jueves, 28 de marzo de 2013

De cómo Dios despidió a su vicario Ratzinger

Euclides Perdomo

El Presidente del Estado Vaticano y Emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico (Kaiser des Heiligen Römischen Reiches) ha presentado la renuncia ante su Jefe –Dios-. Es seguro que Benedicto XVI (B16) no ha dimitido “en plena libertad” ni ha sido por cuestiones de “falta de fuerzas”. Entonces, ¿por qué habrá sido? Para empezar, veamos los antecedentes.


Presidentes dimisionarios


Clemente I (aprox. 91-101), pudo ser el Tito Flavio Clemente que fue ejecutado en 95 o 96. ¿Encuentra Vd. algún problema en conciliar esta fecha con las de su pontificado? Pues no se preocupe, la historia del cristianismo está plagada de misterios aun mayores.


Ponciano (230-235), pese a que negoció su abdicación a cambio de jugosas pompas terrenales, fue expulsado de Roma. Se enfrentó al primer anti-papa (Hipólito, 217-235) hasta que, harto de trifulcas de campanario, el emperador Maximino deportó a los dos litigantes a las minas de sal de Cerdeña. Allí, ambos se reconciliaron. Poco después, fueron muertos.


Celestino V (1294), alias del fraile Pietro da Morrone. Ascendió al solio pontificio cuando contaba unos 85 años. Su sucesor le deportó al castillo de Monte Fumone y murió en prisión.


Gregorio XII (1406-1415) A cambio de su renuncia consiguió hacerse con las regalías de Porto y de Ancona. Murió tres semanas antes de que fuera elegido su sucesor.




Las evidencias disponibles sobre estos cuatro Presidentes apuntan a que fueron obligados a dejar el solio. Que uno lo hiciera camino de una efímera opulencia y los otros tres de la fría mazmorra, es irrelevante.


B16 entre la edad, el dogma y el dinero


Se barajan tres posibles motivos:

1) Razones geriátricas: “Me faltan fuerzas”. Al ser ésta la excusa oficial, es rotundamente falsa por definición. Como cualquier Presidente, el Papa es sólo el funcionario que coordina un equipo de delegados de las mafias más poderosas. Da igual que piense o que vegete como demuestra la bochornosa decrepitud de todos los anteriores Papas.


2) Motivos doctrinales. La Historia demuestra que la Iglesia jamás ha tenido disputas internas por cuestiones de fe. Las luchas entre las innumerables herejías son el (tenue) disfraz religioso de las luchas entre las mafias vaticanas (alemanas incluidas, léase Lutero y B16). De hecho, incluso su máximo dogma, la divinidad de Jesús alias el Cristo, fue una medida política decidida por el emperador Constantino en el Concilio de Nicea (año 325) por 218 votos a favor y dos en contra. Ahora bien, ¿no era B16 un gigantesco intelectual y un enorme teólogo? Pues en tal caso, la excusa doctrinal hubiera sido la más apropiada. Pero, siendo la propia palabra teología (teos, dios y logos, razón) una contradicción en sí misma, consistente en una caprichosa yuxtaposición de permutaciones con vocablos inestables -gracia, transubstanciación, etc.-, B16 entendió que, para abstracciones, las genuinas del abstracto más concreto -el dinero-.


3) Por el vil metal. La fe mueve millones y la Fe en los millones, mueve millones de millones. Hasta los medios más beatos, juran que el Instituto para las Obras de Religión, el IOR o banco vaticano (33.000 cuentas por un valor de seis mil millones de euros) está en el centro de la renuncia papal. Nunca sabremos si es cierto puesto que el IOR es un ente indescifrable plagado de mafiosos como los finados Marcinkus –arzobispo exiliado en USA tras evaporar 4.000 millones US$-, Michele Sindona –murió envenenado- y Roberto Calvi –ahorcado en 1982 con los bolsillos llenos de ladrillos en el londinense puente de Blackfriars o Frailes Negros-. Según los mismos medios, B16 hizo jefe del IOR a Ettore Gotti Tedeschi, filo-Opus Dei y, desde 1992, representante del español Banco de Santander. ¿Para qué le nombró? Tampoco lo sabremos jamás.


El caso es que, en enero 2012 y dizque por presiones de la Unión Europea, el Banco de Italia bloqueó el uso de tarjetas de crédito dentro del Vaticano -casualmente, el problemilla se resolvió al día siguiente de la espantá pontifica-. A esta minucia se le ha dado una importancia desmesurada. El dato: en 2011, los cinco millones de turistas que visitaron la Santa Sede dejaron cerca de cien millones de euros en su caja, una cantidad despreciable. También se ha pregonado que fue crucial un informe elaborado por los cardenales Herranz, Tomko y De Giorgi. Pero ¿unos pocos millones y un informe pueden decidir el rumbo de un Imperio que controla medio planeta? Ni siquiera pueden decretar la suerte del IOR, por mucho que sea el banco donde guarda su dinero el nuevo jefe de la Cosa Nostra, Matteo Messina Denaro. Seamos más serios: la Mafia no puede arbitrar los designios de la Mafia Madre.


En resumen: por exclusión de otros factores, es obvio que el factor financiero ha obligado a dimitir al Presidente vaticano pero las cantidades que manejamos son tan minúsculas que, por sí solas, no han podido ser determinantes. Dos conclusiones: hay mucha más plata en juego y la verdad no la sabremos jamás.


Propina ad hominem


Ya dijimos que el Papa es sólo el miembro de equipo ganador que sale en la foto; por ello,  centrarse en su persona física es mero divertimento. Siguiendo con la guachafita, podemos aventurar que B16 no quiso correr igual suerte que Albino Luciani, alias Juan Pablo I, envenenado en 1978 al mes de haberse apropiado del solio. Pero también podemos especular que B16 se ha ido despechado por el pésimo cariz que habían adquirido sus fluidos –corporales o políticos- con su mayordomo Paoletto il Corvino y, sobre todo, con su secretario Georg Gänswein, el obispo buenmozísimo. Aunque vemos más probable que el origen de su huida esté en haberse educado como miembro de las Juventudes Hitlerianas. Es decir, criado en el paganismo nazi y en su culto a la belleza, B16 se sintió decrépito, feo, impresentable a los ojos de Odín. En consecuencia, el pastor alemán dijo adiós a las valkirias y ¡bienvenidas! a las monjas de las llagas. B16: en el pecado infantil cargabas la penitencia de tu senectud.



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