lunes, 4 de febrero de 2013

Hugo Chávez: Un anticapitalismo de pega


Esteban Vidal

La salud del teniente coronel Hugo Chávez ha generado mucha expectación durante las últimas semanas debido a su reciente hospitalización a raíz de su grave estado de salud. Estas circunstancias y la incertidumbre por ellas creadas han originado en el ámbito mediático, y particularmente en ambientes “radicales”, un debate acerca del carácter anticapitalista del régimen bolivariano establecido por Chávez en Venezuela. Nada más lejos de la realidad.

A lo largo de la historia, salvo en muy contadas ocasiones, las diferentes revoluciones políticas han tenido como resultado una mayor concentración del poder en manos del Estado, y con ello su reforzamiento y extensión. La revolución inglesa dio lugar a una virulenta dictadura militar bajo el caudillaje de Oliver Cromwell. Lo mismo cabe decir de la revolución francesa que significó la militarización del conjunto de la sociedad hasta el establecimiento del régimen imperialista y militarista de Napoleón. A esta lista también habría que añadir a la revolución rusa que significó un agrandamiento sin precedentes del aparato estatal ruso, y que culminó con un militarismo desenfrenado del que su máximo exponente fue Stalin. En este sentido la revolución bolivariana comandada por Hugo Chávez no ha sido una excepción.

El poder no sólo se ejerce a través de la coacción, también es necesario cierto grado de consentimiento entre la población que facilite su obediencia. Por esta razón el poder se convierte en un aliado de las clases populares en tanto en cuanto logra presentarse como un gran benefactor, pues al asumir un creciente número de funciones con las que provee de cierto grado de utilidad social logra granjearse la adhesión popular. Como consecuencia de esto el poder adquiere una dimensión todavía mayor al basar su legitimidad en la realización del bien del conjunto de la sociedad. De esta forma el Estado es presentado por los intelectuales de servicio como un justiciero que redime al pueblo de sus opresores a los que el discurso izquierdista identifica exclusivamente con el capitalismo de las empresas multinacionales, los bancos y el mercado en general.


Asimismo, el contexto de creciente escasez general contribuye en gran medida a la búsqueda de mayor seguridad, de forma que el Estado, con un uso desproporcionado de la manipulación mediática e ideológica, logra presentarse como el gran protector frente a determinados poderes.

Hoy, en los medios “radicales”, está muy difundida la, por lo demás falsa, idea de que Chávez es anticapitalista en tanto en cuanto es presentado como un redentor de las clases populares de Venezuela, y al mismo tiempo como un opositor al imperialismo estadounidense. Sin embargo, se obvia completamente el hecho de que Chávez es un militar y que como tal es parte integrante de la oligarquía militar mandante en dicho país, la cual acapara los principales recursos naturales de Venezuela como son los  metales preciosos y otros recursos de gran valor  estratégico como el coltán. Juntamente con esto hay que añadir que los ingresos derivados de la venta de petróleo van a parar a un fondo de reserva que Chávez, de manera personal y exclusiva, gestiona a su antojo. Pero la izquierda estatolátrica y su entorno insisten en presentar a Chávez como un justiciero que combate al capitalismo cuando realmente es su principal sostenedor. La revolución bolivariana ha desarrollado un potentísimo capitalismo de Estado producto de las sucesivas nacionalizaciones que el gobierno de Chávez ha efectuado, lo que ha permitido un colosal enriquecimiento de la oligarquía militar que ha devenido así en una plutocracia. Todo esto demuestra que Chávez, lejos de ser un anticapitalista, es el principal promotor del capitalismo en su país.

Pero tampoco hay que olvidar que los militares constituyen por su propia condición una clase capitalista, pues al no ser productores de absolutamente nada son las clases populares las que se ven obligadas a mantenerlos con su trabajo. Los militares, al vivir de las rentas del trabajo ajeno, no se diferencian en nada de cualquier otro parásito capitalista. Esto explica que el ejército disponga de unos inmensos recursos monetarios que se reflejan en unos abultados presupuestos que, gracias a los dividendos obtenidos del comercio de petróleo y metales preciosos, han facilitado el rearme de Venezuela para su transformación en una nueva potencia regional. Bajo el pretexto de una constante amenaza de intervención norteamericana en el país sudamericano Chávez ha utilizado los recursos financieros de los que le ha provisto la venta de recursos naturales para rearmar a su ejército. Al menos así lo demuestra la compra de armas a Rusia por un valor de 11.000 millones de dólares, entre las que destacan sistemas antimisiles S-300, una flota de cazas sujoi SU-35, 100.000 fusiles Kalashnikov AK-103, tanques T-52, blindados BTR-80, lanzaderas múltiples Smerch, misiles antiaéreos ZU-23, helicópteros Mi-35 y Mi-37, 92 tanques T-72, etc.

El denominado socialismo del siglo XXI ha demostrado ser un camelo para justificar el crecimiento y la extensión ilimitada del aparato estatal, el cual ha reordenado las relaciones sociales conforme a las exigencias de rearme militar de la política exterior venezolana. La recuperación y reivindicación de la figura de Simón Bolívar, no olvidemos que también fue un militar, como símbolo del militarismo patriotero ha servido para dotarle al proyecto político encabezado por Chávez de una dimensión y una proyección continental, y por ello imperialista, que ha justificado la expansión del ente estatal.

Asimismo, el socialismo del que Hugo Chávez se ha hecho el principal adalid ha estado acompañado de la estatización de la economía bajo el pretexto de rescatar a los venezolanos del capitalismo, lo que ha provocado una concentración de la riqueza en manos del ente estatal que no tiene parangón en la historia de este país. La parafernalia mediática del propio régimen con los constantes baños de multitudes del gran líder Hugo Chávez, han estado acompañados de la consecuente grandilocuencia del teniente coronel a la hora de vender su proyecto político totalitario con la magnificación de diferentes medidas de carácter populista. De este modo Chávez ha conseguido presentarse como un justiciero al servicio de las clases populares que ha facilitado la adhesión de la sociedad venezolana al régimen bolivariano. El desarrollo de todo un discurso vacío de contenido pero lleno de proclamas contra el capitalismo y el imperialismo ha servido para facilitar la asunción por parte del Estado de un número creciente de funciones, de manera que ha aparecido ante la opinión pública como un gran benefactor cuya legitimidad recaba de la finalidad que se atribuye como realizador del bien común.

Sin embargo, lo más preocupante es comprobar que a nivel mediático hay un interés desmedido en presentar a Chávez como un anticapitalista. Este es el caso de profesores universitarios a sueldo del régimen bolivariano como es Juan Carlos Monedero, mercenario ideológico sin parangón, que no duda en calificar a Chávez y a su régimen como anticapitalistas, y a ensalzar así el militarismo por el simple y mero hecho de llamarse de izquierdas. Todo esto porque, como afirman algunos activistas como Alex Corrons, nada impide que un militar pueda estar contra el capitalismo cuando, tal y como los hechos lo demuestran, el ejército, y por ende el Estado, es el principal sostenedor y promotor del capitalismo al acaparar ingentes recursos monetarios procedentes de las rentas del trabajo de las clases asalariadas para, así, satisfacer sus intereses estratégicos en el ámbito internacional. De este modo se excusa por completo el rampante capitalismo de Estado que se ha instalado en Venezuela, y se justifican al mismo tiempo las nada novedosas uniones cívico-militares que evocan a otras que en su día nos impuso el fascismo patrio.

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