agregados militares norteamericanos alegando que conspiraban con militares activos “¡Nuestra Fuerza Armada se respeta!”, gritó exaltado, aunque en ningún momento dio detalles respecto a si hubo detenciones, ni se pronunció acerca de las acciones contra los militares activos venezolanos que estarían en conversaciones con los gringos expulsados.

Que nadie se sorprenda si cae un rayo en la noche serena y Maduro, como heredero del caudillo con el apoyo de Diosdado y del ejército, asciende “legal” e ilegítimamente a la Presidencia  mediante  un decreto de continuidad del mandato,  con el pretexto del golpe de Estado- con provocadores de oficio incluidos-, o de una supuesta invasión yanqui nuevamente desempolvada del arsenal “antimperialista” del chavismo.  Total si por tres meses gobernaron a este país en nombre de un enfermo, al que jamás se le vio, ni oyó, qué les impide ahora asumir abiertamente el poder hasta el 2019.

Algunos crédulos constitucionalistas gritarán: ¡Es ilegal! ¡Violan la Constitución! ¡Invoquemos el 350! A todos ellos les recordamos que “Los problemas constitucionales no son, primariamente problemas de derecho sino de poder; la verdadera Constitución de un país sólo reside en los factores reales y efectivos de poder que en ese país rigen; y las Constituciones escritas no tienen valor ni son duraderas más cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la realidad social” (F. Lasalle. Qué es una Constitución).
La dictadura de una clase en el poder y en el ejercicio del gobierno, no la determina su origen electoral,  ni el hecho de que la asuma un militar, ni siquiera que ponga el acento en la represión y el crimen. Una dictadura es el ejercicio del poder no sometido a ley alguna y sostenido en la punta de las bayonetas. La dictadura de una clase social dominante no está ligada únicamente con ausencia de “garantías legales” o restricciones de algunos derechos.

Una clase ejerce la dictadura -independientemente de la forma política que asuma su gobierno- porque es ella y sólo ella la propietaria de los medios de producción fundamentales, pero sobre todo es la detentadora  del monopolio de la violencia, de los medios de difusión ideológica y de las instituciones forjadas en la lucha de clases a la medida de sus intereses y privilegios. El monopolio de la violencia y ahora de los medios de comunicación y del resto de poderes estadales, es lo que le ha permitido al gobierno de Chavez cambiar las leyes y reglas del juego, arbitrariamente sin estar sometido a ninguna ley o restricción legal. Y eso en cualquier lugar del mundo se llama DICTADURA DE LA CLASE DOMINANTE.

En Venezuela es un hecho comprobado que en la banca, el capital financiero y las compañías petroleras internacionales, se asientan los reales factores de poder que se esconden detrás de los pretendidos bandos en pugna. Si en este país está planteada una transición luego de la muerte de Chávez, hay que dar por descontado que estos factores de poder ya tienen el control de los contrincantes, o dicho de otro modo, son suyos los cien números de la rifa electoral, o de las armas para garantizar su dominio.

Una vez más, los títeres y testaferros de los dueños del país, preparan nuevos espectáculos y “confrontaciones” entre sectores de la población, con el único fin de perpetuarse en el poder y repartirse la Renta Petrolera de acuerdo a los intereses de los sectores que representan.
El panorama no es halagüeño para las mayorías. El espectáculo de la pugna entre gobierno u oposición, no tiene nada que ver con las aspiraciones de los trabajadores, de los estudiantes, asalariados públicos o privados. Estos sectores de la población son utilizados como carne de cañón en las guerras y “revoluciones”, o como mercancía electoral en las clásicas disputas entre los “caimanes del mismo caño”. Los trabajadores nada tienen que ganar en estas contiendas.

La única lucha es la de clase, y la única fuerza capaz de derrocar el orden vigente y su Estado reside en la unión de los trabajadores, de los millones de asalariados públicos y privados, que solo se potenciará en fuerza transformadora si se unen y movilizan cohesionados en torno a un programa que recoja, con claridad y exactitud, sus intereses y reivindicaciones.
¡TRABAJADORES! RECUPEREMOS LA AUTONOMIA DE CLASE EN LAS LUCHAS
ENARBOLEMOS NUESTRO PROGRAMA DE TRANSFORAMACION
MADURO-DIOSDADO JUNTO A CAPRILES Y LA MUD SON LAS DOS CARA DE LA MISMA MONEDA DE DOMINACION DEL CAPITAL.

PABLO HERNANDEZ PARRA,07/03/3013

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